/ sábado 14 de diciembre de 2019

El cerrajero de Mazatlán: Para el Ovalle no hay ‘puertas’ cerradas

El ser buen observador le ayudó a adquirir los conocimientos para aprender la cerrajería, actividad a la que se dedica desde hace cinco décadas

Mazatlán Sin.- En 1980 nació en Mazatlán la cerrajería Ovalle, donde José Ovalle Durán auxilia a las personas que por alguna razón se quedan sin sus llaves y no pueden entrar o salir de sus casas.



Entre limas y cortadoras, el experimentado cerrajero le dio vida a un negocio que es ícono del puerto, el cual se encuentra ubicado por la calle Benito Juárez al llegar a Genaro Estrada.

Para él no hay imposibles, cualquier candado, cerrojo o chapa puede ser abierto gracias a sus habilidades y conocimientos, de un oficio que no pasa de moda a pesar de los avances tecnológicos, ya que desde la década de los 80’s hace uso de las mismas herramientas. Por eso la fama que tiene en el puerto: “para el Ovalle no hay puertas cerradas”.

Causas y cosas del destino, así como la necesidad, asegura, fueron los factores que hicieron que se metiera al mundo de las llaves y los candados, cuyos conocimientos aprendió al observar a su cuñado, quien se dedicaba al negocio.

Tras hacerse novio de la hermana de Jesús Gómez Anguiano, relata, tenía muchas oportunidades de observar los movimientos que él hacía en el mostrador de su establecimiento para elaborar una llave. La técnica empleada atrajeron la atención de quien en ese entonces se dedicaba a la pesca deportiva, cuya remuneración no era del todo buena.

Por cosas del destino, se quedó sin empleo en la flota pesquera en la que trabajaba y la CROM, organismo sindical al que pertenecía, le asignó “por mientras” una oficina donde había un viejo escritorio con 7 chapas, las cuales no podían ser abiertas.

Por su propia cuenta, comenta, acudió con su cuñado a pedirle herramienta para elaborar las llaves que necesitaba.

Durante todo un día, el inexperto cerrajero se ocupó en realizar las labores para poder abrir los cerrojos con una sola llave, acción que dejó asombrados a todos.

La buena labor realizada por el nobel cerrajero atrajo la atención de su cuñado, quien le dio trabajo por un sueldo diarios de 25 pesos, 10 pesos menos del que oficialmente pagaba cualquier empresa.

Con la promesa de un 30% por las actividades hechas, “El Ovalle” no vio ningún aumento en su salario, tras ofrecer sus servicios en una pequeña cerrajería que se ubicaba por la calle Morelos, casi esquina con Antonio Rosales.

Lamentablemente, una mala operación en la renta del local hizo que Ovalle Durán se quedara sin un lugar para trabajar, por lo que tuvo que laborar en el negocio del hermano de su esposa.

Al paso de los días, el cerrajeroconoció a la persona que cambiaría el rumbo de su oficio y quien lo ayudaría a convertirse en lo que ahora es.

Don José fue llamado a laborar por uncliente a quien atendió, Alejandro Ruiz, un capitalino que le ofreció 30 pesos diarios, además de que le prestaría el numero de su teléfono para promover su oficio.

“Ahí empecé con él, en una frutería, donde un amigo me ayudó a ir a México para comprar mi maquinita y el material que necesitaba para poder realizar los trabajos solicitados”.

Con la distribución de tarjetas de presentación comenzaron a presentarse las primeras “chambas” para el cerrajero, cuyas ganancias eran completamente netas para él.

Al generar ganancias, decidió emprender el vuelo para independizarse de quien le dio la oportunidad de hacer crecer su trabajo y así establecerse en un nuevo local, ahora propio, que se ubicaba por la calle Aquiles Serdán, a la altura donde hoy se halla la funeraria Renacimiento.

Por un tiempo, el cerrajero salió a las calles a ofrecer su trabajo, estrategia que resultó infructuosa debido a que la gente le tenía desconfianza.

Recuerda que en una ocasión llegó cansado a su casa y le dio 3 pesos su esposa, cantidad con la que por lo menos aseguraba la compra del kilo de tortillas, que en ese entonces tenía un costo de 80 centavos.

El poco trabajo que tenía hizo que se endeudara con un amigo, Miguel, quien le fiaba la comida por un buen tiempo y a quien al final de cuentas le tuvo que pagar un “dineral”.

“Bendito Dios todo le pague, todo con las ganancias que obtenía con mi trabajo, por lo que le abonaba cada vez que le pedía comida”.

Una vez repuesto de sus deudas, el comerciante buscó un nuevo local, que se encontraba a un costado de donde se ubicaba el hotel De Alta, donde hoy está la dulcería El Girasol.

Y fue hasta el 3 de enero de 1980 cuando decidió cambiarse a su actual casa, que se encuentra por la calle Genaro Estrada, donde desde entonces atiende a su clientela.

El nuevo inmueble, que con sacrificios construyó, atrajo la atención de personas que no daban crédito a los logros hechos por el “El Ovalle” a través de la elaboración de “llavecitas”.

Desde entonces, indicó, la gente nunca lo perdió de vista, gracias al trabajo que ha realizado, que considera como bueno, y eso se refleja con los constantes servicios que le ofrecen.


Te puede interesar: Leyendas del Sur: ‘La rebelión de los perros’ que se vivió en El Rosario


El paso del tiempo y las enfermedades lo llevaron a someterse a una operación hace apenas un mes, la cual le hizo valorar la vida y apoyarse más en sus seres queridos, entre ellos su trabajador Julio García, quien está hoy al frente de la cerrajería.

La honestidad y accionar del joven cerrajero hicieron que se reflejara en él, por lo que optó por cederle su legado para que continuara con la historia del Ovalle, el cerrajero que le abre cualquier puerta a los mazatlecos.

DATOS

50 años tiene José Ovalle como cerrajero.

1980 fue el año en que José Ovalle inició con la cerrajería Ovalle.

EL LUGAR

La cerrajería Ovalle está ubicada por la calle Benito Juárez esquina con Genaro Estrada.



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Mazatlán Sin.- En 1980 nació en Mazatlán la cerrajería Ovalle, donde José Ovalle Durán auxilia a las personas que por alguna razón se quedan sin sus llaves y no pueden entrar o salir de sus casas.



Entre limas y cortadoras, el experimentado cerrajero le dio vida a un negocio que es ícono del puerto, el cual se encuentra ubicado por la calle Benito Juárez al llegar a Genaro Estrada.

Para él no hay imposibles, cualquier candado, cerrojo o chapa puede ser abierto gracias a sus habilidades y conocimientos, de un oficio que no pasa de moda a pesar de los avances tecnológicos, ya que desde la década de los 80’s hace uso de las mismas herramientas. Por eso la fama que tiene en el puerto: “para el Ovalle no hay puertas cerradas”.

Causas y cosas del destino, así como la necesidad, asegura, fueron los factores que hicieron que se metiera al mundo de las llaves y los candados, cuyos conocimientos aprendió al observar a su cuñado, quien se dedicaba al negocio.

Tras hacerse novio de la hermana de Jesús Gómez Anguiano, relata, tenía muchas oportunidades de observar los movimientos que él hacía en el mostrador de su establecimiento para elaborar una llave. La técnica empleada atrajeron la atención de quien en ese entonces se dedicaba a la pesca deportiva, cuya remuneración no era del todo buena.

Por cosas del destino, se quedó sin empleo en la flota pesquera en la que trabajaba y la CROM, organismo sindical al que pertenecía, le asignó “por mientras” una oficina donde había un viejo escritorio con 7 chapas, las cuales no podían ser abiertas.

Por su propia cuenta, comenta, acudió con su cuñado a pedirle herramienta para elaborar las llaves que necesitaba.

Durante todo un día, el inexperto cerrajero se ocupó en realizar las labores para poder abrir los cerrojos con una sola llave, acción que dejó asombrados a todos.

La buena labor realizada por el nobel cerrajero atrajo la atención de su cuñado, quien le dio trabajo por un sueldo diarios de 25 pesos, 10 pesos menos del que oficialmente pagaba cualquier empresa.

Con la promesa de un 30% por las actividades hechas, “El Ovalle” no vio ningún aumento en su salario, tras ofrecer sus servicios en una pequeña cerrajería que se ubicaba por la calle Morelos, casi esquina con Antonio Rosales.

Lamentablemente, una mala operación en la renta del local hizo que Ovalle Durán se quedara sin un lugar para trabajar, por lo que tuvo que laborar en el negocio del hermano de su esposa.

Al paso de los días, el cerrajeroconoció a la persona que cambiaría el rumbo de su oficio y quien lo ayudaría a convertirse en lo que ahora es.

Don José fue llamado a laborar por uncliente a quien atendió, Alejandro Ruiz, un capitalino que le ofreció 30 pesos diarios, además de que le prestaría el numero de su teléfono para promover su oficio.

“Ahí empecé con él, en una frutería, donde un amigo me ayudó a ir a México para comprar mi maquinita y el material que necesitaba para poder realizar los trabajos solicitados”.

Con la distribución de tarjetas de presentación comenzaron a presentarse las primeras “chambas” para el cerrajero, cuyas ganancias eran completamente netas para él.

Al generar ganancias, decidió emprender el vuelo para independizarse de quien le dio la oportunidad de hacer crecer su trabajo y así establecerse en un nuevo local, ahora propio, que se ubicaba por la calle Aquiles Serdán, a la altura donde hoy se halla la funeraria Renacimiento.

Por un tiempo, el cerrajero salió a las calles a ofrecer su trabajo, estrategia que resultó infructuosa debido a que la gente le tenía desconfianza.

Recuerda que en una ocasión llegó cansado a su casa y le dio 3 pesos su esposa, cantidad con la que por lo menos aseguraba la compra del kilo de tortillas, que en ese entonces tenía un costo de 80 centavos.

El poco trabajo que tenía hizo que se endeudara con un amigo, Miguel, quien le fiaba la comida por un buen tiempo y a quien al final de cuentas le tuvo que pagar un “dineral”.

“Bendito Dios todo le pague, todo con las ganancias que obtenía con mi trabajo, por lo que le abonaba cada vez que le pedía comida”.

Una vez repuesto de sus deudas, el comerciante buscó un nuevo local, que se encontraba a un costado de donde se ubicaba el hotel De Alta, donde hoy está la dulcería El Girasol.

Y fue hasta el 3 de enero de 1980 cuando decidió cambiarse a su actual casa, que se encuentra por la calle Genaro Estrada, donde desde entonces atiende a su clientela.

El nuevo inmueble, que con sacrificios construyó, atrajo la atención de personas que no daban crédito a los logros hechos por el “El Ovalle” a través de la elaboración de “llavecitas”.

Desde entonces, indicó, la gente nunca lo perdió de vista, gracias al trabajo que ha realizado, que considera como bueno, y eso se refleja con los constantes servicios que le ofrecen.


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El paso del tiempo y las enfermedades lo llevaron a someterse a una operación hace apenas un mes, la cual le hizo valorar la vida y apoyarse más en sus seres queridos, entre ellos su trabajador Julio García, quien está hoy al frente de la cerrajería.

La honestidad y accionar del joven cerrajero hicieron que se reflejara en él, por lo que optó por cederle su legado para que continuara con la historia del Ovalle, el cerrajero que le abre cualquier puerta a los mazatlecos.

DATOS

50 años tiene José Ovalle como cerrajero.

1980 fue el año en que José Ovalle inició con la cerrajería Ovalle.

EL LUGAR

La cerrajería Ovalle está ubicada por la calle Benito Juárez esquina con Genaro Estrada.



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