/ sábado 30 de enero de 2021

La vida después del Covid-19: ¿Recuperar la normalidad?

Humberto Saldívar supera el coronavirus tras 18 días de hospitalización y más de 30 días en reposo en su casa

Mazatlán, Sin.- En dos ocasiones, Humberto Saldívar sintió que ya no la contaba en esta vida, pero salió adelante tras 18 días de hospitalización y poco más de un mes de reposo en su casa por causa del Covid-19, que se le complicó porque le dio combinado con dengue y tifoidea.

Tiene una semana de haberse incorporado a su trabajo como eléctrico automotriz, su pequeño taller que se ubica sobre la avenida Río Piaxtla, a dos cuadras del estero del Infiernillo, estuvo cerrado todo ese tiempo que estuvo enfermo y convaleciente, sus clientes llegaron a pensar que había muerto, pues no sabían nada de él ni de su padre, quien le ayuda a sacar las chambas que le caen.

Regresó con pocas fuerzas, pero por necesidad, ya que es el único ingreso fijo de su familia, su esposa y sus dos hijas también se enfermaron de coronavirus, aunque sus pequeñas tuvieron síntomas leves, con malestar de garganta y dolor de cabeza, en tres días lo superaron.

Su esposa perdió el olfato y el gusto por un tiempo, y tuvo dolor intenso de ojos, muchas náuseas y vómito. Les dieron de tratamiento Ivermectina, cefalexina y nebulizaciones, estuvo con los síntomas por seis días.

Todavía cuando camina pendientes, escaleras o tramos largos en su trabajo, Humberto siente agitarse más de la cuenta, y recuerda los momentos en que no alcanzaba el resuello y sentía asfixiarse por la enfermedad, algo de lo que asegura no le desea ni a su peor enemigo o adversario.

“En el hospital se me complicó la cosa, hubo en dos ocasiones en que a mi esposa le dijeron que yo estaba grave, en dos ocasiones sentí que ya no la contaba en esta vida, yo sentía mucha ansiedad, pero trataba que mi mente estuviera ocupada, oraba a Dios pidiendo sanidad, los médicos y enfermeras me decían, contrólese porque eso que usted tiene no es bueno”, comentó.

Foto: Juan Carlos Ramírez │ El Sol de Mazatlán

Después de 18 días de estar internado en el Hospital General “Dr. Martiniano Carvajal” de Mazatlán, lo dieron de alta porque ya no aguantaba los lamentos de los demás pacientes y el ruido de los aparatos que sentía le taladraban los oídos y no lo dejaban dormir.


El médico no me quería dejar salir, pero al ver mi condición y que no podía dormir por el ruido, me dio de alta con la condición de que guardara mucho reposo en casa y que no me despegara del tanque de oxígeno Humberto Saldívar

En su casa pudo dormir mejor, aunque la falta de oxígeno le siguió por varios días y las fuerzas le volvieron poco a poco.

Humberto es uno de los beneficiados del programa institucional Insabi Covid, ya que no cuenta con Seguro Social, y a través de él pudo recibir atención médica sin cobro alguno, a excepción de algunos medicamentos que tuvieron que conseguir por su cuenta.

Y a pesar de este apoyo, su esposa y él tuvieron que gastar alrededor de 10 mil pesos en medicamento y uso de la ambulancia que lo trasladó al hospital, tan solo por este último servicio pagaron 4 mil 500 pesos.

Desde un principio batallaron para conseguir el medicamento en farmacias locales, desde el bromuro de Ipratropio, Salbutamol (Combivent) en inhalador, hasta el inspirómetro que es un ejercitador pulmonar respiratorio que siguió usando en su casa por 30 días.

DE MAL EN PEOR

Humberto recuerda que los síntomas empezaron el domingo 1 de noviembre, el lunes 2 acudió a un médico particular de las farmacias similares, se hizo unos estudios en la mañana y para la tarde se enteró que tenía dengue con fiebre tifoidea, lo pusieron en tratamiento una semana, pero cada día que pasaba se sentía peor.

Como sufre de sinusitis no se enteró si perdió o no el olfato alguna vez, lo que sí tiene presente es que a la semana empezó con mucha tos y falta de oxígeno. La doctora le ordenó una tomografía toráxica, en la que salió con neumonía, por lo que le diagnosticaron probable Covid-19 y le dieron tratamiento para ello.

Y fue hasta el 18 de noviembre que ya no aguantó más y solicitaron el servicio de una ambulancia para que lo llevaran al hospital, donde le hicieron la prueba de Covid-19 y salió positivo. Al principio le dijeron que lo iban a dejar ir a casa con tratamiento, pero cuando se enteraron que tuvo dengue y tifoidea, lo dejaron para observación.

El primer día lo tuvieron aislado, tuvo mucha ansiedad porque no veía a nadie, al segundo lo pasaron con los demás pacientes, en esos dos días no comió alimentos, pero uno de los enfermos le aconsejó hacerlo, ya que el cuerpo lo requería para recuperarse, desde entonces comió lo que le daban.

Ahí estuvo 18 días, el médico lo dio de alta el 5 de diciembre bajo reserva de estarse checando y no dejar el tratamiento y el oxígeno.

“El médico me recomendó aparte del medicamento mucho reposo y que tuviera oxígeno, esa fue la condición para darme de alta, a la semana vino a mi casa para darme un chequeo, me dijo que él se quedó preocupado porque no venía del todo bien, pero no podía dormir y estaba cansado de estar en el hospital”.

La convalecencia en casa no fue nada fácil, pero con la ayuda de su esposa e hijas logró superar la enfermedad.

En su regreso a casa, ya no solicitaron la ambulancia por falta de recursos, sino que su esposa lo trasladó en su camioneta lo más rápido que pudo, por momentos tuvo que pegarse al aire de la unidad, pues no alcanzaba a respirar.

El tanque de oxígeno lo tenían en renta desde que su hermana se contagió de Covid-19, ella no lo ocupó, pero él sí y por varias semanas, antes y después de la hospitalización.

Foto: Archivo │ El Sol de Mazatlán

NUEVA NORMALIDAD

Aunque ya se incorporó a su trabajo, la temporada no es muy buena, pues su fuerte son los meses de verano, cuando crece la demanda del servicio de aires acondicionados en automóviles.

Actualmente los clientes son escasos por la cuesta de enero que amenaza con prolongarse hasta febrero, acude a su taller de lunes a viernes para ganar cuando menos el peso y llevar sustento a su familia, mientras su cuerpo se sigue adaptando a la nueva normalidad.

Te puede interesar: Alfonso encuentra luz en medio de la oscuridad

Sabe que sus defensas están bajas y que tiene que cuidarse más de las enfermedades, como se lo recomendó el médico.

Como todos los pacientes que sobreviven al Covid-19, Humberto siente que volvió a nacer, que Dios le dio una nueva oportunidad de vida para que la valore y sea mejor como persona, lo cual hace cada día que se levanta, abraza a su familia y se despide de ellos para acudir a su trabajo.






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Mazatlán, Sin.- En dos ocasiones, Humberto Saldívar sintió que ya no la contaba en esta vida, pero salió adelante tras 18 días de hospitalización y poco más de un mes de reposo en su casa por causa del Covid-19, que se le complicó porque le dio combinado con dengue y tifoidea.

Tiene una semana de haberse incorporado a su trabajo como eléctrico automotriz, su pequeño taller que se ubica sobre la avenida Río Piaxtla, a dos cuadras del estero del Infiernillo, estuvo cerrado todo ese tiempo que estuvo enfermo y convaleciente, sus clientes llegaron a pensar que había muerto, pues no sabían nada de él ni de su padre, quien le ayuda a sacar las chambas que le caen.

Regresó con pocas fuerzas, pero por necesidad, ya que es el único ingreso fijo de su familia, su esposa y sus dos hijas también se enfermaron de coronavirus, aunque sus pequeñas tuvieron síntomas leves, con malestar de garganta y dolor de cabeza, en tres días lo superaron.

Su esposa perdió el olfato y el gusto por un tiempo, y tuvo dolor intenso de ojos, muchas náuseas y vómito. Les dieron de tratamiento Ivermectina, cefalexina y nebulizaciones, estuvo con los síntomas por seis días.

Todavía cuando camina pendientes, escaleras o tramos largos en su trabajo, Humberto siente agitarse más de la cuenta, y recuerda los momentos en que no alcanzaba el resuello y sentía asfixiarse por la enfermedad, algo de lo que asegura no le desea ni a su peor enemigo o adversario.

“En el hospital se me complicó la cosa, hubo en dos ocasiones en que a mi esposa le dijeron que yo estaba grave, en dos ocasiones sentí que ya no la contaba en esta vida, yo sentía mucha ansiedad, pero trataba que mi mente estuviera ocupada, oraba a Dios pidiendo sanidad, los médicos y enfermeras me decían, contrólese porque eso que usted tiene no es bueno”, comentó.

Foto: Juan Carlos Ramírez │ El Sol de Mazatlán

Después de 18 días de estar internado en el Hospital General “Dr. Martiniano Carvajal” de Mazatlán, lo dieron de alta porque ya no aguantaba los lamentos de los demás pacientes y el ruido de los aparatos que sentía le taladraban los oídos y no lo dejaban dormir.


El médico no me quería dejar salir, pero al ver mi condición y que no podía dormir por el ruido, me dio de alta con la condición de que guardara mucho reposo en casa y que no me despegara del tanque de oxígeno Humberto Saldívar

En su casa pudo dormir mejor, aunque la falta de oxígeno le siguió por varios días y las fuerzas le volvieron poco a poco.

Humberto es uno de los beneficiados del programa institucional Insabi Covid, ya que no cuenta con Seguro Social, y a través de él pudo recibir atención médica sin cobro alguno, a excepción de algunos medicamentos que tuvieron que conseguir por su cuenta.

Y a pesar de este apoyo, su esposa y él tuvieron que gastar alrededor de 10 mil pesos en medicamento y uso de la ambulancia que lo trasladó al hospital, tan solo por este último servicio pagaron 4 mil 500 pesos.

Desde un principio batallaron para conseguir el medicamento en farmacias locales, desde el bromuro de Ipratropio, Salbutamol (Combivent) en inhalador, hasta el inspirómetro que es un ejercitador pulmonar respiratorio que siguió usando en su casa por 30 días.

DE MAL EN PEOR

Humberto recuerda que los síntomas empezaron el domingo 1 de noviembre, el lunes 2 acudió a un médico particular de las farmacias similares, se hizo unos estudios en la mañana y para la tarde se enteró que tenía dengue con fiebre tifoidea, lo pusieron en tratamiento una semana, pero cada día que pasaba se sentía peor.

Como sufre de sinusitis no se enteró si perdió o no el olfato alguna vez, lo que sí tiene presente es que a la semana empezó con mucha tos y falta de oxígeno. La doctora le ordenó una tomografía toráxica, en la que salió con neumonía, por lo que le diagnosticaron probable Covid-19 y le dieron tratamiento para ello.

Y fue hasta el 18 de noviembre que ya no aguantó más y solicitaron el servicio de una ambulancia para que lo llevaran al hospital, donde le hicieron la prueba de Covid-19 y salió positivo. Al principio le dijeron que lo iban a dejar ir a casa con tratamiento, pero cuando se enteraron que tuvo dengue y tifoidea, lo dejaron para observación.

El primer día lo tuvieron aislado, tuvo mucha ansiedad porque no veía a nadie, al segundo lo pasaron con los demás pacientes, en esos dos días no comió alimentos, pero uno de los enfermos le aconsejó hacerlo, ya que el cuerpo lo requería para recuperarse, desde entonces comió lo que le daban.

Ahí estuvo 18 días, el médico lo dio de alta el 5 de diciembre bajo reserva de estarse checando y no dejar el tratamiento y el oxígeno.

“El médico me recomendó aparte del medicamento mucho reposo y que tuviera oxígeno, esa fue la condición para darme de alta, a la semana vino a mi casa para darme un chequeo, me dijo que él se quedó preocupado porque no venía del todo bien, pero no podía dormir y estaba cansado de estar en el hospital”.

La convalecencia en casa no fue nada fácil, pero con la ayuda de su esposa e hijas logró superar la enfermedad.

En su regreso a casa, ya no solicitaron la ambulancia por falta de recursos, sino que su esposa lo trasladó en su camioneta lo más rápido que pudo, por momentos tuvo que pegarse al aire de la unidad, pues no alcanzaba a respirar.

El tanque de oxígeno lo tenían en renta desde que su hermana se contagió de Covid-19, ella no lo ocupó, pero él sí y por varias semanas, antes y después de la hospitalización.

Foto: Archivo │ El Sol de Mazatlán

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