/ sábado 25 de julio de 2020

Crónicas de Ambulancia: El niño que cayó del tercer piso

Las memorias de una veterana se hacen nebulosas por el tiempo o por el dolor; Nora Patricia Heras cuenta su lejana historia

Culiacán, Sin.- Nora Patricia González Heras viene de una estirpe importante dentro de Cruz Roja, generaciones de Heras han pasado por la institución y cuando se conjura ese apellido, es obligado pensar en excelentes paramédicos y socorristas.

Tras ingresar al cuerpo de juventud en 1976, Nora Patricia salió 10 años de la institución para volver al cuerpo de socorros y servir durante las guardias del sábado en la mañana. Junto a sus estudios de enfermería, Heras destacaba por su capacidad de improvisación en emergencias.

Formada en la vieja guardia donde instructores de nombres memorables como: Filiberto Lozoya y Juan Mendívil dictaban conocimientos en un sistema semimilitarizado, Nora Patricia ejercía cada servicio con gran pulcritud y precisión.

32 años después del servicio que su memoria relató, la socorrista veterana se disculpa por lo nebuloso de sus recuerdos, pero tantas memorias se revuelven para no atacar con nostalgia a quien dio su vida por la de los demás.

1988 y Nora Patricia estaba en guardia matutina del sábado, ligeros servicios se esperaban mientras el chófer de la ambulancia ajustaba y calibraba la unidad por cualquier contingencia.


Foto: Cortesía│ Cruz Roja

EL INICIO DE TODO

La radio chirrió y salieron rápido con instrucciones vagas; un niño cayó de una azotea. Van al norte de la ciudad, a los edificios del Infonavit a verificar el hecho. La joven socorrista realizaba su preparación mental para el escenario, pues un paciente infantil nunca es fácil.

Llegaron y rápidamente evaluaron la urgencia un niño de 5 años tendido en el pavimento, inerte y con sangre a su alrededor. Nora lo atendió y para su sorpresa el menor tenía signos vitales, aunque inconsciente ya.

Un nervioso y apesadumbrado hombre se identificó como su padre, le relató a los socorristas los hechos y el porqué del accidente.

Ellos jugaban en la azotea del edificio de 3 pisos de altura, la calurosa mañana se les antojó para divertirse con la manguera y chapotear un rato; una actividad padre e hijo, de esas que no se olvidan en la mente de los niños. Las risas eran tantas que no atendieron la cercanía del transformador eléctrico de la esquina. Un chorro de agua lo hizo estallar en corto circuito aventando así al menor con fuerza hacia el vacío.

Fractura de cráneo y huesos varios. Un milagro que esté vivo, pensó, Patricia. Pero milagro otro milagro se necesitaba para poder llevarlo al hospital. Así salieron a prisa en la ambulancia. Nora Heras estaba nerviosa y sus movimientos eran lentos, atender a un niño dobla cualquier experiencia y precisión.

Al ver el flácido cuerpo de ese menor, al fin pudo controlarse y lo canalizó, así provendría un paro y potenciales problemas en el traslado. Ambos socorros no se explicaban bien el porqué seguía vivo, pero no había tiempo de detenerse a pensar.

La más joven de las Heras en ese entonces, logró mantener al pequeño con signos estables y llegar al hospital en las mejores condiciones. La socorrista cuenta que después de entregar el paciente pediátrico a los médicos su memoria se torna nebulosa y se le confunden los recuerdos, no sabe qué pasó con él, tampoco recuerda si lo preguntó.

Reflexiona y medita sobre el hecho, tres décadas después ella desea que aquel niño haya logrado sobrevivir, además, sanar las heridas tan graves que presentaba y así haya podido seguir disfrutando de mañanas juguetonas con su padre.

Tal vez el paciente ahora sea un adulto, quizás no recuerde quien lo salvó, pero eso no importa para Patricia, quien a sus cincuenta y tanto años sigue portando el peto de Cruz Roja en el cuerpo de Veteranos, sirviendo y ayudando como desde el primer día.

Foto: Cortesía│ Cruz Roja

Te puede interesar: Crónicas de Ambulancia: La muerte llegó el Día del Socorrista

PERFIL

Nora Patricia González Heras ingresó al cuerpo de juventud de Cruz Roja en el año de 1976, y salió 10 años para volver al cuerpo de socorros, en donde perduró largos años. Hoy en día es una experta veterana.

32

Son los años que han pasado desde que sucedió el servicio que dejó marcada la vida de Nora Patricia.







Lee más aquí:





Culiacán, Sin.- Nora Patricia González Heras viene de una estirpe importante dentro de Cruz Roja, generaciones de Heras han pasado por la institución y cuando se conjura ese apellido, es obligado pensar en excelentes paramédicos y socorristas.

Tras ingresar al cuerpo de juventud en 1976, Nora Patricia salió 10 años de la institución para volver al cuerpo de socorros y servir durante las guardias del sábado en la mañana. Junto a sus estudios de enfermería, Heras destacaba por su capacidad de improvisación en emergencias.

Formada en la vieja guardia donde instructores de nombres memorables como: Filiberto Lozoya y Juan Mendívil dictaban conocimientos en un sistema semimilitarizado, Nora Patricia ejercía cada servicio con gran pulcritud y precisión.

32 años después del servicio que su memoria relató, la socorrista veterana se disculpa por lo nebuloso de sus recuerdos, pero tantas memorias se revuelven para no atacar con nostalgia a quien dio su vida por la de los demás.

1988 y Nora Patricia estaba en guardia matutina del sábado, ligeros servicios se esperaban mientras el chófer de la ambulancia ajustaba y calibraba la unidad por cualquier contingencia.


Foto: Cortesía│ Cruz Roja

EL INICIO DE TODO

La radio chirrió y salieron rápido con instrucciones vagas; un niño cayó de una azotea. Van al norte de la ciudad, a los edificios del Infonavit a verificar el hecho. La joven socorrista realizaba su preparación mental para el escenario, pues un paciente infantil nunca es fácil.

Llegaron y rápidamente evaluaron la urgencia un niño de 5 años tendido en el pavimento, inerte y con sangre a su alrededor. Nora lo atendió y para su sorpresa el menor tenía signos vitales, aunque inconsciente ya.

Un nervioso y apesadumbrado hombre se identificó como su padre, le relató a los socorristas los hechos y el porqué del accidente.

Ellos jugaban en la azotea del edificio de 3 pisos de altura, la calurosa mañana se les antojó para divertirse con la manguera y chapotear un rato; una actividad padre e hijo, de esas que no se olvidan en la mente de los niños. Las risas eran tantas que no atendieron la cercanía del transformador eléctrico de la esquina. Un chorro de agua lo hizo estallar en corto circuito aventando así al menor con fuerza hacia el vacío.

Fractura de cráneo y huesos varios. Un milagro que esté vivo, pensó, Patricia. Pero milagro otro milagro se necesitaba para poder llevarlo al hospital. Así salieron a prisa en la ambulancia. Nora Heras estaba nerviosa y sus movimientos eran lentos, atender a un niño dobla cualquier experiencia y precisión.

Al ver el flácido cuerpo de ese menor, al fin pudo controlarse y lo canalizó, así provendría un paro y potenciales problemas en el traslado. Ambos socorros no se explicaban bien el porqué seguía vivo, pero no había tiempo de detenerse a pensar.

La más joven de las Heras en ese entonces, logró mantener al pequeño con signos estables y llegar al hospital en las mejores condiciones. La socorrista cuenta que después de entregar el paciente pediátrico a los médicos su memoria se torna nebulosa y se le confunden los recuerdos, no sabe qué pasó con él, tampoco recuerda si lo preguntó.

Reflexiona y medita sobre el hecho, tres décadas después ella desea que aquel niño haya logrado sobrevivir, además, sanar las heridas tan graves que presentaba y así haya podido seguir disfrutando de mañanas juguetonas con su padre.

Tal vez el paciente ahora sea un adulto, quizás no recuerde quien lo salvó, pero eso no importa para Patricia, quien a sus cincuenta y tanto años sigue portando el peto de Cruz Roja en el cuerpo de Veteranos, sirviendo y ayudando como desde el primer día.

Foto: Cortesía│ Cruz Roja

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32

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