/ martes 26 de mayo de 2020

Adultos mayores siguen en espera de los apoyos de gobierno

Don Ramon y su esposa Silvia sobreviven vendiendo dulces, tortillas y refrescos, mientras pasa la cuarentena

Mazatlán, Sin. Ramón Jiménez Rodríguez tiene 80 años de edad, él y su esposa, Silvia Llamas Márquez, de 60 años, viven en la invasión Miguel Hidalgo, en una casa de lámina, cartón y madera. Desde que inició el confinamiento por el plan emergente del coronavirus Covid-19, sólo han recibido una despensa por parte de una empresa privada, que recorrió las calles para entregar apoyos.

Ellos, al igual que decenas de familias que habitan casas rústicas en este asentamiento, siguen esperando a que el gobierno municipal o estatal les ofrezca una ayuda, aunque sea para sobrevivir en la recta final de la cuarentena.

Don Ramón padece diabetes, durante los últimos 20 años vivió de reciclar residuos sólidos como cartón, papel, aluminio y fierro, que recogía en la calle, pero desde principios de año ya no pudo salir de su casa, al complicársele la enfermedad, y para el colmo, con la pandemia, ingresar entre la población significa más riesgo de contagiarse.

Lo único que les llega es el apoyo de los 68 y más, cuyo monto, por más que han intentado estirarlo se reduce día con día, y la siguiente remesa será hasta el mes de julio, de ahí que con el último pago se decidieron invertirlo en la compra de mercancía, para sostener un pequeño changarro que instalaron en su propia casa.

Del gobierno no hemos recibido nada, ni siquiera una despensa, la única que nos dieron fue de una empresa que vino casa por casa hace como mes y medio, eso sí bien surtida, pero de eso ya no queda nada.

Ramón

Silvia recuerda que la despensa le alcanzó para unos cuantos días, ya que traía maseca, arroz, aceite, puré, atún, sopas y jabón de polvo y de pastilla.

“Una nomás nos han dado, venía bien surtida, lo que sea de cada quien, pero ya hace como un mes y medio, nos dijeron, te vamos a traer otra, unos días más, nombre no nos trajeron nada, aquí seguimos esperando”.

Ambos apenas sobreviven con los ingresos que les deja el pequeño estanquillo, en el que ofrecen refrescos, tortillas, huevos y dulces.

Su esposa, Silvia, es quien ahora acude al hospitalito Margarita Maza de Juárez para traerle el medicamento, ya que el doctor que lo atendía, le pidió que ya no fuera por su estado de salud, pues le duelen mucho las piernas, como consecuencia de la diabetes y de su edad.

El doctor no quiere que lo lleve al hospital, que yo vaya por la medicina, porque él ya no puede salir y estar mucho tiempo parado.

Silvia

CON PUNTALES SOSTIENE SU CASA

Don Ramón tiene 5 hijos, todos casados y con familia, pero ninguno puede ayudarlos, pues están también en una situación difícil, que se les complicó con la emergencia sanitaria, y es a través de la afiliación de uno de ellos, como recibe atención médica.

Hasta hace tres años, rentaba una casa de material en la colonia Villas del Sol, pero ya no pudo pagarla y se decidió por comprar una casa en la invasión Miguel Hidalgo, en la zona noroeste de la ciudad, la cual, asegura, se le gotea cada vez que llueve y que sostiene con puntales para que no se le caiga.

Ramón no tiene estudios, su esposa sólo alcanzó a terminar la primaria, de joven fue comerciante, dice que vendía carne y cocidos, y en los últimos años se dedicó a recoger material reciclable como cartón, papel, PET, aluminio y fierro.

Recuerda que cuando podía salir a la calle, juntaba hasta 100 pesos de material reciclable, incluso llegó a tener un depósito de plástico de más de 2 metros de altura frente a su casa, donde guardaba el material que recogía hasta juntar un buen peso, para llevarlo a los centros de acopio.

Trabajé por fuera, nunca me pensioné, no estoy pensionado, de trabajo vendiendo cosas, vendía cosas, vendía carne, cocido, pero hace mucho, ya tampoco junto nada, ya no puedo, cuando ya entró el año ya no pude, soy diabético, es lo que tengo, y ahora no quieren que vaya (al hospital), me dan la medicina, está bien. Ramón



También lee: Sin decidir un terreno para nuevo panteón municipal


LA ESPERA

Tanto Ramón como Silvia han escuchado que el gobierno municipal está entregando despensas y apoyos económicos a las familias vulnerables, pero su situación los imposibilita para ir a solicitar la ayuda.

El único apoyo que reciben es del gobierno federal, a través del programa de Pensión Universal para Personas Adultas Mayores, que les llega cada dos meses, y que les sirve para surtir el abarrote y comprar lo más necesario.

La última vez nos dieron dos bimestres y ahora hasta julio, y ahorita ya no hay dinero, ya se terminó, hasta en julio dan lo demás, ya ve que el dinero no es nada, con eso mismo compramos dulcecitos para vender, también tenemos tortillas, huevos y refrescos, hay veces que tiene uno para surtirse y a veces no alcanza, de ahí mismo agarra uno, ya tenemos un año así.

Ramón

Coinciden en señalar que la pandemia del coronavirus les vino a complicar la existencia, pues las ventas en el changarro bajaron, ya que muchos en la colonia ya no tienen trabajo ni dinero para comprar.

Toda la gente está que no tiene, también a ellos les dieron una despensa y ya no vinieron, aquí toda la gente está necesitada y no tienen trabajo. Aquí llegaron, pasaron, del gobierno no me han dado nada, que estaban dando una ayuda, pero no puedo ir, y luego para andar en la calle está cabrón, desde principio de año ya no salgo, ahora menos con lo del virus.

Ramón .

Tanto Ramón como Silvia, siguen en espera de que esa segunda despensa llegue a su casa, cuando menos para salir adelante en la recta final de la cuarentena, después, Dios dirá.





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Mazatlán, Sin. Ramón Jiménez Rodríguez tiene 80 años de edad, él y su esposa, Silvia Llamas Márquez, de 60 años, viven en la invasión Miguel Hidalgo, en una casa de lámina, cartón y madera. Desde que inició el confinamiento por el plan emergente del coronavirus Covid-19, sólo han recibido una despensa por parte de una empresa privada, que recorrió las calles para entregar apoyos.

Ellos, al igual que decenas de familias que habitan casas rústicas en este asentamiento, siguen esperando a que el gobierno municipal o estatal les ofrezca una ayuda, aunque sea para sobrevivir en la recta final de la cuarentena.

Don Ramón padece diabetes, durante los últimos 20 años vivió de reciclar residuos sólidos como cartón, papel, aluminio y fierro, que recogía en la calle, pero desde principios de año ya no pudo salir de su casa, al complicársele la enfermedad, y para el colmo, con la pandemia, ingresar entre la población significa más riesgo de contagiarse.

Lo único que les llega es el apoyo de los 68 y más, cuyo monto, por más que han intentado estirarlo se reduce día con día, y la siguiente remesa será hasta el mes de julio, de ahí que con el último pago se decidieron invertirlo en la compra de mercancía, para sostener un pequeño changarro que instalaron en su propia casa.

Del gobierno no hemos recibido nada, ni siquiera una despensa, la única que nos dieron fue de una empresa que vino casa por casa hace como mes y medio, eso sí bien surtida, pero de eso ya no queda nada.

Ramón

Silvia recuerda que la despensa le alcanzó para unos cuantos días, ya que traía maseca, arroz, aceite, puré, atún, sopas y jabón de polvo y de pastilla.

“Una nomás nos han dado, venía bien surtida, lo que sea de cada quien, pero ya hace como un mes y medio, nos dijeron, te vamos a traer otra, unos días más, nombre no nos trajeron nada, aquí seguimos esperando”.

Ambos apenas sobreviven con los ingresos que les deja el pequeño estanquillo, en el que ofrecen refrescos, tortillas, huevos y dulces.

Su esposa, Silvia, es quien ahora acude al hospitalito Margarita Maza de Juárez para traerle el medicamento, ya que el doctor que lo atendía, le pidió que ya no fuera por su estado de salud, pues le duelen mucho las piernas, como consecuencia de la diabetes y de su edad.

El doctor no quiere que lo lleve al hospital, que yo vaya por la medicina, porque él ya no puede salir y estar mucho tiempo parado.

Silvia

CON PUNTALES SOSTIENE SU CASA

Don Ramón tiene 5 hijos, todos casados y con familia, pero ninguno puede ayudarlos, pues están también en una situación difícil, que se les complicó con la emergencia sanitaria, y es a través de la afiliación de uno de ellos, como recibe atención médica.

Hasta hace tres años, rentaba una casa de material en la colonia Villas del Sol, pero ya no pudo pagarla y se decidió por comprar una casa en la invasión Miguel Hidalgo, en la zona noroeste de la ciudad, la cual, asegura, se le gotea cada vez que llueve y que sostiene con puntales para que no se le caiga.

Ramón no tiene estudios, su esposa sólo alcanzó a terminar la primaria, de joven fue comerciante, dice que vendía carne y cocidos, y en los últimos años se dedicó a recoger material reciclable como cartón, papel, PET, aluminio y fierro.

Recuerda que cuando podía salir a la calle, juntaba hasta 100 pesos de material reciclable, incluso llegó a tener un depósito de plástico de más de 2 metros de altura frente a su casa, donde guardaba el material que recogía hasta juntar un buen peso, para llevarlo a los centros de acopio.

Trabajé por fuera, nunca me pensioné, no estoy pensionado, de trabajo vendiendo cosas, vendía cosas, vendía carne, cocido, pero hace mucho, ya tampoco junto nada, ya no puedo, cuando ya entró el año ya no pude, soy diabético, es lo que tengo, y ahora no quieren que vaya (al hospital), me dan la medicina, está bien. Ramón



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LA ESPERA

Tanto Ramón como Silvia han escuchado que el gobierno municipal está entregando despensas y apoyos económicos a las familias vulnerables, pero su situación los imposibilita para ir a solicitar la ayuda.

El único apoyo que reciben es del gobierno federal, a través del programa de Pensión Universal para Personas Adultas Mayores, que les llega cada dos meses, y que les sirve para surtir el abarrote y comprar lo más necesario.

La última vez nos dieron dos bimestres y ahora hasta julio, y ahorita ya no hay dinero, ya se terminó, hasta en julio dan lo demás, ya ve que el dinero no es nada, con eso mismo compramos dulcecitos para vender, también tenemos tortillas, huevos y refrescos, hay veces que tiene uno para surtirse y a veces no alcanza, de ahí mismo agarra uno, ya tenemos un año así.

Ramón

Coinciden en señalar que la pandemia del coronavirus les vino a complicar la existencia, pues las ventas en el changarro bajaron, ya que muchos en la colonia ya no tienen trabajo ni dinero para comprar.

Toda la gente está que no tiene, también a ellos les dieron una despensa y ya no vinieron, aquí toda la gente está necesitada y no tienen trabajo. Aquí llegaron, pasaron, del gobierno no me han dado nada, que estaban dando una ayuda, pero no puedo ir, y luego para andar en la calle está cabrón, desde principio de año ya no salgo, ahora menos con lo del virus.

Ramón .

Tanto Ramón como Silvia, siguen en espera de que esa segunda despensa llegue a su casa, cuando menos para salir adelante en la recta final de la cuarentena, después, Dios dirá.





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