/ martes 5 de noviembre de 2019

José María Yazpik debuta como director con película Polvo

Yazpik estrena el viernes su primera película como director, experiencia que lo hizo reencontrarse con su lejana infancia

Hace 10 años José María Yazpik hizo un viaje con su hermano, Carlos, y su padre José María Meza, al pueblo de San Ignacio, en Baja California. De ahí, surgió la idea de realizar una película donde este lugar y la pequeña población que lo habita fueran los protagonista. Ese plan se convertiría con el tiempo en Polvo, cinta que estrena este viernes en México y que significa también el debut como director de José María Yazpik.

“Pero no empecé este proceso queriendo dirigir, mi hermano y yo queríamos contar una historia que tuviera que ver con el pueblo de dónde es mi padre y dónde pasamos mucho tiempo de niños y que es un lugar muy especial para la familia. Conforme fuimos desarrollando la anécdota y el guion, se fue convirtió en algo muy personal, y partir de eso, decidimos que la tenía que dirigir, pues es algo muy nuestro”, comparte el actor en una entrevista con El Sol de México.

Y es que filmar Polvo no solo significó volver al pueblo donde Yazpik pasó gran parte de su infancia. Fue también un movimiento de tapete emocional para el actor, pues decidió filmar este proyecto en locaciones de su familia, entre ellas, la casa de sus abuelos fallecidos, la cuál estuvo cerrada desde entonces por 30 años.

“Fue un trancazo tremendo, de nostalgia y de cuestionamientos personales fuertes, para mi hermano y para mí. Fue algo muy bonito, emocionante, sincero, de brazos abiertos y recibiendo todo lo que nos iba dando la experiencia. No fue un proyecto forzado, por eso nos tratamos mucho en hacerlo”, recuerda Yazpik, quien además de dirigir también realizó el guion y protagoniza el filme.

Ambientada en 1982, Polvo cuenta la historia de El Chato, un hombre que salió de San Ignacio con la idea de ser en una estrella de cine. Sin embargo, 10 años después de su partida, regresa a este pueblo como miembro de un cartel que tiene la encomienda de recuperar un cargamento de cocaína que ha caído ahí por accidente y el cual es usado por los pobladores como un polvo para pintar canchas o limpiar baños.

“(La medula de la historia era que) Queríamos hablar del pueblo, de su gente y de las raíces. Y eso fue dando paso a que se fueran desarrollando estas otras vertientes en la historia, pero el ejercicio era siempre algo personal y sincero. No quiero trabajar ni ensalzar nada, quiero que sea algo significativo y personal”, afirma Yazpik.

Mariana Treviño, quien co protagoniza la historia como Jacinta, el amor que nunca fue de El Chato, admite que fue un trabajo complejo, pues al ser una historia tan personal en la vida de José María, debía tener mucho cuidado.

“Tenía el deseo de hacerlo lo mejor posible, porque sabía la importancia y el carácter tan personal e íntimo que tenía el proyecto. No quería regarla, porque imagínate todo lo que está ahi puesto, del alma de toda la familia,” explica la actriz, quien fue reconocida por este trabajo con El Ojito, premio de Mejor Actriz en un Largometraje Mexicano que entregó el jurado del decimoséptimo Festival Internacional de Cine de Morelia, donde la película estrenó.

Así como en la película El Chato se cuestiona lo que ha hecho con su vida, Yazpik dice que realizar la película y regresar a su origen le provocó lo mismo. “Me di cuenta que vamos bien”, dice bromista. “En el sentido de resolver todas las dudas que uno pueda tener en cuanto a las decisiones que tomó a lo largo de su vida y las consecuencias que tuvieron”.

La experiencia como director fue tal que José María Yazpik ya prepara un segundo largometraje que encabezará como realizador y dónde también actuará Mariana Treviño. “Me quedé fascinado. Ya estamos trabajando en otra historia. Ya no quiero soltar a mi crew ni a marianita, se la voy a robar a Manolo Caro”.

Hace 10 años José María Yazpik hizo un viaje con su hermano, Carlos, y su padre José María Meza, al pueblo de San Ignacio, en Baja California. De ahí, surgió la idea de realizar una película donde este lugar y la pequeña población que lo habita fueran los protagonista. Ese plan se convertiría con el tiempo en Polvo, cinta que estrena este viernes en México y que significa también el debut como director de José María Yazpik.

“Pero no empecé este proceso queriendo dirigir, mi hermano y yo queríamos contar una historia que tuviera que ver con el pueblo de dónde es mi padre y dónde pasamos mucho tiempo de niños y que es un lugar muy especial para la familia. Conforme fuimos desarrollando la anécdota y el guion, se fue convirtió en algo muy personal, y partir de eso, decidimos que la tenía que dirigir, pues es algo muy nuestro”, comparte el actor en una entrevista con El Sol de México.

Y es que filmar Polvo no solo significó volver al pueblo donde Yazpik pasó gran parte de su infancia. Fue también un movimiento de tapete emocional para el actor, pues decidió filmar este proyecto en locaciones de su familia, entre ellas, la casa de sus abuelos fallecidos, la cuál estuvo cerrada desde entonces por 30 años.

“Fue un trancazo tremendo, de nostalgia y de cuestionamientos personales fuertes, para mi hermano y para mí. Fue algo muy bonito, emocionante, sincero, de brazos abiertos y recibiendo todo lo que nos iba dando la experiencia. No fue un proyecto forzado, por eso nos tratamos mucho en hacerlo”, recuerda Yazpik, quien además de dirigir también realizó el guion y protagoniza el filme.

Ambientada en 1982, Polvo cuenta la historia de El Chato, un hombre que salió de San Ignacio con la idea de ser en una estrella de cine. Sin embargo, 10 años después de su partida, regresa a este pueblo como miembro de un cartel que tiene la encomienda de recuperar un cargamento de cocaína que ha caído ahí por accidente y el cual es usado por los pobladores como un polvo para pintar canchas o limpiar baños.

“(La medula de la historia era que) Queríamos hablar del pueblo, de su gente y de las raíces. Y eso fue dando paso a que se fueran desarrollando estas otras vertientes en la historia, pero el ejercicio era siempre algo personal y sincero. No quiero trabajar ni ensalzar nada, quiero que sea algo significativo y personal”, afirma Yazpik.

Mariana Treviño, quien co protagoniza la historia como Jacinta, el amor que nunca fue de El Chato, admite que fue un trabajo complejo, pues al ser una historia tan personal en la vida de José María, debía tener mucho cuidado.

“Tenía el deseo de hacerlo lo mejor posible, porque sabía la importancia y el carácter tan personal e íntimo que tenía el proyecto. No quería regarla, porque imagínate todo lo que está ahi puesto, del alma de toda la familia,” explica la actriz, quien fue reconocida por este trabajo con El Ojito, premio de Mejor Actriz en un Largometraje Mexicano que entregó el jurado del decimoséptimo Festival Internacional de Cine de Morelia, donde la película estrenó.

Así como en la película El Chato se cuestiona lo que ha hecho con su vida, Yazpik dice que realizar la película y regresar a su origen le provocó lo mismo. “Me di cuenta que vamos bien”, dice bromista. “En el sentido de resolver todas las dudas que uno pueda tener en cuanto a las decisiones que tomó a lo largo de su vida y las consecuencias que tuvieron”.

La experiencia como director fue tal que José María Yazpik ya prepara un segundo largometraje que encabezará como realizador y dónde también actuará Mariana Treviño. “Me quedé fascinado. Ya estamos trabajando en otra historia. Ya no quiero soltar a mi crew ni a marianita, se la voy a robar a Manolo Caro”.

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