/ sábado 10 de julio de 2021

Luis Gustavo, el viajero de la silla de ruedas

A pesar de su discapacidad, Luis Gustavo ha viajado por casi todo México, incluso por el extranjero

Mazatlán, Sin.- Estar en una silla de ruedas no ha sido un impedimento para Luis Gustavo Macías Hernández; él ha trabajado, ha viajado, se ha superado como persona y ha sabido disfrutar de la vida.

Nació en la Ciudad de México, pero vivió en San Luis Potosí. Desde muy joven empezó en el mundo del comercio ambulante y semifijo, poco después de haber quedado en silla de ruedas, a la edad de 14 años.

"En aquel tiempo, el Ejército te agarraba o simplemente tu mamá te entregaba, te agarraban de la edad de 10 años para arriba, era una manera de enseñarte disciplina. Entré muy joven, hice mi servicio, me interesó, me gustó, recibí una cosa que se llama honor, me gustó la idea de respeto y continúe. Ahí me hice amigo de un Mayor, él me tomó como su escolta, como su guardia personal yo lo andaba cuidando. En este momento pasó algo que no tenía que pasar y quedé en silla de ruedas", recuerda.

Entonces sintió que el mundo se le había acabado; el trato de su familia ya no era igual. Con sus amigos acostumbraba ir a jugar futbol los fines de semana y en su silla de ruedas ahora sólo los miraba pasar con sus informes, lo que lo hizo caer en depresión y también en el alcoholismo.

"Mi mamá, con mucho dolor, tuvo que tomar una decisión y correrme de la casa, porque yo era el del problema. Salí de la casa, sufrí en la calle, después conocí a una persona de Guadalajara muy noble, me empezó a valorar, empecé a trabajar con él, después el vicio siguió. Estaba yo en Guadalajara e iba una familia para Ciudad Juárez, Chihuahua y me dieron raite, estando allá entré una casa del migrante", contó.

Luis Gustavo actualmente tiene 56 años y a los 14 quedó en silla de ruedas. Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

Estando cerca de la frontera se aventuró a cruzar a Estados Unidos, pero fue detenido por la migra.

"Me agarró Migración y me dijeron: '¿qué vienes hacer a Estados Unidos?', les dije: ando en silla de ruedas, me dijeron que aquí con una operación me pueden hacer caminar, a mí no me interesa Estados Unidos, yo en mi México soy feliz. Me echaron la mano, me dieron asilo político, no me dieron los documentos, pero sí tenía la ayuda del gobierno", detalló.

Estando en ese país recibió atención psicológica y la posibilidad de rehabilitarse de su adicción. Cuando su tiempo de asilo se le terminó decidió ir más al norte y conocer Canadá.

"Después me fui a Canadá, un país maravilloso, un país de muchas oportunidades. Trabajé en un banco de comida, me hice trabajador social, apoyaba a los que llegaban de habla hispana, como yo sabía algo de inglés", dijo.

LAS FERIAS

Por cosas del destino, regresó al país de sus amores, donde ha trabajado toda su vida como comerciante, principalmente en ferias.

"Fui 'feriero', te conozco casi todo México por parte de las ferias. Ahí trabajas, ahí duermes, ahí comes, ahí haces todo, es un poquito más difícil, porque de 24 horas trabajas 18", reveló.

De sus años en las ferias guarda muy buenos recuerdos, como las bajas temperaturas y el frío que hacía en Piedras Negras, Coahuila, en Chihuahua o Guanajuato. De las fuertes lluvias en la feria de Durango y cuando anduvo por Monterrey.

Empezó como comerciante en las ferias y hace 12 años se quedó a vivir en el puerto. Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

"Cuando empecé en las ferias vendíamos el granito de arroz, que le poníamos tu nombre y traíamos un botecito dónde lo echamos y tu nombre resaltaba, lo ponías en un collar en el cuello y se vea muy bonito. Yo no sabía leer, ni escribir, pero yo tenía una hoja donde nada más le decía a la gente escríbeme tu nombre y yo lo hacía", rememoró.

A Mazatlán venía cada Carnaval y Semana Santa, pero desde hace 12 años tomó la decisión de quedarse a vivir aquí, pues estar a la altura del mar le hacía bien a su salud.

CARNAVAL Y SEMANA SANTA

"Yo tengo aquí viviendo 12 años, pero a Mazatlán venía a los Carnavales y a Semana Santa, cuando se hacían allá por el Valentino, que se cerraban las calles y que todos andaban ahí bailando, era hermosa esa Semana Santa. Me quedé aquí por mi salud y porque Mazatlán es muy noble, estoy muy agradecido con el municipio", mencionó.

Actualmente tiene su puesto de chacharitas en el malecón, frente a la Carpa Olivera, donde vende juguetes, sandalias, salvavidas y otras curiosidades.

"Tengo varios giros, para Carnaval te vendo la peluca, antifaces y máscaras, para Semana Santa sombreros y lentes, le cambio de giro. Cuando cerraron el Malecón se me terminaron mis ingresos y se me ocurrió que todo mundo ocupaba cubrebocas, pues me puse vender cubrebocas, ahí en la Juárez", señaló.

Luis recuerda una anécdota muy bonita que le pasó cuando llegó al puerto; su silla de ruedas se le había quebrado y un policía, de su bolsillo, le compró otra en mejores condiciones.

"Cuando yo llegué aquí se me quebró mi silla de ruedas y un oficial que estaba todavía en la Academia aquí venía, cuando ya se hizo policía vino y le dije que se me había quebrado la silla y en eso pasó una camioneta con una silla de ruedas arriba, él traía una moto, alcanzó la camioneta y les preguntó que si la ocupaban porque él tenía un amigo que la necesitaba y se la vendieron en 300 pesos, que los sacó de su bolsa y me la regaló, se siente bonito", recordó.

Pese a que Luis siempre está dispuesto a ayudar al prójimo, hay una cosa muy en particular que le molesta: que la gente no tenga conciencia ni respeto por los espacios destinados para las personas con discapacidad.

"Los hermanos debemos preocuparnos por los demás, porque es una manera de hacernos sentir bien a uno mismo. Tal vez tú no puedes cambiar el mundo, pero puedes hacer la diferencia. Soy un ser humano que ha recibido mucha ayuda, mucho apoyo y cuando yo puedo y está en mis posibilidades, o a mi alcance, yo lo hago, pero no porque quiera algo a cambio, sino porque estoy regresando algo de lo que la vida me ha dado", afirmó.

A donde quiera que va lo acompaña su fiel amigo "Blanco". Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

En su andar siempre le acompaña "Blanco" su perrito y fiel compañero, "el jefe" como él le dice. De miércoles a domingo trabaja vendiendo juguetes y novedades en el Malecón; es muy platicador y también muy conocido. Aún en su condición, expresa que es muy feliz y que eso no ha sido un impedimento para realizar muchas cosas, pues hasta manejar sabe. Se considera un aventurero y si la vida se lo permite, seguirá “de viaje en viaje” en su silla de ruedas.





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Mazatlán, Sin.- Estar en una silla de ruedas no ha sido un impedimento para Luis Gustavo Macías Hernández; él ha trabajado, ha viajado, se ha superado como persona y ha sabido disfrutar de la vida.

Nació en la Ciudad de México, pero vivió en San Luis Potosí. Desde muy joven empezó en el mundo del comercio ambulante y semifijo, poco después de haber quedado en silla de ruedas, a la edad de 14 años.

"En aquel tiempo, el Ejército te agarraba o simplemente tu mamá te entregaba, te agarraban de la edad de 10 años para arriba, era una manera de enseñarte disciplina. Entré muy joven, hice mi servicio, me interesó, me gustó, recibí una cosa que se llama honor, me gustó la idea de respeto y continúe. Ahí me hice amigo de un Mayor, él me tomó como su escolta, como su guardia personal yo lo andaba cuidando. En este momento pasó algo que no tenía que pasar y quedé en silla de ruedas", recuerda.

Entonces sintió que el mundo se le había acabado; el trato de su familia ya no era igual. Con sus amigos acostumbraba ir a jugar futbol los fines de semana y en su silla de ruedas ahora sólo los miraba pasar con sus informes, lo que lo hizo caer en depresión y también en el alcoholismo.

"Mi mamá, con mucho dolor, tuvo que tomar una decisión y correrme de la casa, porque yo era el del problema. Salí de la casa, sufrí en la calle, después conocí a una persona de Guadalajara muy noble, me empezó a valorar, empecé a trabajar con él, después el vicio siguió. Estaba yo en Guadalajara e iba una familia para Ciudad Juárez, Chihuahua y me dieron raite, estando allá entré una casa del migrante", contó.

Luis Gustavo actualmente tiene 56 años y a los 14 quedó en silla de ruedas. Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

Estando cerca de la frontera se aventuró a cruzar a Estados Unidos, pero fue detenido por la migra.

"Me agarró Migración y me dijeron: '¿qué vienes hacer a Estados Unidos?', les dije: ando en silla de ruedas, me dijeron que aquí con una operación me pueden hacer caminar, a mí no me interesa Estados Unidos, yo en mi México soy feliz. Me echaron la mano, me dieron asilo político, no me dieron los documentos, pero sí tenía la ayuda del gobierno", detalló.

Estando en ese país recibió atención psicológica y la posibilidad de rehabilitarse de su adicción. Cuando su tiempo de asilo se le terminó decidió ir más al norte y conocer Canadá.

"Después me fui a Canadá, un país maravilloso, un país de muchas oportunidades. Trabajé en un banco de comida, me hice trabajador social, apoyaba a los que llegaban de habla hispana, como yo sabía algo de inglés", dijo.

LAS FERIAS

Por cosas del destino, regresó al país de sus amores, donde ha trabajado toda su vida como comerciante, principalmente en ferias.

"Fui 'feriero', te conozco casi todo México por parte de las ferias. Ahí trabajas, ahí duermes, ahí comes, ahí haces todo, es un poquito más difícil, porque de 24 horas trabajas 18", reveló.

De sus años en las ferias guarda muy buenos recuerdos, como las bajas temperaturas y el frío que hacía en Piedras Negras, Coahuila, en Chihuahua o Guanajuato. De las fuertes lluvias en la feria de Durango y cuando anduvo por Monterrey.

Empezó como comerciante en las ferias y hace 12 años se quedó a vivir en el puerto. Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

"Cuando empecé en las ferias vendíamos el granito de arroz, que le poníamos tu nombre y traíamos un botecito dónde lo echamos y tu nombre resaltaba, lo ponías en un collar en el cuello y se vea muy bonito. Yo no sabía leer, ni escribir, pero yo tenía una hoja donde nada más le decía a la gente escríbeme tu nombre y yo lo hacía", rememoró.

A Mazatlán venía cada Carnaval y Semana Santa, pero desde hace 12 años tomó la decisión de quedarse a vivir aquí, pues estar a la altura del mar le hacía bien a su salud.

CARNAVAL Y SEMANA SANTA

"Yo tengo aquí viviendo 12 años, pero a Mazatlán venía a los Carnavales y a Semana Santa, cuando se hacían allá por el Valentino, que se cerraban las calles y que todos andaban ahí bailando, era hermosa esa Semana Santa. Me quedé aquí por mi salud y porque Mazatlán es muy noble, estoy muy agradecido con el municipio", mencionó.

Actualmente tiene su puesto de chacharitas en el malecón, frente a la Carpa Olivera, donde vende juguetes, sandalias, salvavidas y otras curiosidades.

"Tengo varios giros, para Carnaval te vendo la peluca, antifaces y máscaras, para Semana Santa sombreros y lentes, le cambio de giro. Cuando cerraron el Malecón se me terminaron mis ingresos y se me ocurrió que todo mundo ocupaba cubrebocas, pues me puse vender cubrebocas, ahí en la Juárez", señaló.

Luis recuerda una anécdota muy bonita que le pasó cuando llegó al puerto; su silla de ruedas se le había quebrado y un policía, de su bolsillo, le compró otra en mejores condiciones.

"Cuando yo llegué aquí se me quebró mi silla de ruedas y un oficial que estaba todavía en la Academia aquí venía, cuando ya se hizo policía vino y le dije que se me había quebrado la silla y en eso pasó una camioneta con una silla de ruedas arriba, él traía una moto, alcanzó la camioneta y les preguntó que si la ocupaban porque él tenía un amigo que la necesitaba y se la vendieron en 300 pesos, que los sacó de su bolsa y me la regaló, se siente bonito", recordó.

Pese a que Luis siempre está dispuesto a ayudar al prójimo, hay una cosa muy en particular que le molesta: que la gente no tenga conciencia ni respeto por los espacios destinados para las personas con discapacidad.

"Los hermanos debemos preocuparnos por los demás, porque es una manera de hacernos sentir bien a uno mismo. Tal vez tú no puedes cambiar el mundo, pero puedes hacer la diferencia. Soy un ser humano que ha recibido mucha ayuda, mucho apoyo y cuando yo puedo y está en mis posibilidades, o a mi alcance, yo lo hago, pero no porque quiera algo a cambio, sino porque estoy regresando algo de lo que la vida me ha dado", afirmó.

A donde quiera que va lo acompaña su fiel amigo "Blanco". Foto: Carla González | El Sol de Mazatlán

En su andar siempre le acompaña "Blanco" su perrito y fiel compañero, "el jefe" como él le dice. De miércoles a domingo trabaja vendiendo juguetes y novedades en el Malecón; es muy platicador y también muy conocido. Aún en su condición, expresa que es muy feliz y que eso no ha sido un impedimento para realizar muchas cosas, pues hasta manejar sabe. Se considera un aventurero y si la vida se lo permite, seguirá “de viaje en viaje” en su silla de ruedas.





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