/ sábado 21 de diciembre de 2019

Hermilo Cortez trabaja la madera con pasión

Siguió los pasos de su padre al ingresar al Batallón de Infantería, pero su destino estaba en la carpintería

Era el 7 de enero de 1977 cuando Hermilo Cortez Díaz, con 22 años, llegó junto a sus papás a Mazatlán, procedentes de Veracruz. Su padre, de nombre Pedro Cortez Páez, era militar del Octavo Batallón de Infantería que venía a establecerse en el puerto.

El cuartel en aquellos años era puro monte, no estaba bardeado como ahora, eran puros postes con alambres de púas y habían muchas mujeres de la calle, las mujeres llegaban y buscaban a los militares y amanecían por todos lados desnudas, en aquellos años se prestaba para todo eso Hermilo Cortez Díaz


Antes de venirse a la ciudad tenía un trabajo en una refinería de Pemex, era todavía civil, pero estaba a punto de unirse a las filas del Batallón. Ingresó el 1 de abril de 1977 y prestó su servicio por 12 años. Causó baja en 1989, debido al bajo salario que percibía, por lo que tenía que decidir en qué iba a trabajar.

Su padre le había proporcionado los primeros conocimientos en carpintería, pero fue en el Cuartel Militar donde lo comisionaron para hacerse cargo del taller, había carpinteros que tenían hasta 20 años de servicio y no sabían hacer lo que Hermilo, desde entonces y hasta la fecha ha desempeñado con gran orgullo el oficio.


Tenía conocimientos de carpintería, mi papá también era militar, él tenía trabajos que le pasaban sus compañeros del cuartel, como yo estaba chamaco me ponía a cortar tablas, práctica nunca tuve, lo aprendí viendo, pero como a mí me gustaba, se me hizo fácil Hermilo Cortez Díaz


Recuerda que por aquellos días salió un artículo que decía que los cabos que tenían 35 años de edad se podían retirar con derecho a compensación, para ese entonces Hermilo ya tenía una esposa y cuatro hijos que mantener, el sueldo de los militares no era tan alto y con lo que le pagaban no le alcanzaba.

En el cuartel aprendió también albañilería, oficio al que se dedicó a su salida del cuartel, pues no tenía trabajo. Un compañero lo contactó para que le construyera su casa, acordaron un precio y Hermilo empezó a trabajar solo, en sólo mes y medio terminó la casa: una sala, una cocina y dos recámaras con todo y piso.

El mismo día en que terminó la obra, un conocido lo invitó a trabajar en el taller de carpintería en el que él laboraba, al día siguiente fue a pedir trabajo, lo recibió el dueño y le dio una mala noticia, no tenía trabajo ya, aún así le dio la oportunidad de trabajar tan sólo una semana para que llevara dinero a su casa.

El sábado era el día de paga, antes solo se trabajaba hasta los viernes, pasó con la secretaria por su sobre de pago y estaba esperando al patrón para darle las gracias. Hermilo recuerda que ese día despidieron a ocho carpinteros, y él, por petición del dueño, se quedó a trabajar en el taller.


Nos quedamos como algunos 20 al último y yo me quedé de planta, no supe ni por qué. En ese entonces se hizo el primer Pueblo Bonito en Cabos San Lucas. A mí me pagaban 185 pesos semanales, cuando mi sueldo en el Ejército era de 180 por 12 días y mi primer sueldo en Los Cabos fue de mil pesos libres mensuales Hermilo Cortez Díaz


Pero entonces, cuando se le estaba pagando a los trabajadores se metieron unos asaltantes y su jefe perdió la vida al tratar de defender a los presentes. Hermilo siguió trabajando con el socio, pero poco a poco empezó a agarrar clientes por fuera.

“Milo”, como le llaman de cariño sus familiares, trabajó en otro taller más hasta que se independizó. Lleva ya 30 años como carpintero y ha realizado trabajos en Cosalá, Culiacány Guadalajara.

Un accidente

Hace siete años, mientras trabajaba, “Milo” tuvo un accidente en el que perdió el dedo anular y meñique de la mano izquierda.

“Me quedó una tablita por cortar, era de huanacaxtle, empecé a cortar y se me atoraba, era con una cortadora circular yo mire una gotita de sangre y yo seguía cortando la tabla, no me había dado cuenta que me estaba agarrando la mano, fue haciendo surco en el hueso, me tumbó los dos dedos y yo nunca me di cuenta, yo seguí empujando la tablita, ya me había cortado los dedos”.

De repente, “Milo” miró más puntos de sangre y fue cuando empezó a sentir frío en la mano, hasta entonces se dio cuenta que le faltaba los dos dedos, todavía buscó sus restos entre las barreduras, pero no los encontró.

“Me llevaron a la Cruz Roja donde trabaja mi esposa, ella es enfermera, me checó el doctor, me curó bien y después de hablar con ella entré a quirófano, recibí 75 puntadas desde el antebrazo hasta la parte de los dedos, fueron casi 4 horas de operación”.

Te puede interesar: Se mueve Raúl al ritmo del acordeón en Mazatlán

“Milo” hoy tiene 64 años y a pesar de haber nacido en el estado de Morelos, se siente mazatleco de corazón. Comparte su vida con su esposa, cuatro hijos, siete nietos y un bisnieto.

Y aunque le faltan dos dedos de una de sus manos, él sigue trabajando. Acondicionó un taller de carpintería en la segunda planta de su casa, ubicada en la calle 13 de abril de la colonia Benito Juárez, desde donde atiende a la clientela que llega a pedirle cualquier mueble. El Batallón de Infantería fue su formación, pero en la carpintería encontró su forma de vida y la pasión por una actividad que lo llena de entusiasmo.

El taller de Hermilo está ubicado en la segunda planta de su casa. Jesús Guzmán │El Sol de Mazatlán

DATOS

1977 fue el año en que Hermilo Cortez llegó a Mazatlán.

12 años estuvo en el Batallón de Infantería.

30 años lleva como carpintero.

2 dedos de su mano izquierda perdió cuando cortaba madera.


Lee más aquí:


Era el 7 de enero de 1977 cuando Hermilo Cortez Díaz, con 22 años, llegó junto a sus papás a Mazatlán, procedentes de Veracruz. Su padre, de nombre Pedro Cortez Páez, era militar del Octavo Batallón de Infantería que venía a establecerse en el puerto.

El cuartel en aquellos años era puro monte, no estaba bardeado como ahora, eran puros postes con alambres de púas y habían muchas mujeres de la calle, las mujeres llegaban y buscaban a los militares y amanecían por todos lados desnudas, en aquellos años se prestaba para todo eso Hermilo Cortez Díaz


Antes de venirse a la ciudad tenía un trabajo en una refinería de Pemex, era todavía civil, pero estaba a punto de unirse a las filas del Batallón. Ingresó el 1 de abril de 1977 y prestó su servicio por 12 años. Causó baja en 1989, debido al bajo salario que percibía, por lo que tenía que decidir en qué iba a trabajar.

Su padre le había proporcionado los primeros conocimientos en carpintería, pero fue en el Cuartel Militar donde lo comisionaron para hacerse cargo del taller, había carpinteros que tenían hasta 20 años de servicio y no sabían hacer lo que Hermilo, desde entonces y hasta la fecha ha desempeñado con gran orgullo el oficio.


Tenía conocimientos de carpintería, mi papá también era militar, él tenía trabajos que le pasaban sus compañeros del cuartel, como yo estaba chamaco me ponía a cortar tablas, práctica nunca tuve, lo aprendí viendo, pero como a mí me gustaba, se me hizo fácil Hermilo Cortez Díaz


Recuerda que por aquellos días salió un artículo que decía que los cabos que tenían 35 años de edad se podían retirar con derecho a compensación, para ese entonces Hermilo ya tenía una esposa y cuatro hijos que mantener, el sueldo de los militares no era tan alto y con lo que le pagaban no le alcanzaba.

En el cuartel aprendió también albañilería, oficio al que se dedicó a su salida del cuartel, pues no tenía trabajo. Un compañero lo contactó para que le construyera su casa, acordaron un precio y Hermilo empezó a trabajar solo, en sólo mes y medio terminó la casa: una sala, una cocina y dos recámaras con todo y piso.

El mismo día en que terminó la obra, un conocido lo invitó a trabajar en el taller de carpintería en el que él laboraba, al día siguiente fue a pedir trabajo, lo recibió el dueño y le dio una mala noticia, no tenía trabajo ya, aún así le dio la oportunidad de trabajar tan sólo una semana para que llevara dinero a su casa.

El sábado era el día de paga, antes solo se trabajaba hasta los viernes, pasó con la secretaria por su sobre de pago y estaba esperando al patrón para darle las gracias. Hermilo recuerda que ese día despidieron a ocho carpinteros, y él, por petición del dueño, se quedó a trabajar en el taller.


Nos quedamos como algunos 20 al último y yo me quedé de planta, no supe ni por qué. En ese entonces se hizo el primer Pueblo Bonito en Cabos San Lucas. A mí me pagaban 185 pesos semanales, cuando mi sueldo en el Ejército era de 180 por 12 días y mi primer sueldo en Los Cabos fue de mil pesos libres mensuales Hermilo Cortez Díaz


Pero entonces, cuando se le estaba pagando a los trabajadores se metieron unos asaltantes y su jefe perdió la vida al tratar de defender a los presentes. Hermilo siguió trabajando con el socio, pero poco a poco empezó a agarrar clientes por fuera.

“Milo”, como le llaman de cariño sus familiares, trabajó en otro taller más hasta que se independizó. Lleva ya 30 años como carpintero y ha realizado trabajos en Cosalá, Culiacány Guadalajara.

Un accidente

Hace siete años, mientras trabajaba, “Milo” tuvo un accidente en el que perdió el dedo anular y meñique de la mano izquierda.

“Me quedó una tablita por cortar, era de huanacaxtle, empecé a cortar y se me atoraba, era con una cortadora circular yo mire una gotita de sangre y yo seguía cortando la tabla, no me había dado cuenta que me estaba agarrando la mano, fue haciendo surco en el hueso, me tumbó los dos dedos y yo nunca me di cuenta, yo seguí empujando la tablita, ya me había cortado los dedos”.

De repente, “Milo” miró más puntos de sangre y fue cuando empezó a sentir frío en la mano, hasta entonces se dio cuenta que le faltaba los dos dedos, todavía buscó sus restos entre las barreduras, pero no los encontró.

“Me llevaron a la Cruz Roja donde trabaja mi esposa, ella es enfermera, me checó el doctor, me curó bien y después de hablar con ella entré a quirófano, recibí 75 puntadas desde el antebrazo hasta la parte de los dedos, fueron casi 4 horas de operación”.

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“Milo” hoy tiene 64 años y a pesar de haber nacido en el estado de Morelos, se siente mazatleco de corazón. Comparte su vida con su esposa, cuatro hijos, siete nietos y un bisnieto.

Y aunque le faltan dos dedos de una de sus manos, él sigue trabajando. Acondicionó un taller de carpintería en la segunda planta de su casa, ubicada en la calle 13 de abril de la colonia Benito Juárez, desde donde atiende a la clientela que llega a pedirle cualquier mueble. El Batallón de Infantería fue su formación, pero en la carpintería encontró su forma de vida y la pasión por una actividad que lo llena de entusiasmo.

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