/ sábado 21 de septiembre de 2019

Por los caminos de la vida... Medio siglo de biker

Reemberto Zamora es un experimentado motociclista que heredó de su padre el gusto por los llamados ‘caballos de acero’

Mazatlán, Sin.- Reemberto Zamora no se imagina su vida sin una motocicleta, por más de 50 años ha recorrido los caminos de la vida montado en un “caballo de acero”. Ha sido piloto profesional, acróbata, y actualmente mecánico y promotor deportivo. Uno de sus sueños es tener la concesión de una pista de motocross para organizar carreras y actividades relacionadas a esta disciplina. Y no descansará hasta conseguirlo.

Su pasión por el motociclismo nació de una manera muy singular. Su papá era repartidor del periódico El Sol del Pacífico, allá por 1962. Al verlo cómo iba y venía en la moto a su trabajo, fue que nació en él ese gusto por andar sobre dos ruedas.


Mi padre no era motociclista al 100%, él usaba la moto para pasear los domingos, pero también la utilizó para repartir periódico, en aquellos años era El Sol del Pacífico, cuando estaba el señor Lerma, aquí en Mazatlán Reemberto Zamora


Él nació en la ciudad de Durango, pero al llegar a Mazatlán, en 1957, su vida cambió. Cuando su papá comenzó a repartir los periódicos, la familia Zamora García vivía por los rumbos de la Cervecería del Pacífico. Reemberto y su hermano tenían que ayudar a su padre para que terminara más rápido, pero ellos lo hacían caminando.


Mi papá era un hombre muy recto, no le gustaba que le agarraran la moto, pero en una ocasión se me hizo tarde para repartir los periódicos y se me ocurrió agarrar su moto… y ándale que se me descompone… mi mamá estaba asustada y no me quedó de otra más que meterle mano. Así fue como descubrí mi otra gran pasión, que es la mecánica de las motos Reemberto Zamora


Reemberto se apasionó tanto con las motocicletas que decidió meterse de lleno en la actividad. A los 16 años tuvo su primer “Caballo de acero”, una Islo 250. Y a esa edad comenzó su peregrinar por las diversas pistas de la región.

La pasión por el motociclismo la comparte son su esposa.

“La primera pista a la que asistí, me acuerdo, era la del Doctor Solórzano, allá por El Habal, y ahí se hacían competencias muy buenas, con pilotos muy buenos que venían de Durango, de Nayarit, entre otros lugares de la República”.

La velocidad, adrenalina y fuerza del motociclismo lo atraparon por completo, así que decidió formarse como piloto profesional y empezó a competir con motociclistas del Estado, donde se hizo de una buena reputación. “Mi primera carrera profesional fue en los años 70, en óvalo en motocross”, recuerda.

En ese entonces se “volvía loco” cada vez que corría, era una emoción tan grande la que sentía que no pensaba en otra cosa. Su motocicleta era un poco austera, pero con mucha potencia.

“Llegaba a Guadalajara, a participar en competencias, y todos traían su Yamaha, yo me paraba y aceleraba el motor y con el puro ‘zumbido’ se espantaban los rivales, era una emoción muy grande competir y hacerme de un nombre a nivel nacional. Poco a poco lo fui logrando”.

Él es el hermano mayor de una familia que también es muy apasionada del motociclismo, algo que los llena mucho de orgullo. Hoy, con 50 años metido de lleno en este mundo, entre llaves y tuercas, así como el rugir de las motos, una de las mayores satisfacciones que puede tener es seguir activo a sus 73 años. Como promotor deportivo y con su taller mecánico, apoya siempre a todos los bikers del puerto y de otros lugares que llegan a la ciudad.

Él no sólo fue corredor, sino también acróbata, disciplina en la que hace 10 años tuvo un accidente muy fuerte, que lo hizo retirarse de las pistas.

“Estábamos haciendo una exhibición para apoyar al equipo de Alacranes de Durango, y la cancha estaba mojada por la lluvia, entonces me resbalé y un compañero pasó por encima de mí con una Ninja 1000, con el spoiler me arroyó y me rompió cinco costillas. Todos pensaron que estaba muerto, pero no, sobreviví al accidente y me repuse, aquí sigo”.

A pesar de ese accidente, nunca ha dejado las pistas, aunque con mucha precaución, se monta en su “caballo de acero” y participa en diversa actividades relacionadas con el motociclismo.


Me gusta apoyar a las nuevas generaciones y ver que el motociclismo deportivo va creciendo mucho, y que mi familia lo practique me llena mucho de orgullo y satisfacción, ver a mis nietos y a mis hijos me contagia de mucho ánimo, me hace querer subirme a la moto y estar atrás de ellos por todo el mundo. Nunca se nos va a quitar ese gusanito de estar arriba en la moto, es algo que, a los que amamos ese mundo, jamás lo podremos dejar, sin la moto no somos nada Reemberto Zamora


Como promotor deportivo, uno de los sueños de Reemberto es tener la concesión de una pista de motocross en el puerto. Piensa que la actividad puede explotarse my bien debido a que considera que en toda la región hay muy buenos exponentes de este deporte.

Te puede interesar: Gabriel tiene un espíritu guerrero que merece una prótesis

Mientras llega a su objetivo, se le puede ver en su motocicleta por las calles mazatlecas. O también en su taller mecánico, que se encuentra ubicado por la avenida Múnich, donde da rienda suelta a su “pasión biker”, que tantas alegrías y satisfacciones le ha dado durante este medio siglo de rodar por los caminos de la vida.

DATOS

73 años de edad tiene Reemberto Zamora.

50 años de biker profesional.

FORMACIÓN

Reemberto Zamora ha sido piloto profesional, acróbata y actualmente mecánico y promotor deportivo.


Lee Mas Aquí:





Mazatlán, Sin.- Reemberto Zamora no se imagina su vida sin una motocicleta, por más de 50 años ha recorrido los caminos de la vida montado en un “caballo de acero”. Ha sido piloto profesional, acróbata, y actualmente mecánico y promotor deportivo. Uno de sus sueños es tener la concesión de una pista de motocross para organizar carreras y actividades relacionadas a esta disciplina. Y no descansará hasta conseguirlo.

Su pasión por el motociclismo nació de una manera muy singular. Su papá era repartidor del periódico El Sol del Pacífico, allá por 1962. Al verlo cómo iba y venía en la moto a su trabajo, fue que nació en él ese gusto por andar sobre dos ruedas.


Mi padre no era motociclista al 100%, él usaba la moto para pasear los domingos, pero también la utilizó para repartir periódico, en aquellos años era El Sol del Pacífico, cuando estaba el señor Lerma, aquí en Mazatlán Reemberto Zamora


Él nació en la ciudad de Durango, pero al llegar a Mazatlán, en 1957, su vida cambió. Cuando su papá comenzó a repartir los periódicos, la familia Zamora García vivía por los rumbos de la Cervecería del Pacífico. Reemberto y su hermano tenían que ayudar a su padre para que terminara más rápido, pero ellos lo hacían caminando.


Mi papá era un hombre muy recto, no le gustaba que le agarraran la moto, pero en una ocasión se me hizo tarde para repartir los periódicos y se me ocurrió agarrar su moto… y ándale que se me descompone… mi mamá estaba asustada y no me quedó de otra más que meterle mano. Así fue como descubrí mi otra gran pasión, que es la mecánica de las motos Reemberto Zamora


Reemberto se apasionó tanto con las motocicletas que decidió meterse de lleno en la actividad. A los 16 años tuvo su primer “Caballo de acero”, una Islo 250. Y a esa edad comenzó su peregrinar por las diversas pistas de la región.

La pasión por el motociclismo la comparte son su esposa.

“La primera pista a la que asistí, me acuerdo, era la del Doctor Solórzano, allá por El Habal, y ahí se hacían competencias muy buenas, con pilotos muy buenos que venían de Durango, de Nayarit, entre otros lugares de la República”.

La velocidad, adrenalina y fuerza del motociclismo lo atraparon por completo, así que decidió formarse como piloto profesional y empezó a competir con motociclistas del Estado, donde se hizo de una buena reputación. “Mi primera carrera profesional fue en los años 70, en óvalo en motocross”, recuerda.

En ese entonces se “volvía loco” cada vez que corría, era una emoción tan grande la que sentía que no pensaba en otra cosa. Su motocicleta era un poco austera, pero con mucha potencia.

“Llegaba a Guadalajara, a participar en competencias, y todos traían su Yamaha, yo me paraba y aceleraba el motor y con el puro ‘zumbido’ se espantaban los rivales, era una emoción muy grande competir y hacerme de un nombre a nivel nacional. Poco a poco lo fui logrando”.

Él es el hermano mayor de una familia que también es muy apasionada del motociclismo, algo que los llena mucho de orgullo. Hoy, con 50 años metido de lleno en este mundo, entre llaves y tuercas, así como el rugir de las motos, una de las mayores satisfacciones que puede tener es seguir activo a sus 73 años. Como promotor deportivo y con su taller mecánico, apoya siempre a todos los bikers del puerto y de otros lugares que llegan a la ciudad.

Él no sólo fue corredor, sino también acróbata, disciplina en la que hace 10 años tuvo un accidente muy fuerte, que lo hizo retirarse de las pistas.

“Estábamos haciendo una exhibición para apoyar al equipo de Alacranes de Durango, y la cancha estaba mojada por la lluvia, entonces me resbalé y un compañero pasó por encima de mí con una Ninja 1000, con el spoiler me arroyó y me rompió cinco costillas. Todos pensaron que estaba muerto, pero no, sobreviví al accidente y me repuse, aquí sigo”.

A pesar de ese accidente, nunca ha dejado las pistas, aunque con mucha precaución, se monta en su “caballo de acero” y participa en diversa actividades relacionadas con el motociclismo.


Me gusta apoyar a las nuevas generaciones y ver que el motociclismo deportivo va creciendo mucho, y que mi familia lo practique me llena mucho de orgullo y satisfacción, ver a mis nietos y a mis hijos me contagia de mucho ánimo, me hace querer subirme a la moto y estar atrás de ellos por todo el mundo. Nunca se nos va a quitar ese gusanito de estar arriba en la moto, es algo que, a los que amamos ese mundo, jamás lo podremos dejar, sin la moto no somos nada Reemberto Zamora


Como promotor deportivo, uno de los sueños de Reemberto es tener la concesión de una pista de motocross en el puerto. Piensa que la actividad puede explotarse my bien debido a que considera que en toda la región hay muy buenos exponentes de este deporte.

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Mientras llega a su objetivo, se le puede ver en su motocicleta por las calles mazatlecas. O también en su taller mecánico, que se encuentra ubicado por la avenida Múnich, donde da rienda suelta a su “pasión biker”, que tantas alegrías y satisfacciones le ha dado durante este medio siglo de rodar por los caminos de la vida.

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