/ sábado 19 de junio de 2021

Leyendas del sur: El “vecino extraño” de Escuinapa

Se cuenta que esta historia sucedió en un pueblo de la zona sur de Escuinapa

Escuinapa, Sin.- Los pueblos del sur de Sinaloa son sitios llenos de historias y leyendas que pudieran ser consideradas como hechos fuera de la realidad. Una de ellas se cuenta en una de las comunidades de la zona sur de Escuinapa.

En el pueblo de Copales, una comunidad en los límites de Escuinapa y Nayarit, se cuenta la historia de quien llamaron un “vecino extraño”.

Alejandro era un señor de la tercera edad que tenía un abarrote o “tienda”, como muchos la conocen. Este señor le surtía la despensa a medio pueblo, ya que el súper mercado más cercano estaba a una hora de distancia. Un día por la madrugada, cuando el señor se dirigía a su tienda para abrir muy temprano se encontró con un señor de buen vestir, llevaba camisa a cuadros cubierta con una chaqueta de cuero, un sombrero que apenas dejaba ver sus ojos.

Aquel señor le dio los buenos días a Don Alejandro, quien temeroso le respondió de igual manera, el extraño señor le pregunto si conocía alguna casa en renta disponible en el pueblo, pero el señor Alejandro con algo de prisa sólo le respondió que no.

El día transcurrió de manera normal, el señor regresó a casa, pero al llegar a la puerta miró cómo aquel extraño sujeto que había visto en la mañana, salió de la casa de su vecina, una señora de aproximadamente 80 años de edad, quien le había rentado un cuarto. A Don Alejandro no le dio mucha confianza y se propuso investigar quién era esa persona.

Un día por la mañana, en la tienda de Don Alejandro apareció aquel misterioso señor haciendo una compra no tan normal como cualquier persona, sólo compro 20 botellas de aceite para cocina, 4 galones de cloro y dos cajas de bicarbonato de sodio.

Y así paso cada día por un par de semanas, hasta que un día apareció de nuevo, pero Don Alejandro necesitaba surtir su tienda y el aceite se había terminado. Al ver que no había aceite, salió con prisa de la tienda, a una hora del pueblo en el súper mercado Alejandro cargaba su camioneta con los artículos faltantes y al ver por encima de su hombro derecho vio la silueta del extraño señor que se acercaba a él cargando tres galones de aceite consigo.

El señor le pidió a Don Alejandro que si le daba un “aventón” al pueblo y él accedió, en el camino Don Alejandro le preguntó para que compraba tanto aceite de cocina, pero el señor sólo sonrió, lo miró fijamente y le dijo no lo entendería.

Al llegar a su casa, Alejandro le dijo que si le ayudaba a meter los galones a su cuarto, pero de inmediato aquel hombre se negó.

Foto: Jesús Lopéz | El Sol de Mazatlán

Las semanas pasaron y todo era normal, pero un día por la mañana aquel extraño señor estaba casi moribundo tirado en la puerta de su casa con la mirada perdida y sus labios secos. Alejandro salió y lo miró, le preguntó qué le pasaba, pero el señor sólo le pedía que le trajera más aceite.

El viejo señor llamó al servicio de emergencias, quienes llegaron muy rápido, le preguntaron que si el señor tenía algún familiar, pero Alejandro le respondió que no sabía, que él sólo era su vecino.

Los paramédicos subieron al extraño señor y le pidieron a Don Alejandro que lo acompañara, transcurrieron cuatro horas en el hospital y las enfermeras corrían de un lado a otro, en sus rostros se reflejaba incertidumbre y confusión. Pasadas seis horas, un doctor salió y le dijo a Don Alejandro que aquel extraño señor había fallecido, pero que eso no era todo, que al momento de querer operarlo, ya que tenía síntomas de un paro respiratorio, se llevaron la sorpresa que no tenía pulmones, tampoco páncreas, estómago, corazón, riñones ni intestinos, sus órganos estaban inundados de aceite para cocina, y su sangre era de color marrón, era algo insólito que jamás habían visto.

Alejandro se quedó inmóvil por unos segundos y salió del hospital, manejó directo a la casa donde aquel señor estaba viviendo, al llegar ahí vio a su vecina sentada en su mecedora con su piel totalmente blanca y sin signos de vida.

De uno de los cuartos salía un olor putrefacto y desagradable, al abrir la puerta Alejandro se llevó la sorpresa de su vida, miró una tina de baño llena de hielo cubierta con sal y bicarbonato de sodio, a un lado una máquina de signos vitales y una máquina de transfusiones de sangre, y muchas pero muchas botellas y galones de aceite vacías.

El lugar olía muy fuerte a aceite de cocina echado a perder, aquella escena era muy aterradora, cuando de repente entran unos señores vestidos de policías argumentando que tenían que limpiar el lugar, a Don Alejandro lo sacaron de la casa y de inmediato en cuestión de minutos aquellos hombres sacaron todo de allí incluyendo a la vecina.

Alejandro regresó a su casa, de donde no salió por varios días, temeroso, preocupado y preguntándose qué había pasado.

Al siguiente día, como a las 3:00 de la madrugada, llegaron dos señores de aspecto foráneo, tocaron la puerta del señor Alejandro, quien salió temeroso, pero al escuchar sus acentos raros y preguntando por aquel señor que había fallecido, le dio mucha curiosidad.

Alejandro les contó lo que había pasado, pensando que eran sus familiares, aquellos hombres se marcharon, pero al momento una luz iluminó el cielo, un fuerte estallido rompió el silencio y todo terminó, el tiempo paso y nadie comentaba nada de lo sucedido.

Alejandro aún no sabe qué fue lo que pasó, en el hospital jamás hubo un reporte de aquel extraño señor, pero por días unas luces desde el cielo iluminaron la casa de la vecina de Alejandro como si buscarán a alguien, y hasta la fecha aquello quedó como un misterio que relatan los nietos de Alejandro, quien falleció en el año de 1999.



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Escuinapa, Sin.- Los pueblos del sur de Sinaloa son sitios llenos de historias y leyendas que pudieran ser consideradas como hechos fuera de la realidad. Una de ellas se cuenta en una de las comunidades de la zona sur de Escuinapa.

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Alejandro era un señor de la tercera edad que tenía un abarrote o “tienda”, como muchos la conocen. Este señor le surtía la despensa a medio pueblo, ya que el súper mercado más cercano estaba a una hora de distancia. Un día por la madrugada, cuando el señor se dirigía a su tienda para abrir muy temprano se encontró con un señor de buen vestir, llevaba camisa a cuadros cubierta con una chaqueta de cuero, un sombrero que apenas dejaba ver sus ojos.

Aquel señor le dio los buenos días a Don Alejandro, quien temeroso le respondió de igual manera, el extraño señor le pregunto si conocía alguna casa en renta disponible en el pueblo, pero el señor Alejandro con algo de prisa sólo le respondió que no.

El día transcurrió de manera normal, el señor regresó a casa, pero al llegar a la puerta miró cómo aquel extraño sujeto que había visto en la mañana, salió de la casa de su vecina, una señora de aproximadamente 80 años de edad, quien le había rentado un cuarto. A Don Alejandro no le dio mucha confianza y se propuso investigar quién era esa persona.

Un día por la mañana, en la tienda de Don Alejandro apareció aquel misterioso señor haciendo una compra no tan normal como cualquier persona, sólo compro 20 botellas de aceite para cocina, 4 galones de cloro y dos cajas de bicarbonato de sodio.

Y así paso cada día por un par de semanas, hasta que un día apareció de nuevo, pero Don Alejandro necesitaba surtir su tienda y el aceite se había terminado. Al ver que no había aceite, salió con prisa de la tienda, a una hora del pueblo en el súper mercado Alejandro cargaba su camioneta con los artículos faltantes y al ver por encima de su hombro derecho vio la silueta del extraño señor que se acercaba a él cargando tres galones de aceite consigo.

El señor le pidió a Don Alejandro que si le daba un “aventón” al pueblo y él accedió, en el camino Don Alejandro le preguntó para que compraba tanto aceite de cocina, pero el señor sólo sonrió, lo miró fijamente y le dijo no lo entendería.

Al llegar a su casa, Alejandro le dijo que si le ayudaba a meter los galones a su cuarto, pero de inmediato aquel hombre se negó.

Foto: Jesús Lopéz | El Sol de Mazatlán

Las semanas pasaron y todo era normal, pero un día por la mañana aquel extraño señor estaba casi moribundo tirado en la puerta de su casa con la mirada perdida y sus labios secos. Alejandro salió y lo miró, le preguntó qué le pasaba, pero el señor sólo le pedía que le trajera más aceite.

El viejo señor llamó al servicio de emergencias, quienes llegaron muy rápido, le preguntaron que si el señor tenía algún familiar, pero Alejandro le respondió que no sabía, que él sólo era su vecino.

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Alejandro se quedó inmóvil por unos segundos y salió del hospital, manejó directo a la casa donde aquel señor estaba viviendo, al llegar ahí vio a su vecina sentada en su mecedora con su piel totalmente blanca y sin signos de vida.

De uno de los cuartos salía un olor putrefacto y desagradable, al abrir la puerta Alejandro se llevó la sorpresa de su vida, miró una tina de baño llena de hielo cubierta con sal y bicarbonato de sodio, a un lado una máquina de signos vitales y una máquina de transfusiones de sangre, y muchas pero muchas botellas y galones de aceite vacías.

El lugar olía muy fuerte a aceite de cocina echado a perder, aquella escena era muy aterradora, cuando de repente entran unos señores vestidos de policías argumentando que tenían que limpiar el lugar, a Don Alejandro lo sacaron de la casa y de inmediato en cuestión de minutos aquellos hombres sacaron todo de allí incluyendo a la vecina.

Alejandro regresó a su casa, de donde no salió por varios días, temeroso, preocupado y preguntándose qué había pasado.

Al siguiente día, como a las 3:00 de la madrugada, llegaron dos señores de aspecto foráneo, tocaron la puerta del señor Alejandro, quien salió temeroso, pero al escuchar sus acentos raros y preguntando por aquel señor que había fallecido, le dio mucha curiosidad.

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