/ sábado 12 de octubre de 2019

La ‘secre’ de Playa Norte que sobrevive a las malas temporadas de la pesca

Desde hace 39 años, María del Rosario Flores limpia, filetea y vende el pescado fresco que llega del mar; ya no tiene buenas ganancias, pero ella sigue al ‘pie del cañón’

Mazatlán, Sin.- Su nombre es María del Rosario Flores, pero todos la conocen como “La Secre” de Playa Norte. Ahí, en ese lugar que es emblemático para los mazatlecos, ella ha estado desde hace 39 años. Todos los días, limpia, filetea y vende el pescado fresco que llega del mar muy temprano, y aunque muchas veces las ganancias no son buenas, lo que salga es bueno. De ahí saca el sustento diario, por lo que tiene que “amarrarse la tripa” cuando es necesario.

Playa Norte se ha convertido en una de las zonas favoritas de Mazatlán, a ciertas horas del día y dependiendo del viento, parece una alberca por lo pacífico de sus aguas. Tan es así, que esta área por las mañanas es sede del Club de Natación, donde se enseña a las personas a nadar en el mar.

En enero de 1980, “La Secre”, por cosas del destino, llegó a Playa Norte. Su hija estaba internada en el desaparecido Hospital General del Paseo Claussen y ella caminó hasta donde están los pescadores y les pidió un poco de hielo. Al ver las lanchas, el mar y todo el movimiento que había, se animó a pedir trabajo y se lo dieron.

Al principio había más mujeres acompañándola, pero luego de algunos años se fueron de la ciudad y ella quedó sola, junto con dos puestos más, y alrededor de 120 pescadores artesanales que ya son parte de su familia.

Desde hace 39 años, se mantiene de la pesca. Foto: Rolando Salazar

Lee Aquí: Baja precio de camarón hasta 40 pesos el kilo

Siempre le ha gustado el mar, pues su papá fue pescador desde los 12 años de edad y siempre ha vivido con ese olor, pero fue a los 19 años cuando empezó a trabajar en el puesto de Vicente Ramírez, y cuando se enfermó, le pasó su espacio para que ella lo trabajara.

“A mí me gusta de corazón este trabajo, antes me iba a ayudarles a pescar, me lastimé la columna y ya no fui, duré como 10 años saliendo a pescar, me lastimé mi columna y traigo desgaste en la rodilla, por eso ya no pude seguir con los compañeros”, dice.

Doña Mary comenta que en esta actividad, hay veces que puedes vender hasta tres mil pesos al día, y otros apenas gana 50 pesos, los tiempos ya no son como antes, ahora son más días malos que buenos, pero de ese trabajo logró sacar adelante a sus hijos.

Expresó que le ha tocado ver muchas cosas, desde fallecidos, ahogados, como cuando se volteó una panga y se ahogó una persona, que anduvieron los compañeros buscándolo hasta que lo encontraron, después salió aquí enfrente un cuerpo flotando.

Reconoce que no ha sido fácil sobrevivir en este ambiente, con puros hombres, “vacila” y les sigue el “rollo” para que todo esté bien, no le faltan el respeto, al contrario, están al pendiente de ella.

“La mayoría de los que trabajan aquí son hijos y nietos de los compañeros, los pescadores de mi época ya todos murieron, sólo quedo yo, así es que tengo muchos nietos”, señala.

Lee también: Se compromete AMLO a que no falte medicamentos en hospitales

En los últimos años, la venta de pescado ya no deja ganancias, sólo da para medio vivir, pero ella no tiene muchas opciones, por lo que se mantiene firme con su puesto.

Mis hijos me dicen que deje de trabajar, pero mientras yo me pueda mover aquí estaré en mi playa. Les digo que cuando me muera me queman y me echan al mar, eso es lo que quiero yo, cuando llueve me hablan para que me vaya a la casa, pero a mí me gusta mucho ver el mar cuando está lloviendo, se pone chinito.

La Secre

Reitera que mientras Dios le dé licencia ahí estará en su playa, a la espera de los clientes en uno de los tres puntos de venta de pescado.

La situación es difícil, las ventas cada vez son menores, por eso tiene que dejar el puntero, porque si se lo gasta ya no tiene con qué seguir trabajando, y aprovechar las rachas de buenas ventas, que son los periodos vacacionales.

Hago mi guardadito y de ahí estamos sacando. Cuando me va bien compro mi despensa, y si no tengo más para comer, me llevo un pescadito y lo frío y me lo como, y si todo el día como eso estoy contenta. Antes sacaba todo el producto, salía mucho y se acababa, hoy sale poquito y no se acaba, hay muchos vendedores en la calle.

La Secre

La mujer, de piel quemada por lo rayos del sol, quien vive sola, tiene cinco hijos, 17 nietos y cuatro bisnietos.

“Ninguno de mi hijos me ayuda, sí me dicen: vente a vivir conmigo, pero yo no quiero estar arrimada, prefiero estar rentando mi casita, porque tuve que vender la que yo había comprado por un problema de salud de mi hija, pero mientras yo tenga salud no necesito nada más".

DATOS

39 años tiene María del Rosario en Playa Norte, donde limpia, filetea y vende pescado.

10 años fue pescadora

3 mil pesos llega a vender en un día cuando hay mucho producto.

120 pescadores artesanales hay en Playa Norte

TEXTUAL

Mis hijos me dicen que deje de trabajar, pero mientras yo me pueda mover aquí estaré en mi playa. Les digo que cuando me muera me queman y me echan al mar, eso es lo que quiero yo.

María del Rosario Flores





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Mazatlán, Sin.- Su nombre es María del Rosario Flores, pero todos la conocen como “La Secre” de Playa Norte. Ahí, en ese lugar que es emblemático para los mazatlecos, ella ha estado desde hace 39 años. Todos los días, limpia, filetea y vende el pescado fresco que llega del mar muy temprano, y aunque muchas veces las ganancias no son buenas, lo que salga es bueno. De ahí saca el sustento diario, por lo que tiene que “amarrarse la tripa” cuando es necesario.

Playa Norte se ha convertido en una de las zonas favoritas de Mazatlán, a ciertas horas del día y dependiendo del viento, parece una alberca por lo pacífico de sus aguas. Tan es así, que esta área por las mañanas es sede del Club de Natación, donde se enseña a las personas a nadar en el mar.

En enero de 1980, “La Secre”, por cosas del destino, llegó a Playa Norte. Su hija estaba internada en el desaparecido Hospital General del Paseo Claussen y ella caminó hasta donde están los pescadores y les pidió un poco de hielo. Al ver las lanchas, el mar y todo el movimiento que había, se animó a pedir trabajo y se lo dieron.

Al principio había más mujeres acompañándola, pero luego de algunos años se fueron de la ciudad y ella quedó sola, junto con dos puestos más, y alrededor de 120 pescadores artesanales que ya son parte de su familia.

Desde hace 39 años, se mantiene de la pesca. Foto: Rolando Salazar

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Siempre le ha gustado el mar, pues su papá fue pescador desde los 12 años de edad y siempre ha vivido con ese olor, pero fue a los 19 años cuando empezó a trabajar en el puesto de Vicente Ramírez, y cuando se enfermó, le pasó su espacio para que ella lo trabajara.

“A mí me gusta de corazón este trabajo, antes me iba a ayudarles a pescar, me lastimé la columna y ya no fui, duré como 10 años saliendo a pescar, me lastimé mi columna y traigo desgaste en la rodilla, por eso ya no pude seguir con los compañeros”, dice.

Doña Mary comenta que en esta actividad, hay veces que puedes vender hasta tres mil pesos al día, y otros apenas gana 50 pesos, los tiempos ya no son como antes, ahora son más días malos que buenos, pero de ese trabajo logró sacar adelante a sus hijos.

Expresó que le ha tocado ver muchas cosas, desde fallecidos, ahogados, como cuando se volteó una panga y se ahogó una persona, que anduvieron los compañeros buscándolo hasta que lo encontraron, después salió aquí enfrente un cuerpo flotando.

Reconoce que no ha sido fácil sobrevivir en este ambiente, con puros hombres, “vacila” y les sigue el “rollo” para que todo esté bien, no le faltan el respeto, al contrario, están al pendiente de ella.

“La mayoría de los que trabajan aquí son hijos y nietos de los compañeros, los pescadores de mi época ya todos murieron, sólo quedo yo, así es que tengo muchos nietos”, señala.

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En los últimos años, la venta de pescado ya no deja ganancias, sólo da para medio vivir, pero ella no tiene muchas opciones, por lo que se mantiene firme con su puesto.

Mis hijos me dicen que deje de trabajar, pero mientras yo me pueda mover aquí estaré en mi playa. Les digo que cuando me muera me queman y me echan al mar, eso es lo que quiero yo, cuando llueve me hablan para que me vaya a la casa, pero a mí me gusta mucho ver el mar cuando está lloviendo, se pone chinito.

La Secre

Reitera que mientras Dios le dé licencia ahí estará en su playa, a la espera de los clientes en uno de los tres puntos de venta de pescado.

La situación es difícil, las ventas cada vez son menores, por eso tiene que dejar el puntero, porque si se lo gasta ya no tiene con qué seguir trabajando, y aprovechar las rachas de buenas ventas, que son los periodos vacacionales.

Hago mi guardadito y de ahí estamos sacando. Cuando me va bien compro mi despensa, y si no tengo más para comer, me llevo un pescadito y lo frío y me lo como, y si todo el día como eso estoy contenta. Antes sacaba todo el producto, salía mucho y se acababa, hoy sale poquito y no se acaba, hay muchos vendedores en la calle.

La Secre

La mujer, de piel quemada por lo rayos del sol, quien vive sola, tiene cinco hijos, 17 nietos y cuatro bisnietos.

“Ninguno de mi hijos me ayuda, sí me dicen: vente a vivir conmigo, pero yo no quiero estar arrimada, prefiero estar rentando mi casita, porque tuve que vender la que yo había comprado por un problema de salud de mi hija, pero mientras yo tenga salud no necesito nada más".

DATOS

39 años tiene María del Rosario en Playa Norte, donde limpia, filetea y vende pescado.

10 años fue pescadora

3 mil pesos llega a vender en un día cuando hay mucho producto.

120 pescadores artesanales hay en Playa Norte

TEXTUAL

Mis hijos me dicen que deje de trabajar, pero mientras yo me pueda mover aquí estaré en mi playa. Les digo que cuando me muera me queman y me echan al mar, eso es lo que quiero yo.

María del Rosario Flores





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