/ sábado 20 de noviembre de 2021

Historias del Sur: El piloto “de acero” de Escuinapa

En su trabajo como piloto aviador, el “Tracy” ha sobrevivido a 28 accidentes aéreos

Escuinapa, Sin.- El amor que le tiene a las alturas y el gusto por volar estuvieron a punto de quitarle la vida a Marco Vinicio Lizárraga Tracy, un hombre de ahora 60 años que puede platicar sus anécdotas después de haber sobrevivido a 28 accidentes en avionetas.

El “Tracy”, como se le conoce por su segundo apellido, quien desde hace 20 años se ha dedicado a laborar en los diferentes cuerpos de auxilio y rescate de Escuinapa, relató cómo es que surgió el amor por volar avionetas, lo cual lo realizó prácticamente durante toda su juventud.

El gusto por volar lo trae prácticamente en la sangre, ya que su padre, Humberto Lizárraga Osuna, formó parte de las primeras generaciones de pilotos aviadores y de los primeros en llevar a cabo este trabajo en Sinaloa.

“Mi papá fue de los primeros pilotos de avionetas en Sinaloa, él tenía su propio negocio ahí en Culiacán, ahí vivíamos y desde pequeño a mí me tocaba mirarlo trabajar, siempre pegado con él en su avioneta, me gustaba verlo hacer su trabajo, de ahí fue donde me viene a mí, lo traigo en la sangre”.

Comenta que fue a los 14 años de edad cuando tuvo la primera experiencia en volar una aeronave, una BOEING PT17 a la cual le llamaban “STIRMAN”.

“Me acuerdo que éramos un grupo como de seis plebes, todos hijos de pilotos casi de la misma edad, nos íbamos ahí a Navolato a volar, teníamos una pista como de tres kilómetros de largo, nos robábamos la avioneta y nos íbamos a pilotear”.

Sería hasta los 20 años de edad cuando inició ya a trabajar de manera formal en la empresa que su padre, don Humberto Lizárraga tenía, en ese entonces su aprendizaje no fue en escuela, sino empírico, ya que todo lo había aprendido de su padre, pero posteriormente para poder obtener la licencia para poder volar, se vio obligado a ingresar a diferentes cursos.

Después de dos años de trabajo duro, ya a los 22 años de edad logró cumplir uno de sus sueños, que fue tener su propia avioneta, una PAWNEE PA25-235, la cual logró comprar con sus ahorros.

“Yo siempre dije que iba a tener mi avioneta, pues lo logré, pero seguí trabajando con mi papá, así duramos varios años trabajando juntos, mi papá tenía mucho trabajo, era reconocido por eso”.

Después de 12 años de haber comprado su avioneta, ya con 34 años de edad, se separa de su papá e inicia camino por su propia cuenta, es cuando decide ir a explorar en Escuinapa, ya que de ahí era su esposa, pero poco duraron ahí.

“Se vino una crisis muy fea, la agricultura estaba muy tronada, el negocio de la fumigación ya no estaba dando aquí, hubo que buscarle por otro”.

Fue cuando junto con su padre decidieron vender sus avionetas, tomaron estas y partieron a Mexicali, allá estaba la persona quien habría de comprarles sus aeronaves. Al llegar allá les pagaron la de su papá, pero la de él quedó pendiente.

“Me ofreció trabajo esta persona que nos iba a comprar las avionetas y pues aproveché la oportunidad, este señor había pagado unas deudas que yo había obtenido para reparar mi avioneta y con trabajo le pagué ese dinero, ya no hubo necesidad de venderla y seguí trabajando con él”.

Durante más de 15 años, Marco Vinicio había tenido un total 27 accidentes en avionetas, percances los cuales considera habían sido menores, ya que, en todos ellos, los daños solamente habían sido en la avioneta sin sufrir él daños severos.

Su suerte cambió el 23 de julio de 1997, ese día se encontraba realizando fumigaciones en un campo del poblado de Benito Juárez, después de haber trabajado prácticamente todo el día y haber levantado la avioneta ya en 30 ocasiones, eran las 7:15 de la tarde, era el último vuelo del día que iba hacer.

Ahí fue cuando inició una pesadilla que duró casi dos años, ya que al levantar la avioneta y estar a una altura de aproximadamente 50 metros, realizó una maniobra para esquivar una línea de árboles que se encontraban en el campo.

“Ahí fue cuando sentí que el motor estaba fallando y de pronto se apagó, la avioneta se vino abajo, intenté meter la palanca de emergencia para soltar la carga de la avioneta, pero esta nunca entró, fue hasta ahí cuando se me borró todo, hasta ahí quedó mi recuerdo”.

Por pláticas de quienes les tocó auxiliarlo, que fueron los Bomberos del poblado, dice que tenían la creencia de que había muerto ya que no lo miraron salir nunca de la avioneta, pero fue un banderillero quien se acercó a la avioneta y se percató que estaba con vida, fue entonces cuando se accionaron los protocolos de emergencia y fue trasladado con múltiples heridas y lesiones a un hospital y posteriormente fue trasladado a uno de especialidades.

Ese accidente lo mantuvo hospitalizado durante un año y medio, además de dejarlo incapacitado para poder volver a pilotear una avioneta de manera oficial.

Posterior a su accidente y poder trabajar, se le presentó la oportunidad de ingresar a la corporación de Protección Civil en donde se ha mantenido por muchos años sirviendo a la ciudadanía.



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Escuinapa, Sin.- El amor que le tiene a las alturas y el gusto por volar estuvieron a punto de quitarle la vida a Marco Vinicio Lizárraga Tracy, un hombre de ahora 60 años que puede platicar sus anécdotas después de haber sobrevivido a 28 accidentes en avionetas.

El “Tracy”, como se le conoce por su segundo apellido, quien desde hace 20 años se ha dedicado a laborar en los diferentes cuerpos de auxilio y rescate de Escuinapa, relató cómo es que surgió el amor por volar avionetas, lo cual lo realizó prácticamente durante toda su juventud.

El gusto por volar lo trae prácticamente en la sangre, ya que su padre, Humberto Lizárraga Osuna, formó parte de las primeras generaciones de pilotos aviadores y de los primeros en llevar a cabo este trabajo en Sinaloa.

“Mi papá fue de los primeros pilotos de avionetas en Sinaloa, él tenía su propio negocio ahí en Culiacán, ahí vivíamos y desde pequeño a mí me tocaba mirarlo trabajar, siempre pegado con él en su avioneta, me gustaba verlo hacer su trabajo, de ahí fue donde me viene a mí, lo traigo en la sangre”.

Comenta que fue a los 14 años de edad cuando tuvo la primera experiencia en volar una aeronave, una BOEING PT17 a la cual le llamaban “STIRMAN”.

“Me acuerdo que éramos un grupo como de seis plebes, todos hijos de pilotos casi de la misma edad, nos íbamos ahí a Navolato a volar, teníamos una pista como de tres kilómetros de largo, nos robábamos la avioneta y nos íbamos a pilotear”.

Sería hasta los 20 años de edad cuando inició ya a trabajar de manera formal en la empresa que su padre, don Humberto Lizárraga tenía, en ese entonces su aprendizaje no fue en escuela, sino empírico, ya que todo lo había aprendido de su padre, pero posteriormente para poder obtener la licencia para poder volar, se vio obligado a ingresar a diferentes cursos.

Después de dos años de trabajo duro, ya a los 22 años de edad logró cumplir uno de sus sueños, que fue tener su propia avioneta, una PAWNEE PA25-235, la cual logró comprar con sus ahorros.

“Yo siempre dije que iba a tener mi avioneta, pues lo logré, pero seguí trabajando con mi papá, así duramos varios años trabajando juntos, mi papá tenía mucho trabajo, era reconocido por eso”.

Después de 12 años de haber comprado su avioneta, ya con 34 años de edad, se separa de su papá e inicia camino por su propia cuenta, es cuando decide ir a explorar en Escuinapa, ya que de ahí era su esposa, pero poco duraron ahí.

“Se vino una crisis muy fea, la agricultura estaba muy tronada, el negocio de la fumigación ya no estaba dando aquí, hubo que buscarle por otro”.

Fue cuando junto con su padre decidieron vender sus avionetas, tomaron estas y partieron a Mexicali, allá estaba la persona quien habría de comprarles sus aeronaves. Al llegar allá les pagaron la de su papá, pero la de él quedó pendiente.

“Me ofreció trabajo esta persona que nos iba a comprar las avionetas y pues aproveché la oportunidad, este señor había pagado unas deudas que yo había obtenido para reparar mi avioneta y con trabajo le pagué ese dinero, ya no hubo necesidad de venderla y seguí trabajando con él”.

Durante más de 15 años, Marco Vinicio había tenido un total 27 accidentes en avionetas, percances los cuales considera habían sido menores, ya que, en todos ellos, los daños solamente habían sido en la avioneta sin sufrir él daños severos.

Su suerte cambió el 23 de julio de 1997, ese día se encontraba realizando fumigaciones en un campo del poblado de Benito Juárez, después de haber trabajado prácticamente todo el día y haber levantado la avioneta ya en 30 ocasiones, eran las 7:15 de la tarde, era el último vuelo del día que iba hacer.

Ahí fue cuando inició una pesadilla que duró casi dos años, ya que al levantar la avioneta y estar a una altura de aproximadamente 50 metros, realizó una maniobra para esquivar una línea de árboles que se encontraban en el campo.

“Ahí fue cuando sentí que el motor estaba fallando y de pronto se apagó, la avioneta se vino abajo, intenté meter la palanca de emergencia para soltar la carga de la avioneta, pero esta nunca entró, fue hasta ahí cuando se me borró todo, hasta ahí quedó mi recuerdo”.

Por pláticas de quienes les tocó auxiliarlo, que fueron los Bomberos del poblado, dice que tenían la creencia de que había muerto ya que no lo miraron salir nunca de la avioneta, pero fue un banderillero quien se acercó a la avioneta y se percató que estaba con vida, fue entonces cuando se accionaron los protocolos de emergencia y fue trasladado con múltiples heridas y lesiones a un hospital y posteriormente fue trasladado a uno de especialidades.

Ese accidente lo mantuvo hospitalizado durante un año y medio, además de dejarlo incapacitado para poder volver a pilotear una avioneta de manera oficial.

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