/ sábado 20 de junio de 2020

La "pandemia" que se vive en la pobreza

Blas es uno de los 250 beneficiados por día, a los que el Ejército de Salvación les regala un plato de comida para que sobrelleven su precaria situación

Mazatlán, Sin.- La difícil situación económica por la que atraviesa Blas Hernández, no ha sido un obstáculo para sobrevivir en medio de la crisis que el Covid-19 deja en la ciudad, por el contrario, aunque lo que gana en su empleo no le alcanza ni para comer, se las ingenia para probar bocado todos los días.

Es la "pandemia de la pobreza" y él lo sabe. Todos los días se forma en la fila de personas que sale de las instalaciones del Ejército de Salvación, en la avenida Gutiérrez Nájera. Él es uno de los 250 beneficiados por día a los que la asociación civil les regala un plato de comida, para que sobrelleven un poco mejor su situación precaria.

Son las 11:00 de la mañana y aún faltan dos horas para que el organismo altruista sirva la comida entre personas de escasos recursos, cuya fila en ocasiones alcanza a llegar hasta la avenida Juan Carrasco.

De lunes a viernes, Blas acude al Ejército de Salvación por su plato de comida. Foto: José Luis Rodríguez │ El Sol De Mazatlán

Mientras arriba la gente necesitada, Blas espera sentado sobre la banqueta, donde su mirada de pronto se pierde en el limbo, ya que escasas tres horas había salido de trabajar.



Trabajo en un taller de motos, soy velador, entro a las 6:00 de la tarde y salgo entre 7:00 y 8:00 de la mañana del día siguiente, y pues sí está pesado el horario, pero el trabajo lo necesitamos Blas Hernández



Por siete días de labores recibe un pago de 500 pesos, dinero que tiene que "estirar" al máximo, tras comprar lo más necesario para su hogar.

Reconoce que es poco el sueldo que percibe, pero con él puede adquirir el resto de la comida de la semana.

Además de alimentos que compra, tiene que pagar la renta del lugar donde vive, pues no cuenta con casa propia.

Su humilde vivienda es un pequeño cuarto que se encuentra por la calle Luis Zúñiga, en el primer cuadro de la ciudad.

Son mil pesos los que paga mensualmente por la renta del inmueble. Al sacar las cuentas, es poco lo que le queda.

Blas es originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde apoyó al Ejército de Salvación a través de colectas, en las que reunían dinero para adquirir los ingredientes que se necesitan para elaborar la comida, que regalan a los más necesitados.

Por cosas del destino y en la búsqueda de un mejor porvenir, se vino a vivir al puerto convencido de lo que dice "El corrido de Mazatlán", melodía de José Alfredo Jiménez, "donde hasta un pobre se siente millonario".

Y aunque no encontró riquezas, asegura sentirse agradecido por el lugar en el que vive, y ya se siente todo un mazatleco.

Tras recorrer un par de pasos, Blas percibió el agradable olor que alertaba sobre la pronta entrega de comida, que dentro de enormes ollas era colocada sobre una larga mesa.

Al quedar al descubierto el menú del día, estofado de salchicha, arroz blanco y frijoles refritos, Blas apretaba los labios, se saboreaba su platillo.

Después de la hora que usa para comer, comenta, se dedica a juntar cartón y botes de aluminio, que vende por kilos para obtener un dinero extra a la semana.

Aunque poco, 30 a 70 pesos por día, reconoce, ese dinero le sirve para comprar la cena: una pieza de pan y un litro de leche, para estar listo e iniciar el siguiente día.

Precisamente, esas pequeñas ganancias han sido vitales para reforzar la alimentación de Blas, quien desde el 23 de marzo acude a solicitar el apoyo de la agrupación altruista.

Desde que comenzó el apoyo que brinda el Ejército de Salvación a las personas que no tienen para comer, han sido distribuidos entre 450 a 460 raciones a la semana (de lunes a viernes).

Recientemente, la cifra de comidas calientes que otorga el organismo altruista se incrementó a mil 300 platos, entre los cuales se encuentra el que diariamente recibe Blas.

Después de dos horas de espera, el chihuahuense recibe su plato acompañado de un vaso con agua de limón, alimentos que guarda en una bolsa para llevarlos a su casa, pues no solo él los consumirá.

Y es que en la vida de este hombre hay una mujer que desde hace cuatro años es su pareja, con ella comparte todo lo que logra, e inclusive hasta la misma comida que le regalan.



Hay que ser compartido con las personas que quieres, y más con aquellas que te ayudan, así como lo hacen aquí, en el Ejército de Salvación, donde nos apoyan con la alimentación Blas Hernández



Con su plato de comida dentro de una bolsa, Blas se retira de la avenida Gutiérrez Nájera, para ir en búsqueda de su pareja, con quien compartirá los sagrados alimentos para después seguir con sus labores, esas que le dan poco dinero, pero que le ayudan a sobrevivir en medio de la precariedad en la que vive.

Te puede interesar: Se ‘desata’ el ambulantaje en Mazatlán

PARA SABER

Blas es originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, pero desde hace unos años vive en el puerto, a donde llegó guiado por la letra del "Corrido de Mazatlán", que dice que aquí "hasta un pobre se siente millonario".

DATO

250 comidas al día, en promedio, ofrece el Ejército de Salvación a los más necesitados de lunes a viernes.







Lee más aquí:







Mazatlán, Sin.- La difícil situación económica por la que atraviesa Blas Hernández, no ha sido un obstáculo para sobrevivir en medio de la crisis que el Covid-19 deja en la ciudad, por el contrario, aunque lo que gana en su empleo no le alcanza ni para comer, se las ingenia para probar bocado todos los días.

Es la "pandemia de la pobreza" y él lo sabe. Todos los días se forma en la fila de personas que sale de las instalaciones del Ejército de Salvación, en la avenida Gutiérrez Nájera. Él es uno de los 250 beneficiados por día a los que la asociación civil les regala un plato de comida, para que sobrelleven un poco mejor su situación precaria.

Son las 11:00 de la mañana y aún faltan dos horas para que el organismo altruista sirva la comida entre personas de escasos recursos, cuya fila en ocasiones alcanza a llegar hasta la avenida Juan Carrasco.

De lunes a viernes, Blas acude al Ejército de Salvación por su plato de comida. Foto: José Luis Rodríguez │ El Sol De Mazatlán

Mientras arriba la gente necesitada, Blas espera sentado sobre la banqueta, donde su mirada de pronto se pierde en el limbo, ya que escasas tres horas había salido de trabajar.



Trabajo en un taller de motos, soy velador, entro a las 6:00 de la tarde y salgo entre 7:00 y 8:00 de la mañana del día siguiente, y pues sí está pesado el horario, pero el trabajo lo necesitamos Blas Hernández



Por siete días de labores recibe un pago de 500 pesos, dinero que tiene que "estirar" al máximo, tras comprar lo más necesario para su hogar.

Reconoce que es poco el sueldo que percibe, pero con él puede adquirir el resto de la comida de la semana.

Además de alimentos que compra, tiene que pagar la renta del lugar donde vive, pues no cuenta con casa propia.

Su humilde vivienda es un pequeño cuarto que se encuentra por la calle Luis Zúñiga, en el primer cuadro de la ciudad.

Son mil pesos los que paga mensualmente por la renta del inmueble. Al sacar las cuentas, es poco lo que le queda.

Blas es originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde apoyó al Ejército de Salvación a través de colectas, en las que reunían dinero para adquirir los ingredientes que se necesitan para elaborar la comida, que regalan a los más necesitados.

Por cosas del destino y en la búsqueda de un mejor porvenir, se vino a vivir al puerto convencido de lo que dice "El corrido de Mazatlán", melodía de José Alfredo Jiménez, "donde hasta un pobre se siente millonario".

Y aunque no encontró riquezas, asegura sentirse agradecido por el lugar en el que vive, y ya se siente todo un mazatleco.

Tras recorrer un par de pasos, Blas percibió el agradable olor que alertaba sobre la pronta entrega de comida, que dentro de enormes ollas era colocada sobre una larga mesa.

Al quedar al descubierto el menú del día, estofado de salchicha, arroz blanco y frijoles refritos, Blas apretaba los labios, se saboreaba su platillo.

Después de la hora que usa para comer, comenta, se dedica a juntar cartón y botes de aluminio, que vende por kilos para obtener un dinero extra a la semana.

Aunque poco, 30 a 70 pesos por día, reconoce, ese dinero le sirve para comprar la cena: una pieza de pan y un litro de leche, para estar listo e iniciar el siguiente día.

Precisamente, esas pequeñas ganancias han sido vitales para reforzar la alimentación de Blas, quien desde el 23 de marzo acude a solicitar el apoyo de la agrupación altruista.

Desde que comenzó el apoyo que brinda el Ejército de Salvación a las personas que no tienen para comer, han sido distribuidos entre 450 a 460 raciones a la semana (de lunes a viernes).

Recientemente, la cifra de comidas calientes que otorga el organismo altruista se incrementó a mil 300 platos, entre los cuales se encuentra el que diariamente recibe Blas.

Después de dos horas de espera, el chihuahuense recibe su plato acompañado de un vaso con agua de limón, alimentos que guarda en una bolsa para llevarlos a su casa, pues no solo él los consumirá.

Y es que en la vida de este hombre hay una mujer que desde hace cuatro años es su pareja, con ella comparte todo lo que logra, e inclusive hasta la misma comida que le regalan.



Hay que ser compartido con las personas que quieres, y más con aquellas que te ayudan, así como lo hacen aquí, en el Ejército de Salvación, donde nos apoyan con la alimentación Blas Hernández



Con su plato de comida dentro de una bolsa, Blas se retira de la avenida Gutiérrez Nájera, para ir en búsqueda de su pareja, con quien compartirá los sagrados alimentos para después seguir con sus labores, esas que le dan poco dinero, pero que le ayudan a sobrevivir en medio de la precariedad en la que vive.

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PARA SABER

Blas es originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, pero desde hace unos años vive en el puerto, a donde llegó guiado por la letra del "Corrido de Mazatlán", que dice que aquí "hasta un pobre se siente millonario".

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250 comidas al día, en promedio, ofrece el Ejército de Salvación a los más necesitados de lunes a viernes.







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