/ miércoles 5 de junio de 2019

Sinaloa en Coahuila: 22 años de la FILC

¿Quieres oír un sueño?...

Pues anoche vi la brisa fugaz de la espesura que al rozar con el broche de un lirio que se alzaba en la pradera grabó sobre él un «beso» Manuel Acuña

Uno puede dejarse besar de diferentes maneras, uno diseña un beso, besar la brisa o a veces hasta besar el aroma a café, o simplemente nos dejamos besar con el roce de unos labios, también lo hacemos de maneras sutiles con: alegría, algarabía, emociones, pensamientos y sueños. La Feria Internacional del Libro de Coahuila nos besó, nos abrazó apasionadamente, cosechó un sentimiento de seducción, de acercamiento, de enamoramiento a todos los sinaloenses que estuvieron presente en esta edición 2019. La FILC, como se le denomina es la suma de diversos esfuerzos institucionales que confluyan con propósitos muy claros: acercar los libros, la literatura, las editoriales y escritores a los nuevos lectores, fortalecimiento del desarrollo lector de los niños y jóvenes y alimentar el amor por lo libros a los amantes de la lectura.

De igual manera esta Feria Internacional del Libro de Coahuila; nos ha puesto a reflexionar sobre la gran necesidad que tiene Sinaloa, atreviéndonos a soñar y pensar que algún día se ensamblen o alineen para un mismo fin todas las instituciones: culturales, educativas, gubernamentales y no gubernamentales para diseñar o albergar a una gran fiesta para los libros, las historias, la literatura y la lectura. Por un momento nos pusimos nostálgicos y nos montamos en alas de románticos soñadores; esperando que nuestros ojos y espíritu puedan visualizarlo algún día.

En Mazatlàn se reviven a las ferias de los libros, aquellas que habían sido enterradas por la política como la FELIART, se hace promesa en campaña electoral de reanimarla como cualquier pretendiente a la alcaldía sin el más sentido y sensibilidad literaria decide armar un discurso, (Creo que para ganar votos selectos) para seducir a la comunidad intelectual y artística. Y entre la falta de organización, seguimiento, presupuestos y cuentas claras se decide volverla a matar; y con esto toda la esperanza de tener variedad editorial para adquirir libros y disminuirla o minimizarla a una “expo cultural”, entonces cualquier feria del libro que uno visite la disfruta. Lo peor, saber que este tipo de eventos desafortunadamente no sucederán en tu ciudad, y duele reconocer tanta incompetencia de los funcionarios públicos para llegar al diálogo y a los acuerdos entre los que dirigen un municipio y decidan mandar de nuevo al panteón una feria del libro. No les importa afectar a la cultura del libro, no hay interés por promover, fomentar la lectura porque ni siquiera los mazatlecos tenemos publicaciones o un comité editorial con sello del ayuntamiento donde se fortalezca a la producción literaria porteña.

Me regreso al romance, a ese beso con olor a libros, a todo ese ambiente literario que nos otorgó la FILC, marco cálido, una logística precisa, con un espacio para contar cuentos, un área para talleres infantiles y juveniles, con mesas temáticas, foros, presentaciones de libros y más de quinientas editoriales, un espacio para artesanos, fueron diez días intensos de trabajo y de aprendizaje. Además entre los norteños hay una etiqueta siempre respetada: nos hicieron sentir como en nuestra casa, como sólo los que vivimos en estas latitudes sabemos hacerlo sentir al huésped, siempre con cordialidad, palabras claras, soluciones y la honestidad por delante.

Sinaloa mostró el rostro literario y el desarrollo en fomento a la lectura, una muestra de nuestras culturas indígenas del norte como la Yoreme, espectáculos musicales: con Mano libre y los Cuenta cuenteros de la Sierra que giran en torno a la lectura y los libros. Llevó a grandes exponentes de la literatura cocinada en casa: Èlmer Mendoza, Alfonso Orejel, Jesús Ramón Ibarra, Juan Esmerio, Ernestina Yépiz, Juan José Rodríguez, Dina Grijalva entre otros, narradores orales como: Gaspar Velarde, Ángela Camacho, María Eugenia Ordoñez y talleristas: Iris Villalpando, Meche Cadena, Valeria, Verónica Sias, Lizeth Norzagaray, Valeria Ayala, Ana Merino y muchos más, quizás hasta omita nombres. Un evento que causo gran impacto fue la lectura de poesía de la violencia donde se le hizo un pequeño homenaje al periodista Javier Valdez por su segundo aniversario luctuoso.

Toda la delegación con gran profesionalismo y con buena sazón. Contento se pudo observar a Papik Ramírez director del Instituto Sinaloense de Cultura se le notó alegre con el desempeño de quienes tuvimos la fortuna de asistir. Coordinados estuvimos por Paúl Castro en presentaciones editoriales, en logística María Paredes y en lo operativo Raúl Quiroz. La feria sirvió como marco para la entrega del Premio Gilberto Owen en cuento y poesía. Por primera ocasión ambas categorías son ganados por mujeres: Andrea Chapela en cuento y Karen Villeda en poesía.

En esta magnífica Feria del Libro se dejó abrazar por la magnitud de visitantes, era muy agradable observar a los niños de prescolar sonreír en los talleres de fomento a la lectura, por la organización, por los espectáculos, los escritores y en lo profundo quizás pensando en un sueño para Sinaloa y sus lectores. En el Estado de Coahuila la feria ha rebasado su mayoría de edad se proyecta a sus veintidós años: lozana, divertida, inteligente, fuerte y atractiva. En su inicios se pensó para niños, ese pensamiento fue rebaso para fortuna y es todos los públicos y lectores. No únicamente es un espacio que atiende los deseos más profundos de quienes aman los libros, a los escritores y talleristas, la feria también tienen un sentido temático acorde a la dinámica social: “Migración, historia e identidad” el vincular temáticas tan relevantes de este tipo hace que aquellos que escriben desde su trinchera, ensayistas, poetas, escritores y talleristas tome relevancia para la sensibilización de los procesos migratorios que se están viviendo en la actualidad, indudablemente necesitamos humanizarnos y literatura es la mejor vía para lograrlo. Regresamos los sinaloenses con un sabor inolvidable, con un buqué que solo los besos inolvidables trascienden para siempre en nuestra memoria.

¿Quieres oír un sueño?...

Pues anoche vi la brisa fugaz de la espesura que al rozar con el broche de un lirio que se alzaba en la pradera grabó sobre él un «beso» Manuel Acuña

Uno puede dejarse besar de diferentes maneras, uno diseña un beso, besar la brisa o a veces hasta besar el aroma a café, o simplemente nos dejamos besar con el roce de unos labios, también lo hacemos de maneras sutiles con: alegría, algarabía, emociones, pensamientos y sueños. La Feria Internacional del Libro de Coahuila nos besó, nos abrazó apasionadamente, cosechó un sentimiento de seducción, de acercamiento, de enamoramiento a todos los sinaloenses que estuvieron presente en esta edición 2019. La FILC, como se le denomina es la suma de diversos esfuerzos institucionales que confluyan con propósitos muy claros: acercar los libros, la literatura, las editoriales y escritores a los nuevos lectores, fortalecimiento del desarrollo lector de los niños y jóvenes y alimentar el amor por lo libros a los amantes de la lectura.

De igual manera esta Feria Internacional del Libro de Coahuila; nos ha puesto a reflexionar sobre la gran necesidad que tiene Sinaloa, atreviéndonos a soñar y pensar que algún día se ensamblen o alineen para un mismo fin todas las instituciones: culturales, educativas, gubernamentales y no gubernamentales para diseñar o albergar a una gran fiesta para los libros, las historias, la literatura y la lectura. Por un momento nos pusimos nostálgicos y nos montamos en alas de románticos soñadores; esperando que nuestros ojos y espíritu puedan visualizarlo algún día.

En Mazatlàn se reviven a las ferias de los libros, aquellas que habían sido enterradas por la política como la FELIART, se hace promesa en campaña electoral de reanimarla como cualquier pretendiente a la alcaldía sin el más sentido y sensibilidad literaria decide armar un discurso, (Creo que para ganar votos selectos) para seducir a la comunidad intelectual y artística. Y entre la falta de organización, seguimiento, presupuestos y cuentas claras se decide volverla a matar; y con esto toda la esperanza de tener variedad editorial para adquirir libros y disminuirla o minimizarla a una “expo cultural”, entonces cualquier feria del libro que uno visite la disfruta. Lo peor, saber que este tipo de eventos desafortunadamente no sucederán en tu ciudad, y duele reconocer tanta incompetencia de los funcionarios públicos para llegar al diálogo y a los acuerdos entre los que dirigen un municipio y decidan mandar de nuevo al panteón una feria del libro. No les importa afectar a la cultura del libro, no hay interés por promover, fomentar la lectura porque ni siquiera los mazatlecos tenemos publicaciones o un comité editorial con sello del ayuntamiento donde se fortalezca a la producción literaria porteña.

Me regreso al romance, a ese beso con olor a libros, a todo ese ambiente literario que nos otorgó la FILC, marco cálido, una logística precisa, con un espacio para contar cuentos, un área para talleres infantiles y juveniles, con mesas temáticas, foros, presentaciones de libros y más de quinientas editoriales, un espacio para artesanos, fueron diez días intensos de trabajo y de aprendizaje. Además entre los norteños hay una etiqueta siempre respetada: nos hicieron sentir como en nuestra casa, como sólo los que vivimos en estas latitudes sabemos hacerlo sentir al huésped, siempre con cordialidad, palabras claras, soluciones y la honestidad por delante.

Sinaloa mostró el rostro literario y el desarrollo en fomento a la lectura, una muestra de nuestras culturas indígenas del norte como la Yoreme, espectáculos musicales: con Mano libre y los Cuenta cuenteros de la Sierra que giran en torno a la lectura y los libros. Llevó a grandes exponentes de la literatura cocinada en casa: Èlmer Mendoza, Alfonso Orejel, Jesús Ramón Ibarra, Juan Esmerio, Ernestina Yépiz, Juan José Rodríguez, Dina Grijalva entre otros, narradores orales como: Gaspar Velarde, Ángela Camacho, María Eugenia Ordoñez y talleristas: Iris Villalpando, Meche Cadena, Valeria, Verónica Sias, Lizeth Norzagaray, Valeria Ayala, Ana Merino y muchos más, quizás hasta omita nombres. Un evento que causo gran impacto fue la lectura de poesía de la violencia donde se le hizo un pequeño homenaje al periodista Javier Valdez por su segundo aniversario luctuoso.

Toda la delegación con gran profesionalismo y con buena sazón. Contento se pudo observar a Papik Ramírez director del Instituto Sinaloense de Cultura se le notó alegre con el desempeño de quienes tuvimos la fortuna de asistir. Coordinados estuvimos por Paúl Castro en presentaciones editoriales, en logística María Paredes y en lo operativo Raúl Quiroz. La feria sirvió como marco para la entrega del Premio Gilberto Owen en cuento y poesía. Por primera ocasión ambas categorías son ganados por mujeres: Andrea Chapela en cuento y Karen Villeda en poesía.

En esta magnífica Feria del Libro se dejó abrazar por la magnitud de visitantes, era muy agradable observar a los niños de prescolar sonreír en los talleres de fomento a la lectura, por la organización, por los espectáculos, los escritores y en lo profundo quizás pensando en un sueño para Sinaloa y sus lectores. En el Estado de Coahuila la feria ha rebasado su mayoría de edad se proyecta a sus veintidós años: lozana, divertida, inteligente, fuerte y atractiva. En su inicios se pensó para niños, ese pensamiento fue rebaso para fortuna y es todos los públicos y lectores. No únicamente es un espacio que atiende los deseos más profundos de quienes aman los libros, a los escritores y talleristas, la feria también tienen un sentido temático acorde a la dinámica social: “Migración, historia e identidad” el vincular temáticas tan relevantes de este tipo hace que aquellos que escriben desde su trinchera, ensayistas, poetas, escritores y talleristas tome relevancia para la sensibilización de los procesos migratorios que se están viviendo en la actualidad, indudablemente necesitamos humanizarnos y literatura es la mejor vía para lograrlo. Regresamos los sinaloenses con un sabor inolvidable, con un buqué que solo los besos inolvidables trascienden para siempre en nuestra memoria.