/ sábado 12 de octubre de 2019

Michelle del Valle, una historia de fortaleza y fe

Con valentía enfrenta su diagnóstico de cáncer de mama y toma acción inmediata para combatirlo

Mazatlán, Sin. - Laura Michelle del Valle Valenzuela, una chica de 40 años, radiante, llena de amor por la vida y por su familia comparte en entrevista exclusiva con El Sol de Mazatlán, la batalla que enfrentó valientemente contra el cáncer de mama.

Mamá de dos hijos, Sergio, de 10, y Melissa, de 6 años, con un matrimonio de 13 años, y un esposo ejemplar, que sacó la casta y estuvo a su lado dando lucha a esta enfermedad, siempre amoroso, Sergio Ruiz; Michelle vence al cáncer.

Todo inicia hace tres años, Michelle se encontraba en su casa, tranquila, un domingo normal, dispuesta a acostarse, y de repente se levanta a lavárselos dientes, se sienta en la cama frente al televisor; observa un programa que le llama la atención y pasa su mano por su pecho, y en ese momento… siente algo, algo que no era normal, una bolita, pequeña pero que su intuición le dijo, esto no es bueno. Le comenta de inmediato a su esposo, y él le dice tranquila, seguro es una bolita de grasa.

“El tiempo es importantísimo”, comparte Michelle. Al día siguiente, se realizó una mamografía, Michelle observa la cara del médico y nota que algo no está bien.

Junto a sus dos tesoros, Sergio y Melissa.

Lee Aquí: Entregan Becas para las Mujeres en la Ciencia

Después se va con una química y se realiza examen de antígenos en sangre, y ese mismo día puso cita con el ginecólogo, quien le hizo un ultrasonido y le dijo, aquí hay algo raro, estás joven, fuerte, trátate. El doctor le mandó a hacer una biopsia para el día siguiente, a los cuatro días le dieron el resultado: Cáncer de mama.

Lo primero que paso por la mente de Michelle al conocer su diagnóstico fue: “Melissa, tres años, y Sergito, seis”.

Cabe destacar que cuando fueron a recoger el diagnóstico, su esposo Sergio le dijo: “Yo no sé qué traiga este sobre, pero yo estoy contigo”. Al saber que era positivo, Michelle tenía cáncer, le dijo: “Amor, no hay nada en este mundo que yo no haga por ti. Así que tú tienes que hacer tu parte. Ahorita tú eres mi objetivo de vida”.

Hacía una semana que había participado en la Carrera Rosa, la cual se realiza en Mazatlán para dar apoyo a las personas que están pasando por la etapa de lucha contra el cáncer. Ella organizó a sus amigas, se mandaron a hacer gorras rosas con la leyenda, “Todas somos una”, sin imaginar que días después la vida le tenía preparada una prueba que afrontar.

Michelle junto a su esposo, Sergio Ruiz.

Puedes leer: El Mercedes-Benz Fashion Week celebra la evolución de la moda

CUIDA A SUS HIJOS

Michelle le dice a Sergio que ella no quería que sus hijos sufrieran. Llegó a un acuerdo de mantenerlos lejos de esa palabra, de ese diagnóstico. Porque los niños, principalmente Sergio, que ya tenía seis añitos, no quería que pensará que su mami se iba a morir. “Me aterraba el que ellos estuvieran sufriendo, llorando, pensando que su mami ya no iba a estar”.

TRATAMIENTO Y APOYO FAMILIAR

Una vez con el diagnóstico Michelle decide que quiere tratarse en la Ciudad de México. Se lleva a su mamá, y a sus hijos, como si fueran de paseo. Los primeros a los que les informó fueron a sus familiares, su hermano, papá, familia. Su hermano, Xico, quien vive en Texas al enterarse de la noticia inmediatamente se trasladó a México para estar con su hermana.

La noticia se la dio a su madre, Laura, en el jardín, con su corazón lleno de miedo, comparte entre lágrimas Michelle. Ese día jugó con sus hijos en el brincolín, los abrazó, se los comió a besos. Para los pequeños no era nada extraño, Michelle es muy cariñosa, pero para ella eran besos diferentes.

“A penas las personas que pasamos por algo así, sabemos lo que se siente; cuando te ponen la bata, estás pensando, te quitan los zapatos, te acuestan, la máquina emite sonidos extraños; te dicen no hables, no respires, respire”. Fueron tres, cuatro días de estudios. Los médicos le preguntan cómo se lo tocó, ya que era una cosa muy chiquita. Y ella le indicaba el lugar exacto.

Su cita fue para el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer; la operaron le extirparon el seno completo. Antes de entrar a quirófano, abrazo a su esposo y le dijo, te encargo a mis hijos. Se persignó y rezó. Después se despertó en la habitación del hospital. Cabe destacar que su tía Lupita, (hermana menor de su mamá), quien es Ginecóloga reconocida del Hospital Ángeles del Pedregal, entró a la cirugía de Michelle, rodeándola de los mejores médicos.

Durante su recuperación les decía a sus hijos que se había caído, y que se había lastimado su bracito. Usaba un cabestrillo, su brazo no lo podía mover, le quitaron ganglios también.

Te puede interesar: Cloe y Fundación Cima se unen a lucha de mujeres contra el cáncer

QUIMIOTERAPIAS

Inicia el proceso de quimioterapias, el doctor le pide que se corte un poco el cabello. Le aplicaron seis quimioterapias. Cada 21 días viajaba a Ciudad de México para aplicárselas en el Hospital ABC, se iban ella y su esposo, en el vuelo de las 6 de la mañana, se levantaba a las cuatro y regresaban a las 12 de la noche; a sus hijos les decía que iba a que le revisaran su brazo. Su madre cuidaba de ellos. En el Hospital Ángeles de Pedregal le pusieron un expansor para después ponerle un implante.

Llegando le tocaba ver gente sin cabello, enfermos, y entró a un cuartito, iba a su primera quimio, la cual le aplicaron por un catéter que le habían colocado durante su cirugía. Previo se había colocado unos parches que le dieron, la indicación era que cuando se subiera al avión en Mazatlán rumbo Ciudad de México se lo colocara, era un tipo de anestesia, para que fuera haciendo efecto.

Michelle optó por colocarse un gorrito en su cabeza que le había recomendado para que no se le cayera su cabello, este se colocaba una hora antes de la aplicación de la quimio, que hacía que los poros se cerraran por agua y aire frío. Y una vez finalizada la quimio, otra hora con el gorrito. Así estuvo las primeras aplicaciones, hasta que iba por la tercera, Michelle estaba bañándose y sintió que su pelo era como una peluca que si se movía se le caía, fue un pánico, empezó a llorar, hasta ese momento le cayó el 20 de lo que estaba viviendo.

Una amiga le sugiere que abra la Biblia, la lea; Michelle lo hizo y tuvo paz, le dijo a su mamá, vámonos a comer y fue y se compró un turbante. Después decide cortarse su cabello estilo de niño. Esto fue favorable, las quimios ya no duraban tanto tiempo.

CÓMO CAMBIÓ TU VIDA

Siempre me he considerado una mujer optimista, alegre, activa, amorosa. Pero a veces uno piensa que esas cosas pasan lejos, que tú vas a vivir tu vida normal. Cuando menos te lo imaginas te pasa a ti y vives todo esto que es un tsunami, un terremoto, una catástrofe, para la que nadie estamos preparados. Esto es un proceso bien largo de muchas cosas que vas pasando y vas superando.

Michelle

FE y AMOR

Dios y sus hijos fueron su principal inspiración para salir adelante. Porque para lo bueno, para la bonanza todo mundo, pero para los no tan bueno, para una tragedia, pocos.

LO DURO

Obviamente como mujer, nuestro seno es una parte bien importante, femenino, sin embargo, Michelle vio que ahí estaba el problema, y dijo: “Muy bien quítenmelo porque yo quiero seguir viviendo”.

No fue un proceso fácil, a la fecha es algo con lo que vivo todos los días. Lo que más le dolió fue su cabello.

PREVENCIÓN

Algo bien importante es la prevención. La mujer tiene obligación por uno mismo estarlo haciendo, el tacto, el papanicolau, ultrasonidos. No dejen de hacerlo ni por pudor, ni por miedo. Que el factor económico no se los impida, buscar en el Seguro Social, en el ISSSTE, en Salud Digna, donde sea, pero siempre checarse, siempre. La prevención es el número uno porque el factor tiempo marca la diferencia, de esto depende el futuro.

Michelle

MENSAJE DE ESPERANZA

“Gracias a Dios fui muy bendecida, por muchas cosas. Tuve muy buenos médicos. Fue muy a tiempo. Porque tengo a mi esposo, tengo a mi madre, mis hijos no sufrieron. Porque nunca me dio sueño, mareo, vómito. Porque Diosito me llenó de paz, de fuerza, de puras cosas buenas. No tengo nada de qué quejarme. Si yo tenía que pasar esto, pues tenía que pasar. Me siento afortunada”.

“A las personas que en este momento lo están viviendo les digo que tengan mucha fe, que respiren, que agarren fuerzas. Que confíen en sus médicos, que piensen positivo. Que hagan lo que tienen que hacer. Que busquen casos de sobrevivencia, gente que ya haya pasado por eso”.





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Mazatlán, Sin. - Laura Michelle del Valle Valenzuela, una chica de 40 años, radiante, llena de amor por la vida y por su familia comparte en entrevista exclusiva con El Sol de Mazatlán, la batalla que enfrentó valientemente contra el cáncer de mama.

Mamá de dos hijos, Sergio, de 10, y Melissa, de 6 años, con un matrimonio de 13 años, y un esposo ejemplar, que sacó la casta y estuvo a su lado dando lucha a esta enfermedad, siempre amoroso, Sergio Ruiz; Michelle vence al cáncer.

Todo inicia hace tres años, Michelle se encontraba en su casa, tranquila, un domingo normal, dispuesta a acostarse, y de repente se levanta a lavárselos dientes, se sienta en la cama frente al televisor; observa un programa que le llama la atención y pasa su mano por su pecho, y en ese momento… siente algo, algo que no era normal, una bolita, pequeña pero que su intuición le dijo, esto no es bueno. Le comenta de inmediato a su esposo, y él le dice tranquila, seguro es una bolita de grasa.

“El tiempo es importantísimo”, comparte Michelle. Al día siguiente, se realizó una mamografía, Michelle observa la cara del médico y nota que algo no está bien.

Junto a sus dos tesoros, Sergio y Melissa.

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Después se va con una química y se realiza examen de antígenos en sangre, y ese mismo día puso cita con el ginecólogo, quien le hizo un ultrasonido y le dijo, aquí hay algo raro, estás joven, fuerte, trátate. El doctor le mandó a hacer una biopsia para el día siguiente, a los cuatro días le dieron el resultado: Cáncer de mama.

Lo primero que paso por la mente de Michelle al conocer su diagnóstico fue: “Melissa, tres años, y Sergito, seis”.

Cabe destacar que cuando fueron a recoger el diagnóstico, su esposo Sergio le dijo: “Yo no sé qué traiga este sobre, pero yo estoy contigo”. Al saber que era positivo, Michelle tenía cáncer, le dijo: “Amor, no hay nada en este mundo que yo no haga por ti. Así que tú tienes que hacer tu parte. Ahorita tú eres mi objetivo de vida”.

Hacía una semana que había participado en la Carrera Rosa, la cual se realiza en Mazatlán para dar apoyo a las personas que están pasando por la etapa de lucha contra el cáncer. Ella organizó a sus amigas, se mandaron a hacer gorras rosas con la leyenda, “Todas somos una”, sin imaginar que días después la vida le tenía preparada una prueba que afrontar.

Michelle junto a su esposo, Sergio Ruiz.

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CUIDA A SUS HIJOS

Michelle le dice a Sergio que ella no quería que sus hijos sufrieran. Llegó a un acuerdo de mantenerlos lejos de esa palabra, de ese diagnóstico. Porque los niños, principalmente Sergio, que ya tenía seis añitos, no quería que pensará que su mami se iba a morir. “Me aterraba el que ellos estuvieran sufriendo, llorando, pensando que su mami ya no iba a estar”.

TRATAMIENTO Y APOYO FAMILIAR

Una vez con el diagnóstico Michelle decide que quiere tratarse en la Ciudad de México. Se lleva a su mamá, y a sus hijos, como si fueran de paseo. Los primeros a los que les informó fueron a sus familiares, su hermano, papá, familia. Su hermano, Xico, quien vive en Texas al enterarse de la noticia inmediatamente se trasladó a México para estar con su hermana.

La noticia se la dio a su madre, Laura, en el jardín, con su corazón lleno de miedo, comparte entre lágrimas Michelle. Ese día jugó con sus hijos en el brincolín, los abrazó, se los comió a besos. Para los pequeños no era nada extraño, Michelle es muy cariñosa, pero para ella eran besos diferentes.

“A penas las personas que pasamos por algo así, sabemos lo que se siente; cuando te ponen la bata, estás pensando, te quitan los zapatos, te acuestan, la máquina emite sonidos extraños; te dicen no hables, no respires, respire”. Fueron tres, cuatro días de estudios. Los médicos le preguntan cómo se lo tocó, ya que era una cosa muy chiquita. Y ella le indicaba el lugar exacto.

Su cita fue para el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer; la operaron le extirparon el seno completo. Antes de entrar a quirófano, abrazo a su esposo y le dijo, te encargo a mis hijos. Se persignó y rezó. Después se despertó en la habitación del hospital. Cabe destacar que su tía Lupita, (hermana menor de su mamá), quien es Ginecóloga reconocida del Hospital Ángeles del Pedregal, entró a la cirugía de Michelle, rodeándola de los mejores médicos.

Durante su recuperación les decía a sus hijos que se había caído, y que se había lastimado su bracito. Usaba un cabestrillo, su brazo no lo podía mover, le quitaron ganglios también.

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QUIMIOTERAPIAS

Inicia el proceso de quimioterapias, el doctor le pide que se corte un poco el cabello. Le aplicaron seis quimioterapias. Cada 21 días viajaba a Ciudad de México para aplicárselas en el Hospital ABC, se iban ella y su esposo, en el vuelo de las 6 de la mañana, se levantaba a las cuatro y regresaban a las 12 de la noche; a sus hijos les decía que iba a que le revisaran su brazo. Su madre cuidaba de ellos. En el Hospital Ángeles de Pedregal le pusieron un expansor para después ponerle un implante.

Llegando le tocaba ver gente sin cabello, enfermos, y entró a un cuartito, iba a su primera quimio, la cual le aplicaron por un catéter que le habían colocado durante su cirugía. Previo se había colocado unos parches que le dieron, la indicación era que cuando se subiera al avión en Mazatlán rumbo Ciudad de México se lo colocara, era un tipo de anestesia, para que fuera haciendo efecto.

Michelle optó por colocarse un gorrito en su cabeza que le había recomendado para que no se le cayera su cabello, este se colocaba una hora antes de la aplicación de la quimio, que hacía que los poros se cerraran por agua y aire frío. Y una vez finalizada la quimio, otra hora con el gorrito. Así estuvo las primeras aplicaciones, hasta que iba por la tercera, Michelle estaba bañándose y sintió que su pelo era como una peluca que si se movía se le caía, fue un pánico, empezó a llorar, hasta ese momento le cayó el 20 de lo que estaba viviendo.

Una amiga le sugiere que abra la Biblia, la lea; Michelle lo hizo y tuvo paz, le dijo a su mamá, vámonos a comer y fue y se compró un turbante. Después decide cortarse su cabello estilo de niño. Esto fue favorable, las quimios ya no duraban tanto tiempo.

CÓMO CAMBIÓ TU VIDA

Siempre me he considerado una mujer optimista, alegre, activa, amorosa. Pero a veces uno piensa que esas cosas pasan lejos, que tú vas a vivir tu vida normal. Cuando menos te lo imaginas te pasa a ti y vives todo esto que es un tsunami, un terremoto, una catástrofe, para la que nadie estamos preparados. Esto es un proceso bien largo de muchas cosas que vas pasando y vas superando.

Michelle

FE y AMOR

Dios y sus hijos fueron su principal inspiración para salir adelante. Porque para lo bueno, para la bonanza todo mundo, pero para los no tan bueno, para una tragedia, pocos.

LO DURO

Obviamente como mujer, nuestro seno es una parte bien importante, femenino, sin embargo, Michelle vio que ahí estaba el problema, y dijo: “Muy bien quítenmelo porque yo quiero seguir viviendo”.

No fue un proceso fácil, a la fecha es algo con lo que vivo todos los días. Lo que más le dolió fue su cabello.

PREVENCIÓN

Algo bien importante es la prevención. La mujer tiene obligación por uno mismo estarlo haciendo, el tacto, el papanicolau, ultrasonidos. No dejen de hacerlo ni por pudor, ni por miedo. Que el factor económico no se los impida, buscar en el Seguro Social, en el ISSSTE, en Salud Digna, donde sea, pero siempre checarse, siempre. La prevención es el número uno porque el factor tiempo marca la diferencia, de esto depende el futuro.

Michelle

MENSAJE DE ESPERANZA

“Gracias a Dios fui muy bendecida, por muchas cosas. Tuve muy buenos médicos. Fue muy a tiempo. Porque tengo a mi esposo, tengo a mi madre, mis hijos no sufrieron. Porque nunca me dio sueño, mareo, vómito. Porque Diosito me llenó de paz, de fuerza, de puras cosas buenas. No tengo nada de qué quejarme. Si yo tenía que pasar esto, pues tenía que pasar. Me siento afortunada”.

“A las personas que en este momento lo están viviendo les digo que tengan mucha fe, que respiren, que agarren fuerzas. Que confíen en sus médicos, que piensen positivo. Que hagan lo que tienen que hacer. Que busquen casos de sobrevivencia, gente que ya haya pasado por eso”.





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