/ domingo 16 de junio de 2019

Crecen los alcatraces entre la violencia y el abandono en la sierra

Justino recorre desde hace más de 15 años un aproximado de 88 kilómetros para ofrecer la flor en Mazatlán; en Potrerillos y La Petaca hay un aproximado de 25 familias productoras

Mazatlán,Sin. En las comunidades de Potrerillos y La Petaca, escondidas en la sierra de Concordia, se encuentran más de 25 familias que dependen de sus plantíos de alcatraces, una flor que entre los meses de febrero y marzo se da en su máximo esplendor, y llega a producir hasta 60 docenas cada cuatro días.

Justino Rodríguez Lizárraga, de 51 años de edad, y oriundo de Proterillos, recorre cada viernes y sábado más de 86 kilómetros en camión, gastando hasta 300 pesos en ida y vuelta, y en ocasiones hasta se hospeda en un hotel en el Centro, para ofrecer estas flores a los mazatlecos; ya se hizo de clientes fijos estadounidenses y canadienses, y además recorre Olas Altas y la Plazuela Machado con una cubeta llena de docenas de alcatraces, para vender entre los enamorados.


Ahorita que ya se acaba la temporada de alcatraces llevo unas 20 docenas, pero cuando hay mucha llevo 50 y hasta 60 docenas. Llego a vender en 100 pesos cada docena, está lejos, por ejemplo, me voy en camión, si se va por autopista hago una hora, pero si se va por la libre hago hasta dos, hay mucha curvaJustino Rodríguez Lizárraga


Justino relató que él compra el producto entre 30 y 60 pesos la docena, para revenderlo en Mazatlán y así mantener activa la economía para los productores ubicados en la zona serrana, pero una vez que la temporada acabe comienza la época más dura del año; trabaja limpiando algún plantío, es la única solución para subsistir, no hay fuentes de trabajo.

“Me dedico a trabajar, a limpiar las milpas, lo que se pueda que haya. Porque no hay trabajo, no hay fuente de trabajo aquí, nomás hay milpas y ya. Donde siembran maíz, duraznos, tunas, eso limpiamos y vendemos para salir adelante, con tener para tortillas, con eso”.

María Guadalupe Mancinas Aragón, de 35 años, y quien es productora de alcatraces, aseguró que el legado viene de su esposo, el cual fue educado a través de generaciones sobre la técnica para poder reproducir esta flor silvestre pantanosa, y ahora ella forma parte de esa herencia.

“Toda la vida han plantado, desde que yo me casé con mi esposo él ya tenía sus alcatraces ahí. Pero ahora puso más, es una tradición de mucho tiempo. Los alcatraces necesitan agua enjabonada, aunque no lo crea, porque el agua limpia casi no les gusta y el camote (semilla), cuando se saca, se seca, y para volverlo a trasplantar, si la dejas, se pudre. Se saca completa, se limpia y se vuelve a trasplantar”.


María Guadalupe explicó que a Justino, el florero de Potrerillos, le venden la docena en 30 pesos; ahora que bajó la temporada continuarán plantando limón real y duraznos, así como artesanías de acícula de pino, las cuales logran comercializar gracias a una mujer que cada mes va y les apoya llevando sus productos a Culiacán y Mazatlán para revenderlos.

“Me deja las manos todas maltratadas, aquí casi no se vende el producto, una señora nos está ayudando con llevarlo fuera, a Culiacán y Mazatlán, se venden más fuera. Somos muchas las que hacemos estos trabajos, somos 20 mujeres, la más chica tiene 15 años. El punto es no estar sin hacer nada, es seguirle trabajando”.

El producto más económico que ofrecen las mujeres de Potrerillos son aretes y broches de 35 pesos cada uno, el cual les lleva un aproximado de media hora de trabajo, siendo el más costoso el espejo, que cuesta 300 pesos. El más complicado es el tortillero, que les lleva hasta una semana de elaboración.

En el caso de La Petaca, la soledad y el abandono es todavía más evidente que en Proterillos; la violencia desatada en la sierra provocó el desplazamiento de decenas de familias, las que quedan viven con temor, y paradójicamente, con la esperanza de que el mañana pueda ser mejor.

Aurora Mancinas, de 50 años, recordó cómo ella junto a su familia dejaron sus plantíos y su casa atrás por el miedo al crimen organizado, no querían ser amenazados y morir como algunos de sus vecinos. Pero en Mazatlán, el clima y tratar de sobrevivir fue insoportable, por lo que regresaron. Vive con temor, pero sus flores son su único motivo para continuar.

“Me pagan muy poco por mis alcatraces, y el no tener en que sacarlas para venderlas también lo hace difícil. Ahorita lo que me queda, ya es mi última producción, así que ahora plantaré gladiolas, hortensias y agapanto, aunque se me da más el agapanto, las otras las produzco menos. Necesitamos que haya un mercado para venderlo, trabajo, empleos, hacen falta, no sabe cuánto”.

Aseguró que desde la ola de violencia que se vivió en la sierra, la vida no ha sido la misma, ya que aunque han regresado algunos cuantos, el pueblo sigue estando solo; esta más tranquilo, pero no hay servicios médicos, no hay policías, no hay agua, no hay nada.

“No hay doctores, necesitamos muchas cosas, así como va regresar la gente, no hay nada, nos tienen olvidados. Queremos trabajo, mi única esperanza son las flores, mañana voy a llevar lo último de mi producción de alcatraces a Concordia, gastó como 200 pesos en ir y venir, pero es la única manera. A veces dárselas al ‘florero’ me sale peor, porque las vendo más barato”.

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MAZATLÁN-DURANGO

A pesar de que la carretera Mazatlán-Durango ha traído grandes beneficios al puerto, hay comunidades en Concordia que dependían del tránsito vehicular que se daba en la libre; hoy día los restaurantes que esperaban a los automovilistas están cerrados, incluso hay estructuras que tienen rastros de las balas en sus muros; no ha vuelto a ser lo mismo desde la ola de violencia y la apertura de la autopista.

“Antes había bastante afluencia de automóviles y turismo y todo, ahora todo eso se terminó. Todos los restaurantes están cerrados, con la apertura de la autopista los que lo atendían lo cerraron. Aquí estamos aguantando porque todavía tenemos afluencia para la Escondida, para el estado de Durango y por aquí por La Petaca, casi todos los pueblos están fantasmas”, declaró Alberto Langarica, dueño de un abarrote en Potrerillos.

María de Jesús Ramírez, quien se dedica a comerciar guaraches y escobas, señaló que otro factor duro que enfrentaron como comerciantes, fue la violencia, los vecinos de las comunidades aledañas que bajaban hasta Potrerillos para surtirse de productos, se han ido.

“No se vende el producto, vendo un guarache por allá cada semana, casi no sale gente, porque mucha gente se salió de por allá de los ranchos y pues se fueron a vivir a Mazatlán, a Concordia, ahora no, mi producto se queda conmigo, es a lo largo. Saco para puro comer al día”.


CONTEXTO

Para llegar a Potrerillos y La Petaca existen dos opciones, la primera es un recorrido por la carretera El Salto-Villa Unión, en el cual se recorren más de 88 kilómetros de curvas y pueblos fantasmas, que fueron abatidos por la violencia desde el 2014, así como asombrosos paisajes de la Sierra Madre Occidental o un recorrido de menos de 86 kilómetros por la autopista Mazatlán-Durango.


DATOS

15 son los productores de alcatraz en Potrerillos.

10 son los productores de alcatraz en La Petaca.

20 es el número de docenas diarias en fin de temporada.

60 es el número de docenas diarias en temporada alta.

De 30 a 60 pesos es el precio por docena que da el productor.

Hasta en 100 pesos se revende la docena en Mazatlán.

Más de 500 pesos invierte Justino para traerlas a Mazatlán.

De 1 a 2 horas recorre con el producto.



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Mazatlán,Sin. En las comunidades de Potrerillos y La Petaca, escondidas en la sierra de Concordia, se encuentran más de 25 familias que dependen de sus plantíos de alcatraces, una flor que entre los meses de febrero y marzo se da en su máximo esplendor, y llega a producir hasta 60 docenas cada cuatro días.

Justino Rodríguez Lizárraga, de 51 años de edad, y oriundo de Proterillos, recorre cada viernes y sábado más de 86 kilómetros en camión, gastando hasta 300 pesos en ida y vuelta, y en ocasiones hasta se hospeda en un hotel en el Centro, para ofrecer estas flores a los mazatlecos; ya se hizo de clientes fijos estadounidenses y canadienses, y además recorre Olas Altas y la Plazuela Machado con una cubeta llena de docenas de alcatraces, para vender entre los enamorados.


Ahorita que ya se acaba la temporada de alcatraces llevo unas 20 docenas, pero cuando hay mucha llevo 50 y hasta 60 docenas. Llego a vender en 100 pesos cada docena, está lejos, por ejemplo, me voy en camión, si se va por autopista hago una hora, pero si se va por la libre hago hasta dos, hay mucha curvaJustino Rodríguez Lizárraga


Justino relató que él compra el producto entre 30 y 60 pesos la docena, para revenderlo en Mazatlán y así mantener activa la economía para los productores ubicados en la zona serrana, pero una vez que la temporada acabe comienza la época más dura del año; trabaja limpiando algún plantío, es la única solución para subsistir, no hay fuentes de trabajo.

“Me dedico a trabajar, a limpiar las milpas, lo que se pueda que haya. Porque no hay trabajo, no hay fuente de trabajo aquí, nomás hay milpas y ya. Donde siembran maíz, duraznos, tunas, eso limpiamos y vendemos para salir adelante, con tener para tortillas, con eso”.

María Guadalupe Mancinas Aragón, de 35 años, y quien es productora de alcatraces, aseguró que el legado viene de su esposo, el cual fue educado a través de generaciones sobre la técnica para poder reproducir esta flor silvestre pantanosa, y ahora ella forma parte de esa herencia.

“Toda la vida han plantado, desde que yo me casé con mi esposo él ya tenía sus alcatraces ahí. Pero ahora puso más, es una tradición de mucho tiempo. Los alcatraces necesitan agua enjabonada, aunque no lo crea, porque el agua limpia casi no les gusta y el camote (semilla), cuando se saca, se seca, y para volverlo a trasplantar, si la dejas, se pudre. Se saca completa, se limpia y se vuelve a trasplantar”.


María Guadalupe explicó que a Justino, el florero de Potrerillos, le venden la docena en 30 pesos; ahora que bajó la temporada continuarán plantando limón real y duraznos, así como artesanías de acícula de pino, las cuales logran comercializar gracias a una mujer que cada mes va y les apoya llevando sus productos a Culiacán y Mazatlán para revenderlos.

“Me deja las manos todas maltratadas, aquí casi no se vende el producto, una señora nos está ayudando con llevarlo fuera, a Culiacán y Mazatlán, se venden más fuera. Somos muchas las que hacemos estos trabajos, somos 20 mujeres, la más chica tiene 15 años. El punto es no estar sin hacer nada, es seguirle trabajando”.

El producto más económico que ofrecen las mujeres de Potrerillos son aretes y broches de 35 pesos cada uno, el cual les lleva un aproximado de media hora de trabajo, siendo el más costoso el espejo, que cuesta 300 pesos. El más complicado es el tortillero, que les lleva hasta una semana de elaboración.

En el caso de La Petaca, la soledad y el abandono es todavía más evidente que en Proterillos; la violencia desatada en la sierra provocó el desplazamiento de decenas de familias, las que quedan viven con temor, y paradójicamente, con la esperanza de que el mañana pueda ser mejor.

Aurora Mancinas, de 50 años, recordó cómo ella junto a su familia dejaron sus plantíos y su casa atrás por el miedo al crimen organizado, no querían ser amenazados y morir como algunos de sus vecinos. Pero en Mazatlán, el clima y tratar de sobrevivir fue insoportable, por lo que regresaron. Vive con temor, pero sus flores son su único motivo para continuar.

“Me pagan muy poco por mis alcatraces, y el no tener en que sacarlas para venderlas también lo hace difícil. Ahorita lo que me queda, ya es mi última producción, así que ahora plantaré gladiolas, hortensias y agapanto, aunque se me da más el agapanto, las otras las produzco menos. Necesitamos que haya un mercado para venderlo, trabajo, empleos, hacen falta, no sabe cuánto”.

Aseguró que desde la ola de violencia que se vivió en la sierra, la vida no ha sido la misma, ya que aunque han regresado algunos cuantos, el pueblo sigue estando solo; esta más tranquilo, pero no hay servicios médicos, no hay policías, no hay agua, no hay nada.

“No hay doctores, necesitamos muchas cosas, así como va regresar la gente, no hay nada, nos tienen olvidados. Queremos trabajo, mi única esperanza son las flores, mañana voy a llevar lo último de mi producción de alcatraces a Concordia, gastó como 200 pesos en ir y venir, pero es la única manera. A veces dárselas al ‘florero’ me sale peor, porque las vendo más barato”.

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MAZATLÁN-DURANGO

A pesar de que la carretera Mazatlán-Durango ha traído grandes beneficios al puerto, hay comunidades en Concordia que dependían del tránsito vehicular que se daba en la libre; hoy día los restaurantes que esperaban a los automovilistas están cerrados, incluso hay estructuras que tienen rastros de las balas en sus muros; no ha vuelto a ser lo mismo desde la ola de violencia y la apertura de la autopista.

“Antes había bastante afluencia de automóviles y turismo y todo, ahora todo eso se terminó. Todos los restaurantes están cerrados, con la apertura de la autopista los que lo atendían lo cerraron. Aquí estamos aguantando porque todavía tenemos afluencia para la Escondida, para el estado de Durango y por aquí por La Petaca, casi todos los pueblos están fantasmas”, declaró Alberto Langarica, dueño de un abarrote en Potrerillos.

María de Jesús Ramírez, quien se dedica a comerciar guaraches y escobas, señaló que otro factor duro que enfrentaron como comerciantes, fue la violencia, los vecinos de las comunidades aledañas que bajaban hasta Potrerillos para surtirse de productos, se han ido.

“No se vende el producto, vendo un guarache por allá cada semana, casi no sale gente, porque mucha gente se salió de por allá de los ranchos y pues se fueron a vivir a Mazatlán, a Concordia, ahora no, mi producto se queda conmigo, es a lo largo. Saco para puro comer al día”.


CONTEXTO

Para llegar a Potrerillos y La Petaca existen dos opciones, la primera es un recorrido por la carretera El Salto-Villa Unión, en el cual se recorren más de 88 kilómetros de curvas y pueblos fantasmas, que fueron abatidos por la violencia desde el 2014, así como asombrosos paisajes de la Sierra Madre Occidental o un recorrido de menos de 86 kilómetros por la autopista Mazatlán-Durango.


DATOS

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