/ sábado 25 de enero de 2020

Sabores y olores cocinados ‘a fuego lento’ por doña Esther

La señora aprendió el arte culinario cuando era una niña, y desde hace 36 años tiene su cocina económica en el Centro de Mazatlán

Mazatlán. - La cocina es un lugar de creación, donde le da vida a platillos que dejan huella en el gusto de las personas por muchos años. A lo largo de la historia, muchas mujeres han marcado un antes y un después en lo que al arte de los fogones se refiere. Una de ellas es María Esther García Luna, que empezó a cocinar en hornillas y a moler en metate desde los 6 años de edad en su natal Culiacán; nunca imaginó que dedicaría gran parte de su vida a preparar los diferentes platillos que le enseñó su madre.

A los 14 años de edad, doña Esther llegó a Mazatlán para estudiar. Ella vivía en casa de unos tíos, quienes la querían como una hija, fue tres años más tarde cuando empezó a trabajar como cajera en un restaurante chino ubicado por la calle Aquiles Serdán, que se llamaba El Oriental.

Posteriormente entró a trabajar a la Cervecería del Pacífico, se casó y dejó de trabajar, años más tarde empezó a vender tamales en la Clínica 45 del Seguro Social, después se puso a vender comida en su casa y fue hasta 1983 cuando finalmente puso la cocina económica De Esther, que atiende hasta la fecha por la Aquiles Serdán.Al principio, a su marido no le gustaba que ella trabajara, por lo que, a escondidas, empezó a hacer tamales para vender. Así ayudaba un poco en la economía del hogar. La primera vez hizo 60 tamales, que vendía a tres pesos cada uno en el Seguro Social. Llegó a elaborar entre 100 y 150 piezas diarias durante cuatro años, hasta que se cansó y dejó de hacerlo.

Sus amistades y allegados ya sabían el buen sazón que tenía, por lo que una amiga de ella le pidió que de la comida que preparaba diariamente para su familia le vendiera un poco, que le pagaría 50 pesos diarios; luego otras personas le pidieron lo mismo, hasta que se animó a emprender formalmente el negocio y empezó a vender comida en su casa. Sus hijas repartían en el mercado y en los negocios que estaban a los alrededores.

Las ventas empezaron a crecer, por lo que decidió rentar un local enfrente de la Casa del Estudiante de la UAS Mártires del 7 de Abril, ubicada por la calle Melchor Ocampo. En ese entonces, la comida que le quedaba se la regalaba a los estudiantes.

En 1983 le ofrecieron la renta del local en que actualmente se encuentra, que rechazó en un inicio porque no pensaba vender comida toda la vida.

Le dije a uno de mis hijos -yo no pienso vivir toda la vida de esto-, y me dijo -yo me hago cargo mamá, acepte-, para no quedarme en la casa me venía hacerle la comida y me sentaba aquí un rato, ya veía que les caía dinero, agarraba 20 o 30 pesos y me iba a comer a la casa, luego me empecé a quedar más tiempo y me iba a limpiar la casa, a regar mis plantas, atender a mis pájaros y me decía mi marido, -no te enfadas de estar allá- y yo le contestaba -sí, por eso me vengo temprano-, pero ahora ya no me gusta estar en mi casa.

Doña Esther


La mujer de casi 78 años de edad reconoce que, aunque este oficio es muy cansado, porque son largas jornadas de pie, disfruta mucho poner en práctica todas las enseñanzas de su madre, quien le transmitió el gusto y el amor por cocinar platillos como caldo de res, mole con pollo, chiles rellenos y costillas en chile colorado, para deleitar el paladar de los mazatlecos.

Señala que, aunque las ventas ya no son como antes, le da para comer y pagarle a la tres personas que le ayudan. Ya no se visualiza en su casa, sin su negocio, pues ya son 40 años en esto. Cuando se retire será para hacer un viaje largo o emprender el “viaje sin retorno”.

Mientras Dios no decida otra cosa yo seguiré aquí, porque él tiene la última palabra, puede pasar cualquier cosa, nadie estamos exentos, y con eso se estaría terminado la cocina De Esther porque, aunque mi hija Cristina me ayuda al 100%, difícilmente continuará en este oficio.

Doña Esther


María Esther García Luna tiene 36 años con su cocina económica De Esther, en el Centro de la ciudad. 

Comparte que todos estos años le han dejado una satisfacción muy grande, poder convivir con mucha gente diferente cada día.

Aquí ha venido de todo, de muchos estatus económicos, de abajo, de arriba, muy buenos médicos, enfermeras, periodistas, aquí han comido de mi sazón.

Doña Esther

Los sabores y olores de los guisos tradicionales han impregnado su vida. Sus recuerdos los adereza con su característica sazón, para continuar el deleite de paladar de quienes entran a su local en busca de saciar su apetito.

DATOS

6 años tenía doña Esther cuando empezó a cocinar.

1942, año en el que nació doña Esther en Culiacán

36 años tiene con su cocina De Esther



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Mazatlán. - La cocina es un lugar de creación, donde le da vida a platillos que dejan huella en el gusto de las personas por muchos años. A lo largo de la historia, muchas mujeres han marcado un antes y un después en lo que al arte de los fogones se refiere. Una de ellas es María Esther García Luna, que empezó a cocinar en hornillas y a moler en metate desde los 6 años de edad en su natal Culiacán; nunca imaginó que dedicaría gran parte de su vida a preparar los diferentes platillos que le enseñó su madre.

A los 14 años de edad, doña Esther llegó a Mazatlán para estudiar. Ella vivía en casa de unos tíos, quienes la querían como una hija, fue tres años más tarde cuando empezó a trabajar como cajera en un restaurante chino ubicado por la calle Aquiles Serdán, que se llamaba El Oriental.

Posteriormente entró a trabajar a la Cervecería del Pacífico, se casó y dejó de trabajar, años más tarde empezó a vender tamales en la Clínica 45 del Seguro Social, después se puso a vender comida en su casa y fue hasta 1983 cuando finalmente puso la cocina económica De Esther, que atiende hasta la fecha por la Aquiles Serdán.Al principio, a su marido no le gustaba que ella trabajara, por lo que, a escondidas, empezó a hacer tamales para vender. Así ayudaba un poco en la economía del hogar. La primera vez hizo 60 tamales, que vendía a tres pesos cada uno en el Seguro Social. Llegó a elaborar entre 100 y 150 piezas diarias durante cuatro años, hasta que se cansó y dejó de hacerlo.

Sus amistades y allegados ya sabían el buen sazón que tenía, por lo que una amiga de ella le pidió que de la comida que preparaba diariamente para su familia le vendiera un poco, que le pagaría 50 pesos diarios; luego otras personas le pidieron lo mismo, hasta que se animó a emprender formalmente el negocio y empezó a vender comida en su casa. Sus hijas repartían en el mercado y en los negocios que estaban a los alrededores.

Las ventas empezaron a crecer, por lo que decidió rentar un local enfrente de la Casa del Estudiante de la UAS Mártires del 7 de Abril, ubicada por la calle Melchor Ocampo. En ese entonces, la comida que le quedaba se la regalaba a los estudiantes.

En 1983 le ofrecieron la renta del local en que actualmente se encuentra, que rechazó en un inicio porque no pensaba vender comida toda la vida.

Le dije a uno de mis hijos -yo no pienso vivir toda la vida de esto-, y me dijo -yo me hago cargo mamá, acepte-, para no quedarme en la casa me venía hacerle la comida y me sentaba aquí un rato, ya veía que les caía dinero, agarraba 20 o 30 pesos y me iba a comer a la casa, luego me empecé a quedar más tiempo y me iba a limpiar la casa, a regar mis plantas, atender a mis pájaros y me decía mi marido, -no te enfadas de estar allá- y yo le contestaba -sí, por eso me vengo temprano-, pero ahora ya no me gusta estar en mi casa.

Doña Esther


La mujer de casi 78 años de edad reconoce que, aunque este oficio es muy cansado, porque son largas jornadas de pie, disfruta mucho poner en práctica todas las enseñanzas de su madre, quien le transmitió el gusto y el amor por cocinar platillos como caldo de res, mole con pollo, chiles rellenos y costillas en chile colorado, para deleitar el paladar de los mazatlecos.

Señala que, aunque las ventas ya no son como antes, le da para comer y pagarle a la tres personas que le ayudan. Ya no se visualiza en su casa, sin su negocio, pues ya son 40 años en esto. Cuando se retire será para hacer un viaje largo o emprender el “viaje sin retorno”.

Mientras Dios no decida otra cosa yo seguiré aquí, porque él tiene la última palabra, puede pasar cualquier cosa, nadie estamos exentos, y con eso se estaría terminado la cocina De Esther porque, aunque mi hija Cristina me ayuda al 100%, difícilmente continuará en este oficio.

Doña Esther


María Esther García Luna tiene 36 años con su cocina económica De Esther, en el Centro de la ciudad. 

Comparte que todos estos años le han dejado una satisfacción muy grande, poder convivir con mucha gente diferente cada día.

Aquí ha venido de todo, de muchos estatus económicos, de abajo, de arriba, muy buenos médicos, enfermeras, periodistas, aquí han comido de mi sazón.

Doña Esther

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6 años tenía doña Esther cuando empezó a cocinar.

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36 años tiene con su cocina De Esther



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