/ miércoles 3 de julio de 2019

Trópicos

En el Puro Sinaloa Macho los hombres-machos son para las mujeres-hembras con el rasero conservador y reaccionario en el matrimonio tradicional que los casados son una casa de dos con hijos, al estilo de qué bonita familia, a la mexicana.

Para el sinaloense del puro Sinaloa, (en lo estatal y en lo nacional), las puterías son de las mujeres y las joterías de los jotos en el lesbianismo y en el homosexualismo que no son normales por contranaturales.

Las conductas y las prácticas del sinaloense han sido más rurales que urbanas, la formación educativa y sociocultural, del campo a la ciudad, ha sido arrastrar con los prejuicios más religiosos que laicos, aunque los religiosos y los laicos son doblemente hipócritas y moralizantes con los gobernantes y los políticos militantes de partidos más facciosos, por no decir, fascistoides.

En las mujeres son las hembras para los machos y los hombres son los machos para las hembras, con el closet para ambos dos por la equidad de género, repartiéndoselo a golpes mortales.

La cultura popular y de élite, la de El Chapo y Kate del Castillo, en el país de las sombras espectrales y en el Puro Sinaloa, lo escandalosamente inaceptable es que El Chapo fuese homosexual y Kate lesbiana, pero siendo tan macho uno y tan hembra la otra, el tercer sexo fue el ménage á trois con el Penn.

Con el folclor de lo Puro Sinaloa Macho y la Cuna del Narco Macho, la narcocultura machista es el crisol y el temple de lo sinaloense con los sinaloenses que, después del pri-a-pismo-panismo, son un primor de hombres y de mujeres en el congreso de los atinos y los desatinos, más propios de las hormonas que de las neuronas, igual y desigualmente quemadas con el ardor y el resquemor reprimidos y salidos para una votación pensada con el cerebro y el estómago de un derrame y de una diarrea progresivas y progresistas en un latente conservadurismo reaccionario para la náusea y el vómito del machismo y del hembrismo clasistas, echando vísceras y verijas con el voto discriminatorio y discriminante.

Lo políticamente correcto es el pudor íntimo de lo público en un congreso más cerrado que abierto con una política de posiciones partidistas que militan en la feligresía y en la beatería de lo elocuentemente consecuente con la retrógrada afinidad en la estupidez y en la hipocresía moralizantes con las taras de las buenas familias, y no, de las malas compañías lésbico-gay por desviados y aberrantes.

Lo políticamente correcto en el congreso sinaloense, ha sido el irrespeto al derecho de lo diferente, humana y ciudadanamente, a cuenta de que la democracia es (de y para) todos, desde el primero arriba, el segundo en medio y el tercero abajo (acomodados) a los principios y a los preceptos, a las prerrogativas y a las reivindicaciones éticas, morales y sociales de que la democracia las debe todas y los políticos partidistas se las cobran todas: la afirmación del No al matrimonio igualitario es la negación y la aceptación del machismo al estilo político Puro Sinaloa.

Así como se votó en contra de lo lésbico-gay también se debe votar y sancionar en contra de la homofobia en presencia y en ausencia de los legisladores que procedieron a hacer lo que sus buenas conciencias les dictaron a la hora de comportarse, en persona y en género, como generalistas facciosos de lo biológico con la biopolítica de la restricción mandamás del macho y la hembra, intelectual y conceptualmente, a-orgásmicos pero ninfo-maníacos del poder retrógrado y provinciano sinaloense.

El falso pudor de la intimidad púbica que se desnuda en los hoteles de paso y la cobardía política que se empodera públicamente en el congreso bien vestida, es de una categoría mínima por conservadora y reaccionaria que se acomodan unos sobre otros cual misioneros urgidos para falocratizar y vaginizar los besos de los mochos con las mochas que, al no ser buchones ni buchonas, son mamarrachos y mamonas en la gobernanza de la doble moral en el Puro Sinaloa.



En el Puro Sinaloa Macho los hombres-machos son para las mujeres-hembras con el rasero conservador y reaccionario en el matrimonio tradicional que los casados son una casa de dos con hijos, al estilo de qué bonita familia, a la mexicana.

Para el sinaloense del puro Sinaloa, (en lo estatal y en lo nacional), las puterías son de las mujeres y las joterías de los jotos en el lesbianismo y en el homosexualismo que no son normales por contranaturales.

Las conductas y las prácticas del sinaloense han sido más rurales que urbanas, la formación educativa y sociocultural, del campo a la ciudad, ha sido arrastrar con los prejuicios más religiosos que laicos, aunque los religiosos y los laicos son doblemente hipócritas y moralizantes con los gobernantes y los políticos militantes de partidos más facciosos, por no decir, fascistoides.

En las mujeres son las hembras para los machos y los hombres son los machos para las hembras, con el closet para ambos dos por la equidad de género, repartiéndoselo a golpes mortales.

La cultura popular y de élite, la de El Chapo y Kate del Castillo, en el país de las sombras espectrales y en el Puro Sinaloa, lo escandalosamente inaceptable es que El Chapo fuese homosexual y Kate lesbiana, pero siendo tan macho uno y tan hembra la otra, el tercer sexo fue el ménage á trois con el Penn.

Con el folclor de lo Puro Sinaloa Macho y la Cuna del Narco Macho, la narcocultura machista es el crisol y el temple de lo sinaloense con los sinaloenses que, después del pri-a-pismo-panismo, son un primor de hombres y de mujeres en el congreso de los atinos y los desatinos, más propios de las hormonas que de las neuronas, igual y desigualmente quemadas con el ardor y el resquemor reprimidos y salidos para una votación pensada con el cerebro y el estómago de un derrame y de una diarrea progresivas y progresistas en un latente conservadurismo reaccionario para la náusea y el vómito del machismo y del hembrismo clasistas, echando vísceras y verijas con el voto discriminatorio y discriminante.

Lo políticamente correcto es el pudor íntimo de lo público en un congreso más cerrado que abierto con una política de posiciones partidistas que militan en la feligresía y en la beatería de lo elocuentemente consecuente con la retrógrada afinidad en la estupidez y en la hipocresía moralizantes con las taras de las buenas familias, y no, de las malas compañías lésbico-gay por desviados y aberrantes.

Lo políticamente correcto en el congreso sinaloense, ha sido el irrespeto al derecho de lo diferente, humana y ciudadanamente, a cuenta de que la democracia es (de y para) todos, desde el primero arriba, el segundo en medio y el tercero abajo (acomodados) a los principios y a los preceptos, a las prerrogativas y a las reivindicaciones éticas, morales y sociales de que la democracia las debe todas y los políticos partidistas se las cobran todas: la afirmación del No al matrimonio igualitario es la negación y la aceptación del machismo al estilo político Puro Sinaloa.

Así como se votó en contra de lo lésbico-gay también se debe votar y sancionar en contra de la homofobia en presencia y en ausencia de los legisladores que procedieron a hacer lo que sus buenas conciencias les dictaron a la hora de comportarse, en persona y en género, como generalistas facciosos de lo biológico con la biopolítica de la restricción mandamás del macho y la hembra, intelectual y conceptualmente, a-orgásmicos pero ninfo-maníacos del poder retrógrado y provinciano sinaloense.

El falso pudor de la intimidad púbica que se desnuda en los hoteles de paso y la cobardía política que se empodera públicamente en el congreso bien vestida, es de una categoría mínima por conservadora y reaccionaria que se acomodan unos sobre otros cual misioneros urgidos para falocratizar y vaginizar los besos de los mochos con las mochas que, al no ser buchones ni buchonas, son mamarrachos y mamonas en la gobernanza de la doble moral en el Puro Sinaloa.