/ sábado 5 de octubre de 2019

Paredes llenas de historia en el Hotel Machado: Cien años en el ‘corazón’ de Mazatlán

En todo este tiempo el Hotel Machado ha funcionado como casa habitación, droguería, escuela y hasta oficina de un partido político

Mazatlán, Sin. - Se encuentra en el corazón del Centro Histórico de Mazatlán y forma parte de los primeros edificios que fueron construidos en el primer cuadro de la ciudad. Se trata del Hotel Machado, que lleva el nombre de la icónica plazuela porteña, que fuera construida en el año de 1837, a través de recursos donados por Juan Nepomuceno Machado, quien tenía su hogar cerca del ahora centro de hospedaje.

Y es que en esa zona se concentraban habitantes que provenían de otros países, que vieron futuro en el puerto y decidieron asentarse para construir majestuosos hogares.

Antes de la construcción de los edificios que hay alrededor de la plazuela, el predio había sido acondicionado como un huerto de naranjos, que daba una vista muy diferente a la que hay hoy.

Lee aquí: Entregan escrituras a 136 familias mazatlecas

NACE LA LEYENDA

En la década de 1920, una persona de origen alemán, de nombre Federico Stein, se interesó por una finca que se encontraba a escasos metros de la casa de Machado.

El extranjero logró adquirir el terreno para posteriormente construir un hogar, que le sería útil para comercializar todo tipo de medicina de patente, que traía a vender de su natal Alemania.

Y es que su labor de distribuidor de medicina en todo el noroeste de la República Mexicana, hicieron que llegara a Mazatlán, donde comenzó a surtir sus productos a los estados de esa parte del país.

“Droguería Stein”, fue el establecimiento que ocupó dicho predio, que operó hasta 1940, luego que su entonces propietario dejara México, por lo que tuvo que venderlo a otro boticario.

La casona había sido adquirida por Manuel Gómez Rubio, quien era la competencia del extranjero, pues también se dedicaba a la venta de medicina “personalizada”.

Puedes leer: Bomberos de Mazatlán requieren más control en Construcciones

La compra del edificio, que aún era una farmacia, tuvo un valor de 10 mil pesos oro mexicano, más 100 mil dólares estadounidenses, que era considerado como una inmensa fortuna.

El empresario laboró durante 40 años como boticario en diferentes puntos de lo que hoy es la plazuela Machado, donde dejó el negocio precisamente después de comprar la casa de quien era su competencia.

Gómez Rubio ya no quiso saber de medicamentos, por lo que se dedicó a la compra, venta y renta de propiedades, entre ellas la que le había adquirido al alemán.

Desde ese momento, el edificio paso de mano en mano, entre gente que vio en él la oportunidad de poder hacer negocios, por lo que fue rentado en múltiples ocasiones por su legítimo dueño.

Y pese a que el propietario había dejado la venta de medicamento, éstos continuaron expendiéndose durante un corto tiempo por otra persona, en un establecimiento que era conocido ahora como “Casa Stein” en honor al farmacéutico alemán.

Posteriormente, el lugar fue utilizado para albergar el archivo muerto de Bancomer, donde se guardó papelería en un periodo comprendido a medidos de 1940 hasta 1960.

También puedes leer: Esperan repunte de visitantes: Mazatlán ofrece ‘bondades’ turísticas

En 1964, la edificación fue desocupada para que poco después se le diera otros usos, como escuela de arte, de preparatoria, artes marciales, además de albergar al comité municipal del Partido de la Revolución Democrática y hasta una pizzería.

Tras la muerte de Manuel Gómez Rubio, la casona fue heredada a su esposa, quien poco después la pasaría a su hijo, Jesús Gómez Rubio, quien por último la heredó a su vástago y dueño actual, Jesús Ernesto Miguel Gómez Rubio Lemmen Meyer.

Para ese entonces, el inmueble había sido acondicionado como una galería, donde se llevaba a cabo la compra y venta de todo tipo de artículos de arte, todo ‘ad hoc’ al lugar.

En ese sitio, los visitantes, principalmente de origen extranjero, podían admirar diversos tipos de obras, en específico pinturas que eran realizadas por artistas de la región.

Fue en ese instante y por la presencia del arribo de constantes turistas, que hizo que Gómez Rubio Lemmen Meyer diera un giro al negocio que ocupaba en ese momento.

Hace 13 años, el empresario tuvo la visión de convertir el edificio en hotel, que hasta la fecha es conservado con una buena demanda del público que gusta hospedarse cerca del Centro Histórico de Mazatlán.

El cambio fue hecho en aras del crecimiento del mercado turístico que hay en esa parte del municipio, que es muy concurrido por los visitantes, sobre todo por extranjeros de origen estadounidense y canadiense.

Gómez Rubio Lemmen Meyer

Recuerda que fue en diciembre del 2006, tiempo en el que el hotel Machado abrió sus puertas con seis habitaciones, que aún son las mismas y no dejan de ser ocupadas por los turistas.

“Cada uno de los cuartos, así como los muebles que hay en su interior, hacen que las personas que ahí se hospedan, evoquen el tiempo pasado, donde Mazatlán apenas crecía”.

Convertir en hotel al edificio no fue mera casualidad, señala su propietario, quien comenta que su ubicación lo hace atractivo para quienes buscan descansar en esa parte de la ciudad.

Algo que le da un gran valor al hotel es su localización, porque la mayor parte de los hoteles que están en la zona turística, la gente que está en la playa se tiene que subir a taxis para poder trasladarse.

Lemmen Meyer


Caso contrario, el turismo que se hospeda en el Machado puede irse a pie a donde quiera, pues tiene cerca la playa, el centro, el mercado, la iglesia, el palacio municipal, escuelas y hospitales.

Todo ese acercamiento, asegura, resulta beneficioso para los visitantes que ahí se hospedan, ya que no tienen que pagar transportación para moverse de un lugar a otro.

Museo

Recientemente, menciona, el hotel ha dado otro giro, pues ahora es una especie de hotel-museo, que ha llamado la atención de paseantes, que pagan por admirar lo que ahí hay.

En ese lugar, señala, la gente puede encontrar todo tipo de imágenes y artículos regionales, a través de diferentes colecciones que llaman poderosamente la atención.

Los pasillos del lugar, comenta, han servido para una exposición de fotografías del artista Salvador Herrera, además de otros objetos originales de culturas prehispánicas.

Gómez Rubio Lemmen Meyer asegura que las exposiciones que hay en el Machado es un “plus”, no sólo para quien se hospeda ahí, sino para toda la gente que desea conocer un poco más de la historia de Mazatlán, en la que precisamente se halla el hotel que está a punto de cumplir 100 años de haber sido construido.




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Mazatlán, Sin. - Se encuentra en el corazón del Centro Histórico de Mazatlán y forma parte de los primeros edificios que fueron construidos en el primer cuadro de la ciudad. Se trata del Hotel Machado, que lleva el nombre de la icónica plazuela porteña, que fuera construida en el año de 1837, a través de recursos donados por Juan Nepomuceno Machado, quien tenía su hogar cerca del ahora centro de hospedaje.

Y es que en esa zona se concentraban habitantes que provenían de otros países, que vieron futuro en el puerto y decidieron asentarse para construir majestuosos hogares.

Antes de la construcción de los edificios que hay alrededor de la plazuela, el predio había sido acondicionado como un huerto de naranjos, que daba una vista muy diferente a la que hay hoy.

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NACE LA LEYENDA

En la década de 1920, una persona de origen alemán, de nombre Federico Stein, se interesó por una finca que se encontraba a escasos metros de la casa de Machado.

El extranjero logró adquirir el terreno para posteriormente construir un hogar, que le sería útil para comercializar todo tipo de medicina de patente, que traía a vender de su natal Alemania.

Y es que su labor de distribuidor de medicina en todo el noroeste de la República Mexicana, hicieron que llegara a Mazatlán, donde comenzó a surtir sus productos a los estados de esa parte del país.

“Droguería Stein”, fue el establecimiento que ocupó dicho predio, que operó hasta 1940, luego que su entonces propietario dejara México, por lo que tuvo que venderlo a otro boticario.

La casona había sido adquirida por Manuel Gómez Rubio, quien era la competencia del extranjero, pues también se dedicaba a la venta de medicina “personalizada”.

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La compra del edificio, que aún era una farmacia, tuvo un valor de 10 mil pesos oro mexicano, más 100 mil dólares estadounidenses, que era considerado como una inmensa fortuna.

El empresario laboró durante 40 años como boticario en diferentes puntos de lo que hoy es la plazuela Machado, donde dejó el negocio precisamente después de comprar la casa de quien era su competencia.

Gómez Rubio ya no quiso saber de medicamentos, por lo que se dedicó a la compra, venta y renta de propiedades, entre ellas la que le había adquirido al alemán.

Desde ese momento, el edificio paso de mano en mano, entre gente que vio en él la oportunidad de poder hacer negocios, por lo que fue rentado en múltiples ocasiones por su legítimo dueño.

Y pese a que el propietario había dejado la venta de medicamento, éstos continuaron expendiéndose durante un corto tiempo por otra persona, en un establecimiento que era conocido ahora como “Casa Stein” en honor al farmacéutico alemán.

Posteriormente, el lugar fue utilizado para albergar el archivo muerto de Bancomer, donde se guardó papelería en un periodo comprendido a medidos de 1940 hasta 1960.

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En 1964, la edificación fue desocupada para que poco después se le diera otros usos, como escuela de arte, de preparatoria, artes marciales, además de albergar al comité municipal del Partido de la Revolución Democrática y hasta una pizzería.

Tras la muerte de Manuel Gómez Rubio, la casona fue heredada a su esposa, quien poco después la pasaría a su hijo, Jesús Gómez Rubio, quien por último la heredó a su vástago y dueño actual, Jesús Ernesto Miguel Gómez Rubio Lemmen Meyer.

Para ese entonces, el inmueble había sido acondicionado como una galería, donde se llevaba a cabo la compra y venta de todo tipo de artículos de arte, todo ‘ad hoc’ al lugar.

En ese sitio, los visitantes, principalmente de origen extranjero, podían admirar diversos tipos de obras, en específico pinturas que eran realizadas por artistas de la región.

Fue en ese instante y por la presencia del arribo de constantes turistas, que hizo que Gómez Rubio Lemmen Meyer diera un giro al negocio que ocupaba en ese momento.

Hace 13 años, el empresario tuvo la visión de convertir el edificio en hotel, que hasta la fecha es conservado con una buena demanda del público que gusta hospedarse cerca del Centro Histórico de Mazatlán.

El cambio fue hecho en aras del crecimiento del mercado turístico que hay en esa parte del municipio, que es muy concurrido por los visitantes, sobre todo por extranjeros de origen estadounidense y canadiense.

Gómez Rubio Lemmen Meyer

Recuerda que fue en diciembre del 2006, tiempo en el que el hotel Machado abrió sus puertas con seis habitaciones, que aún son las mismas y no dejan de ser ocupadas por los turistas.

“Cada uno de los cuartos, así como los muebles que hay en su interior, hacen que las personas que ahí se hospedan, evoquen el tiempo pasado, donde Mazatlán apenas crecía”.

Convertir en hotel al edificio no fue mera casualidad, señala su propietario, quien comenta que su ubicación lo hace atractivo para quienes buscan descansar en esa parte de la ciudad.

Algo que le da un gran valor al hotel es su localización, porque la mayor parte de los hoteles que están en la zona turística, la gente que está en la playa se tiene que subir a taxis para poder trasladarse.

Lemmen Meyer


Caso contrario, el turismo que se hospeda en el Machado puede irse a pie a donde quiera, pues tiene cerca la playa, el centro, el mercado, la iglesia, el palacio municipal, escuelas y hospitales.

Todo ese acercamiento, asegura, resulta beneficioso para los visitantes que ahí se hospedan, ya que no tienen que pagar transportación para moverse de un lugar a otro.

Museo

Recientemente, menciona, el hotel ha dado otro giro, pues ahora es una especie de hotel-museo, que ha llamado la atención de paseantes, que pagan por admirar lo que ahí hay.

En ese lugar, señala, la gente puede encontrar todo tipo de imágenes y artículos regionales, a través de diferentes colecciones que llaman poderosamente la atención.

Los pasillos del lugar, comenta, han servido para una exposición de fotografías del artista Salvador Herrera, además de otros objetos originales de culturas prehispánicas.

Gómez Rubio Lemmen Meyer asegura que las exposiciones que hay en el Machado es un “plus”, no sólo para quien se hospeda ahí, sino para toda la gente que desea conocer un poco más de la historia de Mazatlán, en la que precisamente se halla el hotel que está a punto de cumplir 100 años de haber sido construido.




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