/ miércoles 1 de julio de 2020

El Estado-Obrador y el Lópezobradorismo

A Marc Fumaroli, por las conferencias-pláticas críticas sobre historia del arte.

“Frente a la lentitud y la inercia de la izquierda tradicional, una izquierda distinta, autogestionaria y dispuesta a renunciar al autoritarismo, surge en las colonias populares, en los grupos ecologistas, en los pequeños sindicatos, en las cooperativas de barrio, en las comunidades eclesiales de base, en las agrupaciones campesinas, en las secciones magisteriales. Aún no se advierte su impulso desde una perspectiva nacional y ciertamente las organizaciones partidarias no son ahora sustituibles, pero esta izquierda diferente hace ver la urgencia de nuevos proyectos nacionales, regionales, locales. Así, paradójicamente, no obstante la debilidad de la imagen pública de la izquierda (evaporado el fantasma de la "subversión comunista"), son muy vigorosos los movimientos populares de izquierda, y la izquierda cultural. El 88 sorprende a todos, precisamente porque se creía anulada o extinguida la izquierda, víctima de su propia avidez de lucha interna, de la eficacia histórica con que prende el anticomunismo, de la rigidez de su dirigencia, de su antiintelectualismo, de la eficacia calumniadora y asimiladora del Estado, y, muy principalmente, de su pérdida de poder de convocatoria y su relegamiento de las causas de la justicia social. Pero dista de ser un espectro, y la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas lo ratifica. El impulso extraviado o sepulto o traspapelado renace en un instante y es muy probable que Cárdenas hubiese ganado las elecciones, aunque también es muy probable que Salinas de Gortari las hubiese perdido. Pero lo cierto es que ya en 1988 la izquierda comunista es un cadáver sin prestigio, y a la causa socialista le quedan pocos meses de vida. Cuauhtémoc Cárdenas dista de ser la izquierda tradicional, es el nacionalismo revolucionario, si se quiere también anacrónico, pero con la fuerza que le infunde la necesidad de participación de millones que simplemente no se acercarían al PCM, al PSUM, al PMS. Luego, tiene lugar el sexenio de Salinas de Gortari.”

(Carlos Monsiváis, "La izquierda mexicana: lo uno y lo diverso", Fractal n° 5, abril-junio, 1997, año 2, volumen II, pp. 11-28.)

Sería una falta de respeto no darle la importancia que Cárdenas tuvo antes, durante y después en el sexenio salinista, principalmente, por el crimen de algunos PRDistas hasta que aparece López Obrador y ha llegado hasta donde está con Morena, movimiento social separado del PRD, donde C. Cárdenas había renunciado por lo que el PRD haría después: corromperse, por el lado de las izquierdas dándole las manos a las derechas, quedando el Líder Moral de la Izquierda en donde está y López Obrador aún no sabe sí es de la izquierda liberal o de la derecha conservadora, cuando es un LópezObradorismo, solo y único, porque Morena, ni como movimiento, ni como partido, juntándose con el rabo verde del ecolojete y el desempleado de los trabajadores.

De manera que la izquierda tradicional con el nacionalismo revolucionario, no es el Lópezobradorismo, y sí es C. Cárdenas que, a través de los sexenios del siglo xxi, ha sido un observador y un crítico de lo correctamente político, mientras el doble Cardenismo –del padre al hijo- como el comunismo y el socialismo son referentes históricos, en lo que el lópezobradorismo, les echó paladas de tierra con el aeropuerto y el tren al hoyo negro profundo en dos bocas, observándole y criticándole C. Cárdenas que no es tiempo para esas obras cuando está la contingencia de la pandemia y la crisis económica, cuando para el lópezobradorismo es la necedad y para el cardenismo era la necesidad.

El proyecto de nación y la transformación social ¿en qué ha derivado para estar a la deriva, en la personalidad contrariada y contradictoria de AMLO, en el acaparar el poder para el lópezobradorismo en marcha sexenal, dejando a Morena a los diputados, senadores y superdelegados en la negociación-repartición congresales, territoriales y distritales como lo han hecho y lo seguirán haciendo con la desmedida voracidad de acaparar y acabalar para 2021-24?

AMLO y Morena son producto de la cultura política, a la mexicana, como lo es el Lópezobradorismo, más de la derecha que de la izquierda, lo poco o lo menos que fue el PRD sin Cárdenas y sin López Obrador, quedando para l@s chuch@s las ricas piltrafas del Pacto por México.

La pleitesía hacia AMLO son los que están con el lópezobradorismo y los que están con Morena en el pleito entre ellos, haber-a ver cómo violan la integridad-equidad de género con Yeidckol, por los inmuebles o los dineros, Pedro Miguel y El Fisgón porque no lo tienen, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal porque les sobra, dándose lo chairo y lo fifí como cualquier hijo de La Chingada.

Los hombres y las mujeres humanistas de dimensión social de AMLO-Morena como la estructura ausente, ausentes, nomás mostrando de qué están hechos en el gabinete como el cerco viejo de Bartlett y la malla ciclónica de Ackerman en Morena, y por las afueras los empresariales asesores-atesoradores, Mr. Carso-Slim y Salinas Pliego.

Los ismos con los apellidos como el lópezobradorismo es la corriente de lo que fue el tsunami con 30 millones de electores, votantes y boyantes, del proceso electoral a un proceso de transformación con una estructura ausente, en lo que el presidente AMLO les está dando cobertura en una política social que solamente tiene alcance para lo inmediato y lo urgente, y no tanto para lo que ha estado emergiendo: la pandemia y la consecuente crisis económica de lo que se había evidenciando antes: una política económica improductiva, casi, al azar, del mandamás o del capataz en las obras de los campos como los pescadores pescando en la tierra y los campesinos arando en el mar.

El lópezobradorismo contra el neoliberalismo también ha tenido una consecuencia: el pos(t)-neoliberalismo conservador, con más o sin menos, no nada más programas sociales y sí trabajo asalariado, dinámico y sustentablemente igualitario, digno, y no, de prestado, para que se pague con los plazos en el 2021 y el 2024.

Los ismos del foxismo, el calderonismo y el peñanietismo han sido encabronadamente tóxicos pero en el ánimo del consumismo de élite y popular, porque como dice D. Harvey: el mercado nos iguala a todos con todo, donde ni liberales ni conservadores: nomás consumidores, con el distingo de la marca, la pertenencia del egoísmo y la identidad del cinismo, y el lópezobradorismo con la austeridad republicana y contra la corrupción somos todos nosotros y los otros, los demás y la gente, y no primero los pobres ni tampoco el pueblo bueno y sabio, polarizando y confrontando a los traumas reales con los sueños irrealizables con las mañaneras en una encrucijada de balaceras de la chingada en las calles céntricas de CDMX, en el país de las sombras espectrales.

De los privilegiados de élite a los beneficiados de lo popular, la transformada clase política-Morena y los derrotados morales del PRI y el PAN, acompañarse con la honorabilidad del Verde Ecologista y los Trabajadores, el lópezobradorismo alcanza para los pocos y los demasiados de los 30 millones del reciente pasado electoral que habrán de refrendar con más o con menos lo que en el lópezobradorismo ha tendido más a la ritualización-virtualización que a la transformación real social cuando la estructura ausente es un rechinar de dientes para afuera y un chisguete imperativo de lo que debe serse y hacerse ética y moralmente en la consecución de primero los pobres y en segundo la ejecución de los muertos, en tercero la búsqueda los desaparecidos, en cuarto el acomodo de los desplazados del narcosicariato y en quinto el desconocimiento de los desconocidos del coronavirus con la mortaja raída de la salud.

La ofensiva del lópezobradorismo es la incompletud de lo que se está acumulando y desposesionando en vías de estar vaciando el poder para sí mismo que no da para la interpretación y la especulación que los de Morena digan del Presidente y de sí mismos: son diferentes porque son los mismos en lo que la Cuarta Transformación cada vez más se tergiversa cuando se cita al pueblo y se habla con la gente, porque la gente es la que más siente y el pueblo como que siempre anda ausente por esa laceración hiriente y sangrante que el tiempo le marcó con el fierro ardiente hasta los huesos cardios del corazón y de la memoria en el país de las sombras espectrales, cuando, la inflexión, en sus formas y sus maneras de mantenerse en la necedad irreflexiva presidencial en la seguridad y en la salud es la crisis económica que como la violencia y la criminalidad, la corrupción y la impunidad siguen siendo en lo que la cuarta transformación es un revés y un envés de cristalizaciones mediocremente realizables e ir a saludar a Trump para agradecerle la ayuda personalísima y fascista de su investidura presidencial es poner a primero los pobres con el pueblo bueno y sabio en una posición de humillación junto con los mexicanos del otro lado y de este lado.


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A Marc Fumaroli, por las conferencias-pláticas críticas sobre historia del arte.

“Frente a la lentitud y la inercia de la izquierda tradicional, una izquierda distinta, autogestionaria y dispuesta a renunciar al autoritarismo, surge en las colonias populares, en los grupos ecologistas, en los pequeños sindicatos, en las cooperativas de barrio, en las comunidades eclesiales de base, en las agrupaciones campesinas, en las secciones magisteriales. Aún no se advierte su impulso desde una perspectiva nacional y ciertamente las organizaciones partidarias no son ahora sustituibles, pero esta izquierda diferente hace ver la urgencia de nuevos proyectos nacionales, regionales, locales. Así, paradójicamente, no obstante la debilidad de la imagen pública de la izquierda (evaporado el fantasma de la "subversión comunista"), son muy vigorosos los movimientos populares de izquierda, y la izquierda cultural. El 88 sorprende a todos, precisamente porque se creía anulada o extinguida la izquierda, víctima de su propia avidez de lucha interna, de la eficacia histórica con que prende el anticomunismo, de la rigidez de su dirigencia, de su antiintelectualismo, de la eficacia calumniadora y asimiladora del Estado, y, muy principalmente, de su pérdida de poder de convocatoria y su relegamiento de las causas de la justicia social. Pero dista de ser un espectro, y la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas lo ratifica. El impulso extraviado o sepulto o traspapelado renace en un instante y es muy probable que Cárdenas hubiese ganado las elecciones, aunque también es muy probable que Salinas de Gortari las hubiese perdido. Pero lo cierto es que ya en 1988 la izquierda comunista es un cadáver sin prestigio, y a la causa socialista le quedan pocos meses de vida. Cuauhtémoc Cárdenas dista de ser la izquierda tradicional, es el nacionalismo revolucionario, si se quiere también anacrónico, pero con la fuerza que le infunde la necesidad de participación de millones que simplemente no se acercarían al PCM, al PSUM, al PMS. Luego, tiene lugar el sexenio de Salinas de Gortari.”

(Carlos Monsiváis, "La izquierda mexicana: lo uno y lo diverso", Fractal n° 5, abril-junio, 1997, año 2, volumen II, pp. 11-28.)

Sería una falta de respeto no darle la importancia que Cárdenas tuvo antes, durante y después en el sexenio salinista, principalmente, por el crimen de algunos PRDistas hasta que aparece López Obrador y ha llegado hasta donde está con Morena, movimiento social separado del PRD, donde C. Cárdenas había renunciado por lo que el PRD haría después: corromperse, por el lado de las izquierdas dándole las manos a las derechas, quedando el Líder Moral de la Izquierda en donde está y López Obrador aún no sabe sí es de la izquierda liberal o de la derecha conservadora, cuando es un LópezObradorismo, solo y único, porque Morena, ni como movimiento, ni como partido, juntándose con el rabo verde del ecolojete y el desempleado de los trabajadores.

De manera que la izquierda tradicional con el nacionalismo revolucionario, no es el Lópezobradorismo, y sí es C. Cárdenas que, a través de los sexenios del siglo xxi, ha sido un observador y un crítico de lo correctamente político, mientras el doble Cardenismo –del padre al hijo- como el comunismo y el socialismo son referentes históricos, en lo que el lópezobradorismo, les echó paladas de tierra con el aeropuerto y el tren al hoyo negro profundo en dos bocas, observándole y criticándole C. Cárdenas que no es tiempo para esas obras cuando está la contingencia de la pandemia y la crisis económica, cuando para el lópezobradorismo es la necedad y para el cardenismo era la necesidad.

El proyecto de nación y la transformación social ¿en qué ha derivado para estar a la deriva, en la personalidad contrariada y contradictoria de AMLO, en el acaparar el poder para el lópezobradorismo en marcha sexenal, dejando a Morena a los diputados, senadores y superdelegados en la negociación-repartición congresales, territoriales y distritales como lo han hecho y lo seguirán haciendo con la desmedida voracidad de acaparar y acabalar para 2021-24?

AMLO y Morena son producto de la cultura política, a la mexicana, como lo es el Lópezobradorismo, más de la derecha que de la izquierda, lo poco o lo menos que fue el PRD sin Cárdenas y sin López Obrador, quedando para l@s chuch@s las ricas piltrafas del Pacto por México.

La pleitesía hacia AMLO son los que están con el lópezobradorismo y los que están con Morena en el pleito entre ellos, haber-a ver cómo violan la integridad-equidad de género con Yeidckol, por los inmuebles o los dineros, Pedro Miguel y El Fisgón porque no lo tienen, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal porque les sobra, dándose lo chairo y lo fifí como cualquier hijo de La Chingada.

Los hombres y las mujeres humanistas de dimensión social de AMLO-Morena como la estructura ausente, ausentes, nomás mostrando de qué están hechos en el gabinete como el cerco viejo de Bartlett y la malla ciclónica de Ackerman en Morena, y por las afueras los empresariales asesores-atesoradores, Mr. Carso-Slim y Salinas Pliego.

Los ismos con los apellidos como el lópezobradorismo es la corriente de lo que fue el tsunami con 30 millones de electores, votantes y boyantes, del proceso electoral a un proceso de transformación con una estructura ausente, en lo que el presidente AMLO les está dando cobertura en una política social que solamente tiene alcance para lo inmediato y lo urgente, y no tanto para lo que ha estado emergiendo: la pandemia y la consecuente crisis económica de lo que se había evidenciando antes: una política económica improductiva, casi, al azar, del mandamás o del capataz en las obras de los campos como los pescadores pescando en la tierra y los campesinos arando en el mar.

El lópezobradorismo contra el neoliberalismo también ha tenido una consecuencia: el pos(t)-neoliberalismo conservador, con más o sin menos, no nada más programas sociales y sí trabajo asalariado, dinámico y sustentablemente igualitario, digno, y no, de prestado, para que se pague con los plazos en el 2021 y el 2024.

Los ismos del foxismo, el calderonismo y el peñanietismo han sido encabronadamente tóxicos pero en el ánimo del consumismo de élite y popular, porque como dice D. Harvey: el mercado nos iguala a todos con todo, donde ni liberales ni conservadores: nomás consumidores, con el distingo de la marca, la pertenencia del egoísmo y la identidad del cinismo, y el lópezobradorismo con la austeridad republicana y contra la corrupción somos todos nosotros y los otros, los demás y la gente, y no primero los pobres ni tampoco el pueblo bueno y sabio, polarizando y confrontando a los traumas reales con los sueños irrealizables con las mañaneras en una encrucijada de balaceras de la chingada en las calles céntricas de CDMX, en el país de las sombras espectrales.

De los privilegiados de élite a los beneficiados de lo popular, la transformada clase política-Morena y los derrotados morales del PRI y el PAN, acompañarse con la honorabilidad del Verde Ecologista y los Trabajadores, el lópezobradorismo alcanza para los pocos y los demasiados de los 30 millones del reciente pasado electoral que habrán de refrendar con más o con menos lo que en el lópezobradorismo ha tendido más a la ritualización-virtualización que a la transformación real social cuando la estructura ausente es un rechinar de dientes para afuera y un chisguete imperativo de lo que debe serse y hacerse ética y moralmente en la consecución de primero los pobres y en segundo la ejecución de los muertos, en tercero la búsqueda los desaparecidos, en cuarto el acomodo de los desplazados del narcosicariato y en quinto el desconocimiento de los desconocidos del coronavirus con la mortaja raída de la salud.

La ofensiva del lópezobradorismo es la incompletud de lo que se está acumulando y desposesionando en vías de estar vaciando el poder para sí mismo que no da para la interpretación y la especulación que los de Morena digan del Presidente y de sí mismos: son diferentes porque son los mismos en lo que la Cuarta Transformación cada vez más se tergiversa cuando se cita al pueblo y se habla con la gente, porque la gente es la que más siente y el pueblo como que siempre anda ausente por esa laceración hiriente y sangrante que el tiempo le marcó con el fierro ardiente hasta los huesos cardios del corazón y de la memoria en el país de las sombras espectrales, cuando, la inflexión, en sus formas y sus maneras de mantenerse en la necedad irreflexiva presidencial en la seguridad y en la salud es la crisis económica que como la violencia y la criminalidad, la corrupción y la impunidad siguen siendo en lo que la cuarta transformación es un revés y un envés de cristalizaciones mediocremente realizables e ir a saludar a Trump para agradecerle la ayuda personalísima y fascista de su investidura presidencial es poner a primero los pobres con el pueblo bueno y sabio en una posición de humillación junto con los mexicanos del otro lado y de este lado.


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