/ jueves 7 de noviembre de 2019

Culiacán, 2019

Al terminar la primaria en 1954 en mi pueblo, por orientación de la maestra Victorina Ramírez, de El Rosario, me trasladé a Culiacán a presentar examen de admisión en la Escuela Prevocacional o de Enseñanzas Especiales No. 23 (del Sistema Nacional de Enseñanza Técnica del Instituto Politécnico Nacional). Así, al aprobar el examen, viví de 1955 a 1959 en la capital del estado, en el internado de la famosa Prevo. Después de mi tierra natal, Aguacaliente de Gárate, eché raíces en la hermosa y cálida tierra donde el Tamazula y el Humaya se unen para formar el río Culiacán, mismos que arroparon mi pubertad y adolescencia sinaloenses. Entonces andaba de moda el bellísimo danzonete “Culiacán”, de Enrique Sánchez Alonso.


Al paso de los años, con la Vocacional de Ciencias Sociales y la carrera de Economía en elmismo Instituto Politécnico Nacional, las circunstancias de la vida profesional me dieron la valiosa oportunidad de regresar como delegado regional del Infonavit a Sinaloa y posteriormente que se me nombrara director de Desarrollo Integral de la Comunidad Rural del Estado de Sinaloa (Dicres) por el gobernador Alfonso G. Calderón. En este trabajo, inicié los corridos a los municipios del estado, algunos que alcanzó a grabar Luis Pérez Meza cuatro meses antes de su fallecimiento en Guasave en 1981. Con excepción del de Culiacán, los otros 17 los compuse bajo cierto esquema, mencionando las sindicaturas de cada municipio. Pero el de Culiacán, lo compuse apartándome de dicho esquema, por tratarse de la capital de todos los sinaloenses: Yo vengo de Culiacán/ la bella capital/ de mi gran Sinaloa./ Tierra de luz y color,/ más hermosa no hay dos,/ tierra de la Tambora./ Estribillo: Con amor/ yo te canto este son/ porque mi corazón/ late con tu grandeza./ Culiacán/ tus mujeres sin par/ hacen a tu ciudad/ reina de la belleza.Por ello, me he sentido obligado por las desgraciadas circunstancias recientemente vividas en nuestra tierra, a escribir “Culiacán, 2019”:


Porque sucedió en mi tierra, la tierra

que más amo, la más valiente y pura,

hiriéndola en su corazón, sangrándola

de manera criminalmente absurda,

es que escribo estos versos de protesta

contra los que, cobardes, continúan

como las avestruces, agachados

con su cinismo y la cabeza oculta.

Quede como una mancha en sus conciencias

supusilanimez y su impostura.


Durante la violencia que vivimos

y que nos hizo presas de la oscura

sombra del terrorismo y el espanto,

a los burócratas de la cultura

no se les ocurrió ningún recurso

solidario al pueblo en su desventura.

Ellos, que tanto dicen y repiten

que son la opción ante la fuerza bruta,

que haciendo premiaciones a las artes

combaten la violencia y su locura,

¿porqué callaron cuando más urgía

dar un mensaje de aliento y ternura

a las víctimas que ya se sabía

desamparadas en la vía pública?

No acudieron a las redes sociales

oficialmente, esclareciendo dudas.

No arriesgaron ni los riesgos virtuales

esperando órdenes de las alturas.

Su silencio fue el de los camaleones,

colgados de los cuernos de la luna.


Pero, en cambio, hoy ya entregaron el premio

precisamente de literatura.





Al terminar la primaria en 1954 en mi pueblo, por orientación de la maestra Victorina Ramírez, de El Rosario, me trasladé a Culiacán a presentar examen de admisión en la Escuela Prevocacional o de Enseñanzas Especiales No. 23 (del Sistema Nacional de Enseñanza Técnica del Instituto Politécnico Nacional). Así, al aprobar el examen, viví de 1955 a 1959 en la capital del estado, en el internado de la famosa Prevo. Después de mi tierra natal, Aguacaliente de Gárate, eché raíces en la hermosa y cálida tierra donde el Tamazula y el Humaya se unen para formar el río Culiacán, mismos que arroparon mi pubertad y adolescencia sinaloenses. Entonces andaba de moda el bellísimo danzonete “Culiacán”, de Enrique Sánchez Alonso.


Al paso de los años, con la Vocacional de Ciencias Sociales y la carrera de Economía en elmismo Instituto Politécnico Nacional, las circunstancias de la vida profesional me dieron la valiosa oportunidad de regresar como delegado regional del Infonavit a Sinaloa y posteriormente que se me nombrara director de Desarrollo Integral de la Comunidad Rural del Estado de Sinaloa (Dicres) por el gobernador Alfonso G. Calderón. En este trabajo, inicié los corridos a los municipios del estado, algunos que alcanzó a grabar Luis Pérez Meza cuatro meses antes de su fallecimiento en Guasave en 1981. Con excepción del de Culiacán, los otros 17 los compuse bajo cierto esquema, mencionando las sindicaturas de cada municipio. Pero el de Culiacán, lo compuse apartándome de dicho esquema, por tratarse de la capital de todos los sinaloenses: Yo vengo de Culiacán/ la bella capital/ de mi gran Sinaloa./ Tierra de luz y color,/ más hermosa no hay dos,/ tierra de la Tambora./ Estribillo: Con amor/ yo te canto este son/ porque mi corazón/ late con tu grandeza./ Culiacán/ tus mujeres sin par/ hacen a tu ciudad/ reina de la belleza.Por ello, me he sentido obligado por las desgraciadas circunstancias recientemente vividas en nuestra tierra, a escribir “Culiacán, 2019”:


Porque sucedió en mi tierra, la tierra

que más amo, la más valiente y pura,

hiriéndola en su corazón, sangrándola

de manera criminalmente absurda,

es que escribo estos versos de protesta

contra los que, cobardes, continúan

como las avestruces, agachados

con su cinismo y la cabeza oculta.

Quede como una mancha en sus conciencias

supusilanimez y su impostura.


Durante la violencia que vivimos

y que nos hizo presas de la oscura

sombra del terrorismo y el espanto,

a los burócratas de la cultura

no se les ocurrió ningún recurso

solidario al pueblo en su desventura.

Ellos, que tanto dicen y repiten

que son la opción ante la fuerza bruta,

que haciendo premiaciones a las artes

combaten la violencia y su locura,

¿porqué callaron cuando más urgía

dar un mensaje de aliento y ternura

a las víctimas que ya se sabía

desamparadas en la vía pública?

No acudieron a las redes sociales

oficialmente, esclareciendo dudas.

No arriesgaron ni los riesgos virtuales

esperando órdenes de las alturas.

Su silencio fue el de los camaleones,

colgados de los cuernos de la luna.


Pero, en cambio, hoy ya entregaron el premio

precisamente de literatura.