/ sábado 12 de enero de 2019

TRÓPICOS SUBTERRÁNEOS

Premios Mazatlán de Literatura y de Poesía Clemencia Isaura

(La Cultura Marismeña-Mazatleca)

Por el tiempo en que Raúl Rico, Enrique Vega y Juan José Rodríguez fueron los responsables de dar lustre a los premios marismeños-mazatlecos para la República de las Letras Mexicanas, hay que darles lo que casi nunca se les ha dado: transparencia, por aquello de los jurados-amigos de los premiados, dejando de lado los requisitos de las convocatorias, las cuales hay que revisar y cambiarlas por otras tan abiertas como rigurosas.

Y sí Blancarte es el principal interesado en lo que él cree que deben ser y hacerse con los premios, se espera que la amistad que se tiene con Rafael Pérez Gay y José Ángel Leyva, los amigos de los jurados sean excluidos automáticamente como concursantes, avisándoles desde la convocatoria:

No concursarán los amigos de los jurados

Aunque se tengan que declarar desiertos los premios por faltas a la honestidad y a la transparencia, aplicable hasta para los mismísimos jurados y el mismísimo director del Instituto de Cultura, Turismo y Arte.

Una sugerencia: quitarle lo de Turismo y dejarlo como Instituto de Arte y Cultura.

Otra: Si en Carnaval hasta un pobre se siente millonario, por qué el carnaval no debe cubrir autosuficientemente el apoyo (interno y externo a lo municipal) al arte y la cultura como debe ser y hacerse, y no andar limitados hasta con las cortesías externas al arte y la cultura, sabiéndose de la tacañería de los hoteleros, restauranteros y agencias de viaje.

Y si se va a estar en lo que se quiere hacer, por qué no una política editorial para la publicación de libros de investigación y creación municipales en coediciones para la divulgación sociocultural.

Establecer con “la ciudad hermana de Durango”, en lo municipal, un convenio-compromiso en intercambios de actividades artístico-socioculturales de acá para allá, y de reversa- viceversa por la autopista con escenarios naturales como locaciones rurales y urbanas, serranas y costeñas para largos y cortometrajes con la dirección cinematográfica de Oscar Blancarte y Antonio de la Riva.

Injerencia o no, en los premios, los organizadores, los jurados y los amigos de ganar los premios se transformó en una injerencia-influencia a la hora de elegir a los ganadores-ganones-gandallas con la complacencia del tinglado intelectual, carnavalesco y literario, dándole más importancia a los laureados que a las obras, más por la cantidad que por la calidad: con o sin la UAS, los premios, son lo que son: premios al mejor postor-impostor-apostador.

De “en gustos se rompen géneros” a “las ñáñaras” que con el tiempo, las máximas anecdóticas que eran las mínimas ocurrencias de Antonio Haas, pasaron a Raúl, Enrique y Juan José que siempre dijeron “ser unos apasionados del arte y la cultura”, haciendo una suma teleológica con, licencia literaria y justicia poética, de lo que es “la consolidación de la cultura en Mazatlán” que tanto le apetece a Oscar Blancarte mientras haya pa’rato La Fonda de El Chalío, valseando, surfeando y balseando sobre las Olas Altas.

Cuando se llega y se está con todo “el poder de negociación”, dizque para no depender de nada, de nadie y de alguien -la arrogancia- con la presunción del poder y la negociación suelen ser l@s que pueden derramar el ego sobre las mesas del turismo cultural para propios, extraños y extranjeros tan dados a consumir y depredar lo que Made in Mazatlán es un decorado pensado y recreado con las taras del estilo californiano y las fachadas del neoclásico colonial y lo vernáculo, no tratándose del poder de negociación, sino de la cultura como derecho humano, incluyente en la audiencia y en la creacióncon la vinculación y redistribución del patrimonio artístico y sociocultural con la animación que se requiere más que con el poder de la negociación.

Una sola pregunta final-sinfinal: ¿Es y será lo mismo el poder de la cultura que Alejandra Frausto ha propuesto para y desde la Secretaría de Cultura y/o el poder de negociación que Oscar Blancarte se arroga para y desde Olas Altas?

Premios Mazatlán de Literatura y de Poesía Clemencia Isaura

(La Cultura Marismeña-Mazatleca)

Por el tiempo en que Raúl Rico, Enrique Vega y Juan José Rodríguez fueron los responsables de dar lustre a los premios marismeños-mazatlecos para la República de las Letras Mexicanas, hay que darles lo que casi nunca se les ha dado: transparencia, por aquello de los jurados-amigos de los premiados, dejando de lado los requisitos de las convocatorias, las cuales hay que revisar y cambiarlas por otras tan abiertas como rigurosas.

Y sí Blancarte es el principal interesado en lo que él cree que deben ser y hacerse con los premios, se espera que la amistad que se tiene con Rafael Pérez Gay y José Ángel Leyva, los amigos de los jurados sean excluidos automáticamente como concursantes, avisándoles desde la convocatoria:

No concursarán los amigos de los jurados

Aunque se tengan que declarar desiertos los premios por faltas a la honestidad y a la transparencia, aplicable hasta para los mismísimos jurados y el mismísimo director del Instituto de Cultura, Turismo y Arte.

Una sugerencia: quitarle lo de Turismo y dejarlo como Instituto de Arte y Cultura.

Otra: Si en Carnaval hasta un pobre se siente millonario, por qué el carnaval no debe cubrir autosuficientemente el apoyo (interno y externo a lo municipal) al arte y la cultura como debe ser y hacerse, y no andar limitados hasta con las cortesías externas al arte y la cultura, sabiéndose de la tacañería de los hoteleros, restauranteros y agencias de viaje.

Y si se va a estar en lo que se quiere hacer, por qué no una política editorial para la publicación de libros de investigación y creación municipales en coediciones para la divulgación sociocultural.

Establecer con “la ciudad hermana de Durango”, en lo municipal, un convenio-compromiso en intercambios de actividades artístico-socioculturales de acá para allá, y de reversa- viceversa por la autopista con escenarios naturales como locaciones rurales y urbanas, serranas y costeñas para largos y cortometrajes con la dirección cinematográfica de Oscar Blancarte y Antonio de la Riva.

Injerencia o no, en los premios, los organizadores, los jurados y los amigos de ganar los premios se transformó en una injerencia-influencia a la hora de elegir a los ganadores-ganones-gandallas con la complacencia del tinglado intelectual, carnavalesco y literario, dándole más importancia a los laureados que a las obras, más por la cantidad que por la calidad: con o sin la UAS, los premios, son lo que son: premios al mejor postor-impostor-apostador.

De “en gustos se rompen géneros” a “las ñáñaras” que con el tiempo, las máximas anecdóticas que eran las mínimas ocurrencias de Antonio Haas, pasaron a Raúl, Enrique y Juan José que siempre dijeron “ser unos apasionados del arte y la cultura”, haciendo una suma teleológica con, licencia literaria y justicia poética, de lo que es “la consolidación de la cultura en Mazatlán” que tanto le apetece a Oscar Blancarte mientras haya pa’rato La Fonda de El Chalío, valseando, surfeando y balseando sobre las Olas Altas.

Cuando se llega y se está con todo “el poder de negociación”, dizque para no depender de nada, de nadie y de alguien -la arrogancia- con la presunción del poder y la negociación suelen ser l@s que pueden derramar el ego sobre las mesas del turismo cultural para propios, extraños y extranjeros tan dados a consumir y depredar lo que Made in Mazatlán es un decorado pensado y recreado con las taras del estilo californiano y las fachadas del neoclásico colonial y lo vernáculo, no tratándose del poder de negociación, sino de la cultura como derecho humano, incluyente en la audiencia y en la creacióncon la vinculación y redistribución del patrimonio artístico y sociocultural con la animación que se requiere más que con el poder de la negociación.

Una sola pregunta final-sinfinal: ¿Es y será lo mismo el poder de la cultura que Alejandra Frausto ha propuesto para y desde la Secretaría de Cultura y/o el poder de negociación que Oscar Blancarte se arroga para y desde Olas Altas?