/ sábado 4 de julio de 2020

La peor pesadilla de Dora Ofelia Corona

En servicio los miedos más profundos toman forma y se aparecen frente a los paramédicos

Había una niña en los años ochenta que aprendía a ser socorrista; 12 años y en el cuerpo de juventud en Cruz Roja demostraba que pronto estaría en ambulancia. El tiempo pasó rápido y con menos de 18 años consiguió la bendición del comandante para comenzar su servicio sin cumplir la adultez.

Su madurez y voluntad la subieron antes que a nadie a la unidad, sus servicios eran tranquilos, leves. Sus guardias; fin de semana de día y acompañada de gente de experiencia. Dora Ofelia Corona "Coronita" comenzaba su camino en la institución.

En una de esas guardias tranquilas llegó el llamado de un accidente en la salida sur de la ciudad, junto a un elemento de experiencia salieron en código rumbo a la emergencia. Ella se iba preparando mentalmente, como le enseñaron, para cualquier cosa.

Al llegar bajó junto a su compañero que en un segundo quedó petrificado frente al hecho; había muerto una familia, entre ellos, el hermano del paramédico que guiaba a Dora Corona.

Aquel socorrista entró en shock al ver a su hermano junto a su familia; esposa y dos hijos, todos muertos. El dolor fue tanto para el compañero de Dora que entre los presentes lo calmaron. Era tanto el descontrol del paramédico que fue amarrado y llevado de regreso a la estación donde las monjas enfermeras canalizaron y sedaron.

EXPERIENCIA MARCADA

Para Dora Corona esa imagen le marcó su joven experiencia. No supo que hacer y realmente ¿qué se puede hacer? Vio cómo su compañero de amplia experiencia y años recorridos se derrumbó frente a esa situación y el miedo se apoderó de ella.

Cuando platicaba con sus compañeros les decía que no podría soportar eso, que era impensable para ella. Así las dudas de continuar en Cruz Roja fueron sembradas en ella, pero no crecieron. El tiempo pasó y el miedo aunque estaba presente, cada día lo sobrellevaba mejor.

Las guardias pasaban, los meses y aprendizajes. Los tutores no oficiales de la joven paramédico la instruían y capacitaban. Cada servicio era más complejo que el anterior y así se formaba una paramédico capaz y eficiente.

Tiempo después, una Dora Corona con 17 años, un miedo encarnado pero en fase de superación y una experiencia discordante con su juventud, estaba lista para cualquier cosa. Avisan por radio de un joven accidentado, cayó de un techo, sonaba en el altavoz. Ella salió con dos compañeros más rumbo al hecho.

El jefe de servicio era Jorge Inzunza, legendario partícipe de la mayoría de las crónicas relatadas en estas líneas, omnipresente en las batallas de la historia contemporánea de la institución, y con razón.

Él, iba aconsejando a la joven Dora Corona quien como siempre se mentalizaba y hacia su ritual adoptado desde el hecho de la muerte del hermano de su compañero; una oración a Dios y persignarse antes de comenzar el servicio.

Foto: Cortesía │ Cruz Roja

IMPACTO

En camino escuchó que la dirección le sonaba familiar, Inzunza le dijo; "es para tu rumbo, Coronita". Y la primera gota de sudor frío cayó por la espalda de la joven. Ella comenzó a pensar en todas las posibilidades, entre el callejón Corona y la Calle Cristóbal Colón vivía su familia, amigos y primos.

Al llegar escuchó una voz anónima del fondo de la aglomeración de curiosos: "¡es tu hermano!" Dora se paralizó, era un taller abandonado sin acceso para ellos, Inzunza se brincó la reja y comenzó a auscultar al herido. Corona se asomó para confirmar que sí, que era su hermano menor.

La joven paramédico no podía moverse, veía entre brumas al "tartaras" Inzunza revisar a un cuerpo inerte mientras escuchaba de fondo el relato de lo que había pasado: se subió al techo del taller, decían, y la lámina se venció y cayó el pobre muchacho.

En su mente, ella pensó en el mejor de los casos; alguna fractura y nada más. Pero los recuerdos de muerte la desbordaron y no escuchaba los gritos de sus compañeros. Recordó a su compañero amarrado por el dolor, su joven mente era asediada por la muerte de su hermano, frente a ella; su peor pesadilla se estaba cumpliendo.

No sabía qué hacer, como aquella vez, cada segundo se nublaba más su vista y su razón, entre esa desesperación percibió un lejano quejido, un pujido conocido; su hermano de 13 años estaba vivo.

Rápidamente volvió a la realidad, las brumas desaparecieron; tomó el botiquín y la camilla. Para entonces la reja había sido abierta por el propietario del lugar que llegó al ver el escándalo. Dora se acercó a su hermano que en su profunda inocencia y travesura le dijo: "me va regañar mi amá".

Puedes leer:Abismo sociales: Las dos caras del confinamiento

Una fractura en el brazo y contusiones leves, cosa de rutina para un niño. Pero el susto de muerte más grande en la corta carrera de Dora Corona. Sus dudas de irse volvieron más fuertes pero una plática profunda con Inzunza la convencieron a quedarse, porque su rol y vocación era ese.

Casi 40 años después con 3 licenciaturas y un doctorado, Dora Ofelia Corona sigue en la institución en el cuerpo de veteranos, apoyando con su experiencia y servicios psicológicos en los casos más críticos, así se ve cuando una vida alcanza para demostrar que la voluntad de ayudar puede vencer cualquier miedo y barrera.

PERFIL

Desde antes de cumplir los 18 años, Dora comenzó su trayectoria dentro de Cruz Roja y después de 3 licenciaturas y un doctorado, 40 años después, ahora pertenece al cuerpo de veteranos, desde donde se le ve siempre activa.

MILAGRO

Por fortuna, Coronita cuenta su historia familiar con su hermano que sobrevivió a aquel pesado momento de la vida.



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Había una niña en los años ochenta que aprendía a ser socorrista; 12 años y en el cuerpo de juventud en Cruz Roja demostraba que pronto estaría en ambulancia. El tiempo pasó rápido y con menos de 18 años consiguió la bendición del comandante para comenzar su servicio sin cumplir la adultez.

Su madurez y voluntad la subieron antes que a nadie a la unidad, sus servicios eran tranquilos, leves. Sus guardias; fin de semana de día y acompañada de gente de experiencia. Dora Ofelia Corona "Coronita" comenzaba su camino en la institución.

En una de esas guardias tranquilas llegó el llamado de un accidente en la salida sur de la ciudad, junto a un elemento de experiencia salieron en código rumbo a la emergencia. Ella se iba preparando mentalmente, como le enseñaron, para cualquier cosa.

Al llegar bajó junto a su compañero que en un segundo quedó petrificado frente al hecho; había muerto una familia, entre ellos, el hermano del paramédico que guiaba a Dora Corona.

Aquel socorrista entró en shock al ver a su hermano junto a su familia; esposa y dos hijos, todos muertos. El dolor fue tanto para el compañero de Dora que entre los presentes lo calmaron. Era tanto el descontrol del paramédico que fue amarrado y llevado de regreso a la estación donde las monjas enfermeras canalizaron y sedaron.

EXPERIENCIA MARCADA

Para Dora Corona esa imagen le marcó su joven experiencia. No supo que hacer y realmente ¿qué se puede hacer? Vio cómo su compañero de amplia experiencia y años recorridos se derrumbó frente a esa situación y el miedo se apoderó de ella.

Cuando platicaba con sus compañeros les decía que no podría soportar eso, que era impensable para ella. Así las dudas de continuar en Cruz Roja fueron sembradas en ella, pero no crecieron. El tiempo pasó y el miedo aunque estaba presente, cada día lo sobrellevaba mejor.

Las guardias pasaban, los meses y aprendizajes. Los tutores no oficiales de la joven paramédico la instruían y capacitaban. Cada servicio era más complejo que el anterior y así se formaba una paramédico capaz y eficiente.

Tiempo después, una Dora Corona con 17 años, un miedo encarnado pero en fase de superación y una experiencia discordante con su juventud, estaba lista para cualquier cosa. Avisan por radio de un joven accidentado, cayó de un techo, sonaba en el altavoz. Ella salió con dos compañeros más rumbo al hecho.

El jefe de servicio era Jorge Inzunza, legendario partícipe de la mayoría de las crónicas relatadas en estas líneas, omnipresente en las batallas de la historia contemporánea de la institución, y con razón.

Él, iba aconsejando a la joven Dora Corona quien como siempre se mentalizaba y hacia su ritual adoptado desde el hecho de la muerte del hermano de su compañero; una oración a Dios y persignarse antes de comenzar el servicio.

Foto: Cortesía │ Cruz Roja

IMPACTO

En camino escuchó que la dirección le sonaba familiar, Inzunza le dijo; "es para tu rumbo, Coronita". Y la primera gota de sudor frío cayó por la espalda de la joven. Ella comenzó a pensar en todas las posibilidades, entre el callejón Corona y la Calle Cristóbal Colón vivía su familia, amigos y primos.

Al llegar escuchó una voz anónima del fondo de la aglomeración de curiosos: "¡es tu hermano!" Dora se paralizó, era un taller abandonado sin acceso para ellos, Inzunza se brincó la reja y comenzó a auscultar al herido. Corona se asomó para confirmar que sí, que era su hermano menor.

La joven paramédico no podía moverse, veía entre brumas al "tartaras" Inzunza revisar a un cuerpo inerte mientras escuchaba de fondo el relato de lo que había pasado: se subió al techo del taller, decían, y la lámina se venció y cayó el pobre muchacho.

En su mente, ella pensó en el mejor de los casos; alguna fractura y nada más. Pero los recuerdos de muerte la desbordaron y no escuchaba los gritos de sus compañeros. Recordó a su compañero amarrado por el dolor, su joven mente era asediada por la muerte de su hermano, frente a ella; su peor pesadilla se estaba cumpliendo.

No sabía qué hacer, como aquella vez, cada segundo se nublaba más su vista y su razón, entre esa desesperación percibió un lejano quejido, un pujido conocido; su hermano de 13 años estaba vivo.

Rápidamente volvió a la realidad, las brumas desaparecieron; tomó el botiquín y la camilla. Para entonces la reja había sido abierta por el propietario del lugar que llegó al ver el escándalo. Dora se acercó a su hermano que en su profunda inocencia y travesura le dijo: "me va regañar mi amá".

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