El silencio reina después de un servicio ‘fallido’ en la Cruz Roja

Antonio acudió junto a sus compañeros paramédicos a atender el llamado en una invasión cercana a El Venadillo, jamás se imaginó lo que viviría esa tarde

Scarlett Nordahl/El Sol de Mazatlán

  · sábado 21 de septiembre de 2019

Hace tres años, un servicio “fallido” marcó la vida de Antonio. Fotos: Scarlett Nordahl

Mazatlán, Sin. - La capacitación que se les brinda a los elementos de la Cruz Roja, incluye preparación psicológica para enfrentar cualquier situación que pueda ocurrir al atender un llamado de emergencia. Sin embargo, detrás de cada paramédico hay un ser humano que siente las tragedias ajenas que vive en su trabajo, y se las lleva casa. Hay situaciones que los dejan marcados de por vida, como le ocurrió a Antonio Méndez Mendoza hace aproximadamente tres años.

El ahora coordinador local de capacitación, recuerda que se encontraba un sábado por la tarde cumpliendo con la guardia, a la cual ingresó a las 14:00 horas. Fue alrededor de las 15:50 horas que la radio operadora reportó a un menor inconsciente en una invasión en las proximidades de El Venadillo; enseguida él y sus compañeros se prepararon para atender el llamado, pero desde el inicio pintaba mal, no brindaban una ubicación exacta y tardaron aproximadamente 20 minutos, en dar con el sitio.

Reportaron a un bebé inconsciente en una invasión, ahí por El Venadillo, no recuerdo el nombre de esa invasión, pero nos daban mal la referencia. Primero nos decían que íbamos a entrar por el Venadillo y de ahí hasta San Francisco a la derecha, al final, después de unos 20 minutos, por fin dimos con la invasión, que era entrando por El Venadillo a mano izquierda, hasta el fondo. Había muchas personas ahí afuera, ya estaba la policía.

Méndez Mendoza



El joven, de ahora 28 años de edad, detalló que, al ingresar al hogar de madera y cartón, sobre la mesa, se encontraba el cuerpo de un bebé en estado cianótico, no respiraba y tan sólo tenía 11 meses de edad; de inmediato iniciaron maniobras.

“Sobre una mesita estaba un bebé, un chiquito inconsciente, estaba todo… se dice cianótico, morado completamente, no respiraba. Entonces, como yo estaba a cargo, le dije al equipo que iniciáramos maniobras de RCP, hacia el lactante. Iniciamos maniobras, conforme le dábamos compresiones le salía agua por la boquita y por la nariz, igual secreción y espuma, le salía y le salía, igual su estómago estaba distendido”.

Aseguró que en ese momento su mente se enfocó completamente en mantener al bebé con vida, aferrarse a los pocos signos vitales que presentaba, pero no podía evitar escuchar al fondo los llantos y reclamos de otro menor de siete años, el cual se decía culpable de que su hermano estuviera a punto de morir; continuaron las maniobras, sin conocer lo que estaba detrás de toda esa situación.

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En ese momento no preguntábamos qué había pasado, simplemente lo único que queríamos era dar maniobra y pues, todo lo que queremos es que se quedará con nosotros. Estuvimos de 15 a 20 minutos dando maniobra, soporte vital básico. No dio resultado.

Antonio

Lo perdieron, tuvieron que determinar la muerte del bebé, tras más de 20 minutos de maniobras, fue entonces que aparecieron los padres de familia, quienes forcejearon y entraron a la fuerza al área que la policía ya había acordonado. Ellos le habían dejado encargado al niño a su hijo de siete años, para poder ir a comprar una piñata y festejar del cumpleaños del bebé.

“Llegaron los papás, desesperados, no sabían qué estaba pasando, entraron a la fuerza, porque estaba la policía acordonando el área y vieron a su pequeño. Empezaron con el llanto por su hijo […] Lo único que nos dijeron fue que los papás habían dejado al pequeño de 11 meses y 29 días… al día siguiente era su cumpleaños, iba a cumplir un añito apenas; lo habían dejado encargado con su hijo de siete años, pero jugando el bebé cayó en una cubeta con agua. Hasta que se dieron cuenta fue que hablaron, los papás habían salido a comprar cosas para la fiestecita”.

Antonio nunca olvidará el silencio que reinaba entre él y sus compañeros al interior de la ambulancia, de regreso a la base; hicieron todo lo que pudieron, utilizaron toda su capacidad y el equipamiento necesario, pero no consiguieron su objetivo.

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Después de ese hecho, Antonio enfocó sus estudios y preparación en atención a lactantes, para reforzar sus conocimientos y habilidades.

Siempre aprendemos algo y nos preparamos para algo nuevo, entonces, a partir de ese momento me puse a leer sobre lactantes, sobre bebés, y aprendí muchas cosas nuevas también. Porque siempre trato en general de estar preparado para cualquier ocasión. Esa vez regresamos a la base y no nos dijimos nada, limpiamos el equipo que utilizamos y entramos a una junta. Ese día comí hasta las 10:00 de la noche, porque hubo demasiadas llamadas de emergencia.

Antonio Méndez Mendoza


Ese caso Antonio lo recuerda siempre con cierto dolor, por la situación que envolvía a la familia y el dolor desgarrador que mostraba el hermano mayor, que se sentía culpable de la tragedia que los golpeó por la irresponsabilidad y confianza de los padres, al dejar a dos menores solos sin vigilancia adulta.




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