/ sábado 5 de enero de 2019

Enfermera de Mazatlán está orgullosa de ayudar a los demás

Ser enfermera, fue para Noemí la mejor decisión que pudo haber tomado por consejo de su mamá

Mazatlán, Sinaloa.- Para Noemí Huape Abad, su mamá, doña Genoveva, es un gran ejemplo por el cual sale adelante día con día, que la impulsa a trabajar por el bienestar de las personas que le rodean.

“No quería estudiar Enfermería porque yo veía a mi mamá que era algo muy pesado. Llegaba cansada y le teníamos que sobar los pies, era un trabajo que veía muy estresante”, expresa.

Entonces estudió Computación y Diseño Gráfico e iba bien, pero no se le daba el dibujo.

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Noemí Huape Abad, junto a su mamá doña Genoveva


Finalmente, estudié Enfermería. La sorpresa fue que me gustó y me hice enfermera”, recuerda.

Fue doña Genoveva quién la motivó a asistir a los pacientes, al igual que ella lo hace activamente en el IMSS, desde hace 28 años, en la profesión de servir.

En su matrimonio, desde los 20 años de edad, ahora tiene 36, se ha visto gratamente apoyada en esta carrera que eligió; tres años después de haber tomado un camino distinto a la Medicina.

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Enfermera de Mazatlán está orgullosa de ayudar a los demás


Egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa, de la carrera de Enfermería, Huape Abad reconoce que ha tenido suerte en este ámbito que es altamente demandante para el ser humano, pues se trata de una profesión que requiere de constante capacitación.

El servicio que se conmemora este 6 de enero, instituido en 1931 como el Día de la Enfermera y Enfermero, se califica como un “regalo de reyes” para los pacientes, ya que de ellos reciben el tratamiento para sus enfermedades.

“A mí me han tratado muy bien, me ha tocado gente muy buena en la carrera. A mí me gusta el servicio que me pongan, si no lo conozco me pongo a estudiar. Siempre debe haber actualización. Estoy en un plan piloto de cateterismo, me puse a leer y estudiar procedimientos, preparándome cada vez más y ahora a un año he visto mucha diferencia con los compañeros a los que incluso les he transmitido”, describe.

Enfermera de Mazatlán está orgullosa de ayudar a los demás


EL VALOR DE UNA COFIA

A través del tiempo, la cofia ha salvado la integridad de quienes aspiran a salir de sus hogares a brindar un servicio que reproduzca bienestar a los enfermos.

Ese aparente ornamento, evoca un significado, una promesa de compromiso hacia la sociedad y, para quien la porta es un complemento de identificación importante.

“Ponerme el uniforme ha sido un ritual, desde ponerme las medias hasta la cofia, no me siento a gusto sin el uniforme y la cofia es fundamental. Totalmente es el símbolo de una enfermera, algunas instituciones no las usan, pero es parte de nuestro uniforme y ponérmela es estar en servicio”, reconoció.

EL SERVICIO PORTEÑO

Actualmente es enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social, ha sido parte de la transformación que busca mejorar la atención al paciente.

“En los años 40, del siglo XIX, recordamos a las primeras enfermeras que eran monjas, ellas servían a la comunidad de Mazatlán que en ese entonces no era ni la mitad de los habitantes que somos ahora. Definitivamente la peste trajo un serio cambio en el puerto de comercialización”, recordó Enrique Vega Ayala, cronista de la Ciudad.

Antes, Mazatlán ya tenía una tradición en centros hospitalarios, que se inició con el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, en 1900, a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.

El lugar también se conocía como la Casa de la Caridad de las Hermanas de San Vicente de Paul, pero fue el Hospital Civil, ubicado en Zaragoza (Miradores) y Rosales, a cargo del Dr. Martiniano Carvajal, donde se puede reseñar la importancia que cobraron los servicios de salud en el puerto ante el grave problema que atrajo la peste bubónica.

MARCA PESTE BUBÓNICA EL INICIO DE SERVICIOS DE SALUD

Un marinero chileno que descendió del buque Curazao, el 13 de octubre de 1902, proveniente de San Francisco, California, deambuló por varios días por las calles del puerto. Desvariaba de fiebre y fue llevado al Hospital Civil, donde días después murió.

Pero el mal ya estaba hecho: dos meses después de su muerte se detectaron los primeros casos de peste bubónica, enfermedad incurable, y de ahí la epidemia que mató a decenas en Mazatlán.

Fue entonces que el Hospital Civil inició su auge. El primer nosocomio en la ciudad fue fundado en 1883 con el nombre de Hospital de Distrito.

En 1888 el municipio se coordinó con el Ministerio de Salud para un nuevo proyecto, el cual se efectuó en dos momentos por su gran dimensión: primero se edificó en la calle de Arsenal (hoy Venustiano Carranza) y posteriormente entre la calle Miradores, hoy Zaragoza, y Rosales, donde funcionaba a cargo del Dr. Martiniano Carvajal, quien se hizo cargo de atacar la epidemia.

Fue durante la Revolución Mexicana cuando se le dio el nombre de Hospital Municipal, lo que no duró mucho, pues en 1922 se renombró Hospital Civil por órdenes del Ayuntamiento.

Mazatlán sobrevivió mucho años con ese único hospital, que para los años 40 del siglo pasado, tenía una sola planta, se integraba por salas en las que se ofrecía atención: Sala Mendía, a mujeres heridas y politraumatizadas; Sala Amparo, maternidad; Sala Echeguren, medicina de hombres; Sala Tamiz, para meretrices con enfermedades venéreas; Sala infantil, Sala de infecciosos curables e incurables; y, Sala de Bartolinas, para pacientes psiquiátricos.

Hay un dato curioso en la historia de los hospitales. El gobierno de Estados Unidos planteó construir un hospital de 500 camas, que servirían como apoyo logístico a las actividades bélicas del Pacífico durante la II Guerra Mundial, mismo que se inició en 1944.

Actualmente, el puerto cuenta con cuatro instituciones médicas públicas, IMSS 003, IMSS 045, Issste, Clínica del Issste en Prados del Sol; además de las clínicas privadas y los sanatorios del Centro de la Ciudad.

Mazatlán, Sinaloa.- Para Noemí Huape Abad, su mamá, doña Genoveva, es un gran ejemplo por el cual sale adelante día con día, que la impulsa a trabajar por el bienestar de las personas que le rodean.

“No quería estudiar Enfermería porque yo veía a mi mamá que era algo muy pesado. Llegaba cansada y le teníamos que sobar los pies, era un trabajo que veía muy estresante”, expresa.

Entonces estudió Computación y Diseño Gráfico e iba bien, pero no se le daba el dibujo.

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Noemí Huape Abad, junto a su mamá doña Genoveva


Finalmente, estudié Enfermería. La sorpresa fue que me gustó y me hice enfermera”, recuerda.

Fue doña Genoveva quién la motivó a asistir a los pacientes, al igual que ella lo hace activamente en el IMSS, desde hace 28 años, en la profesión de servir.

En su matrimonio, desde los 20 años de edad, ahora tiene 36, se ha visto gratamente apoyada en esta carrera que eligió; tres años después de haber tomado un camino distinto a la Medicina.

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Enfermera de Mazatlán está orgullosa de ayudar a los demás


Egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa, de la carrera de Enfermería, Huape Abad reconoce que ha tenido suerte en este ámbito que es altamente demandante para el ser humano, pues se trata de una profesión que requiere de constante capacitación.

El servicio que se conmemora este 6 de enero, instituido en 1931 como el Día de la Enfermera y Enfermero, se califica como un “regalo de reyes” para los pacientes, ya que de ellos reciben el tratamiento para sus enfermedades.

“A mí me han tratado muy bien, me ha tocado gente muy buena en la carrera. A mí me gusta el servicio que me pongan, si no lo conozco me pongo a estudiar. Siempre debe haber actualización. Estoy en un plan piloto de cateterismo, me puse a leer y estudiar procedimientos, preparándome cada vez más y ahora a un año he visto mucha diferencia con los compañeros a los que incluso les he transmitido”, describe.

Enfermera de Mazatlán está orgullosa de ayudar a los demás


EL VALOR DE UNA COFIA

A través del tiempo, la cofia ha salvado la integridad de quienes aspiran a salir de sus hogares a brindar un servicio que reproduzca bienestar a los enfermos.

Ese aparente ornamento, evoca un significado, una promesa de compromiso hacia la sociedad y, para quien la porta es un complemento de identificación importante.

“Ponerme el uniforme ha sido un ritual, desde ponerme las medias hasta la cofia, no me siento a gusto sin el uniforme y la cofia es fundamental. Totalmente es el símbolo de una enfermera, algunas instituciones no las usan, pero es parte de nuestro uniforme y ponérmela es estar en servicio”, reconoció.

EL SERVICIO PORTEÑO

Actualmente es enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social, ha sido parte de la transformación que busca mejorar la atención al paciente.

“En los años 40, del siglo XIX, recordamos a las primeras enfermeras que eran monjas, ellas servían a la comunidad de Mazatlán que en ese entonces no era ni la mitad de los habitantes que somos ahora. Definitivamente la peste trajo un serio cambio en el puerto de comercialización”, recordó Enrique Vega Ayala, cronista de la Ciudad.

Antes, Mazatlán ya tenía una tradición en centros hospitalarios, que se inició con el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, en 1900, a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.

El lugar también se conocía como la Casa de la Caridad de las Hermanas de San Vicente de Paul, pero fue el Hospital Civil, ubicado en Zaragoza (Miradores) y Rosales, a cargo del Dr. Martiniano Carvajal, donde se puede reseñar la importancia que cobraron los servicios de salud en el puerto ante el grave problema que atrajo la peste bubónica.

MARCA PESTE BUBÓNICA EL INICIO DE SERVICIOS DE SALUD

Un marinero chileno que descendió del buque Curazao, el 13 de octubre de 1902, proveniente de San Francisco, California, deambuló por varios días por las calles del puerto. Desvariaba de fiebre y fue llevado al Hospital Civil, donde días después murió.

Pero el mal ya estaba hecho: dos meses después de su muerte se detectaron los primeros casos de peste bubónica, enfermedad incurable, y de ahí la epidemia que mató a decenas en Mazatlán.

Fue entonces que el Hospital Civil inició su auge. El primer nosocomio en la ciudad fue fundado en 1883 con el nombre de Hospital de Distrito.

En 1888 el municipio se coordinó con el Ministerio de Salud para un nuevo proyecto, el cual se efectuó en dos momentos por su gran dimensión: primero se edificó en la calle de Arsenal (hoy Venustiano Carranza) y posteriormente entre la calle Miradores, hoy Zaragoza, y Rosales, donde funcionaba a cargo del Dr. Martiniano Carvajal, quien se hizo cargo de atacar la epidemia.

Fue durante la Revolución Mexicana cuando se le dio el nombre de Hospital Municipal, lo que no duró mucho, pues en 1922 se renombró Hospital Civil por órdenes del Ayuntamiento.

Mazatlán sobrevivió mucho años con ese único hospital, que para los años 40 del siglo pasado, tenía una sola planta, se integraba por salas en las que se ofrecía atención: Sala Mendía, a mujeres heridas y politraumatizadas; Sala Amparo, maternidad; Sala Echeguren, medicina de hombres; Sala Tamiz, para meretrices con enfermedades venéreas; Sala infantil, Sala de infecciosos curables e incurables; y, Sala de Bartolinas, para pacientes psiquiátricos.

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