/ domingo 6 de octubre de 2019

Leer en tiempo violentos

“La asesoría se ha ido configurando actualmente en los sistemas educativos, como un recurso necesario para facilitar la utilización del conocimiento educativo en los centros escolares y potenciar las buenas prácticas, a través de un apoyo sostenido a lo largo del tiempo, contribuyendo a ayudar al profesorado y directivos a solucionar problemas y a mejorar la educación, tanto a nivel de aula como al colectivo del centro”.

Antonio Bolívar


Me gustaría expresar los motivos del por qué es relevante la función de Asesoría Técnica Pedagógica en la educación básica. Ser asesor técnico pedagógico no estriba en la categoría, comisión o el estatus que confiere, sino va más allá: la función. Valorada desde las supervisiones escolares y mesas técnicas de los departamentos, pero muy desconocida labor para la sociedad en general; en especial para los medios de comunicación que a principios del pasado mes de septiembre en las sesiones de la Cámara de Diputados previos a la aprobación de las leyes secundarias para materia educativa, algunos portales informativos confundieron al Comité Nacional de Asesores Técnicos Pedagógicos con la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación.

Los ATPs como se nos conoce en el gremio magisterial, hemos y seguimos pasando un viacrucis. Estábamos muy contentos con el reconocimiento de la función con la reforma pasada; sin embargo, nos maltrató al someternos a una serie de evaluaciones, anulaciones de exámenes, falta de criterios para determinar nuestros salarios y apenas la primera generación el 2015 este año recibió su nombramiento definitivo de la categoría, desafortunadamente para las generaciones 2017 y 2018 no han sido consideradas para otorgarse la categoría que los compañeros merecen.

La verdadera sustancia no reside en: “la categoría, comisión o estatus”, sino el impacto del asesor en las escuelas que acompaña en los directivos, profesores. El ser asesor técnico pedagógico cambió de manera radical mi manera de ver la educación básica, en especial la de secundaria. Cuando estaba frente a grupo mi visión era lineal o frontal; pero desde la perspectiva, mi preocupación era el aprendizaje de mis estudiantes de la escuela la Técnica Pesquera número 7 de Mazatlán. La perspectiva sobre las necesidades de logro educativo cambió ahora que tengo una visión distinta, podríamos decir que más: panorámica, amplia y diversa de lo que se requiere, no sólo en materia de política educativa: normas, planes y programas, asesoramiento, estrategias didácticas, sino también las necesidades de cada uno de los contextos urbanos, suburbanos, semirurales y rurales de las nueve escuelas de la zona.

Otra ventaja, es el abanico de posibilidades académicas. Salí del grupo siendo profesora de Español, esta función me ha obligado a analizar todos los programas para educación secundaria de las diversas asignaturas; hoy entiendo más que nunca el objeto multidisciplinario del currículo escolar, así como los temas transversales del contexto histórico que está viviendo nuestra sociedad sinaloense y mexicana.

Un aspecto muy importante de esta función es el aprendizaje entre pares; en cada visita, observación de clases no sólo asesoro, también aprendo de cada uno de los profesores, me ha vuelto una persona más empática al intentar entender los retos de mis compañeros profesores que viven en el día a día, y entonces no sólo mi labor se vuelva administrativa, cobra vida y se vuelve creativa, hasta investigativa. Me obliga a buscar estrategias para compartir con los docentes, a proporcionar materiales que apoyen la mejora de la calidad educativa. De manera personal: ser asesor me ha ayudado a trazar metas profesionales y personales.

Por medio del plan de asesoría y acompañamiento se trazan una serie de acciones y actividades encaminadas a: analizar, reflexionar y proponer en comunión una serie de estrategias de mejoras para abatir el rezago educativo en una zona escolar. Otro fin, es realizar observaciones de clase, analizar la planeación didáctica, observar el ambiente y clima educativo que se establece en las aulas, generar recomendaciones, compartir estrategias y materiales para que los resultados de las evaluaciones internas y externas como PLANEA, sean mejores, fortalecer las herramientas básicas de: lectura, escritura y habilidades matemáticas. Establecer puentes entre la escuela y diversas instituciones o programas colaborativos que impacten directamente en los jóvenes.

Cabría preguntarse, ¿cómo se puede impactar el asesoramiento pedagógico en las diversas comunidades escolares? Estableciendo una ruta; para lograrlo por medio de acciones claras y realista de asesoramiento, que van desde: compartir, comunicar al supervisor, al director, al docente el por qué se le ha elegido para este plan o proyecto de intervención o de colaboración pedagógica, determinar claramente cuál es nuestro y su rol, generar confianza, ser un asesor abierto, estar en disposición, leer bibliografía de apoyo para tener más amplio el abanico de estrategias.

La ética, la actitud es muy importante porque debemos siempre establecer una relación democrática con las escuelas de la zona, con los docentes, estando consciente como asesor que las estrategias propuestas deberán ser útiles para el contexto sociocultural en el que se desenvuelven los estudiantes, claras y prácticas para el docente; vincular método, estrategia y realidad. Los asesores somos a veces como espectros que aparentemente no se ven en el quehacer educativo, sin embargo, estamos ahí tras bambalinas, observando e incidiendo en los logros educativos de las escuelas y en el aprendizaje entre pares.



“La asesoría se ha ido configurando actualmente en los sistemas educativos, como un recurso necesario para facilitar la utilización del conocimiento educativo en los centros escolares y potenciar las buenas prácticas, a través de un apoyo sostenido a lo largo del tiempo, contribuyendo a ayudar al profesorado y directivos a solucionar problemas y a mejorar la educación, tanto a nivel de aula como al colectivo del centro”.

Antonio Bolívar


Me gustaría expresar los motivos del por qué es relevante la función de Asesoría Técnica Pedagógica en la educación básica. Ser asesor técnico pedagógico no estriba en la categoría, comisión o el estatus que confiere, sino va más allá: la función. Valorada desde las supervisiones escolares y mesas técnicas de los departamentos, pero muy desconocida labor para la sociedad en general; en especial para los medios de comunicación que a principios del pasado mes de septiembre en las sesiones de la Cámara de Diputados previos a la aprobación de las leyes secundarias para materia educativa, algunos portales informativos confundieron al Comité Nacional de Asesores Técnicos Pedagógicos con la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación.

Los ATPs como se nos conoce en el gremio magisterial, hemos y seguimos pasando un viacrucis. Estábamos muy contentos con el reconocimiento de la función con la reforma pasada; sin embargo, nos maltrató al someternos a una serie de evaluaciones, anulaciones de exámenes, falta de criterios para determinar nuestros salarios y apenas la primera generación el 2015 este año recibió su nombramiento definitivo de la categoría, desafortunadamente para las generaciones 2017 y 2018 no han sido consideradas para otorgarse la categoría que los compañeros merecen.

La verdadera sustancia no reside en: “la categoría, comisión o estatus”, sino el impacto del asesor en las escuelas que acompaña en los directivos, profesores. El ser asesor técnico pedagógico cambió de manera radical mi manera de ver la educación básica, en especial la de secundaria. Cuando estaba frente a grupo mi visión era lineal o frontal; pero desde la perspectiva, mi preocupación era el aprendizaje de mis estudiantes de la escuela la Técnica Pesquera número 7 de Mazatlán. La perspectiva sobre las necesidades de logro educativo cambió ahora que tengo una visión distinta, podríamos decir que más: panorámica, amplia y diversa de lo que se requiere, no sólo en materia de política educativa: normas, planes y programas, asesoramiento, estrategias didácticas, sino también las necesidades de cada uno de los contextos urbanos, suburbanos, semirurales y rurales de las nueve escuelas de la zona.

Otra ventaja, es el abanico de posibilidades académicas. Salí del grupo siendo profesora de Español, esta función me ha obligado a analizar todos los programas para educación secundaria de las diversas asignaturas; hoy entiendo más que nunca el objeto multidisciplinario del currículo escolar, así como los temas transversales del contexto histórico que está viviendo nuestra sociedad sinaloense y mexicana.

Un aspecto muy importante de esta función es el aprendizaje entre pares; en cada visita, observación de clases no sólo asesoro, también aprendo de cada uno de los profesores, me ha vuelto una persona más empática al intentar entender los retos de mis compañeros profesores que viven en el día a día, y entonces no sólo mi labor se vuelva administrativa, cobra vida y se vuelve creativa, hasta investigativa. Me obliga a buscar estrategias para compartir con los docentes, a proporcionar materiales que apoyen la mejora de la calidad educativa. De manera personal: ser asesor me ha ayudado a trazar metas profesionales y personales.

Por medio del plan de asesoría y acompañamiento se trazan una serie de acciones y actividades encaminadas a: analizar, reflexionar y proponer en comunión una serie de estrategias de mejoras para abatir el rezago educativo en una zona escolar. Otro fin, es realizar observaciones de clase, analizar la planeación didáctica, observar el ambiente y clima educativo que se establece en las aulas, generar recomendaciones, compartir estrategias y materiales para que los resultados de las evaluaciones internas y externas como PLANEA, sean mejores, fortalecer las herramientas básicas de: lectura, escritura y habilidades matemáticas. Establecer puentes entre la escuela y diversas instituciones o programas colaborativos que impacten directamente en los jóvenes.

Cabría preguntarse, ¿cómo se puede impactar el asesoramiento pedagógico en las diversas comunidades escolares? Estableciendo una ruta; para lograrlo por medio de acciones claras y realista de asesoramiento, que van desde: compartir, comunicar al supervisor, al director, al docente el por qué se le ha elegido para este plan o proyecto de intervención o de colaboración pedagógica, determinar claramente cuál es nuestro y su rol, generar confianza, ser un asesor abierto, estar en disposición, leer bibliografía de apoyo para tener más amplio el abanico de estrategias.

La ética, la actitud es muy importante porque debemos siempre establecer una relación democrática con las escuelas de la zona, con los docentes, estando consciente como asesor que las estrategias propuestas deberán ser útiles para el contexto sociocultural en el que se desenvuelven los estudiantes, claras y prácticas para el docente; vincular método, estrategia y realidad. Los asesores somos a veces como espectros que aparentemente no se ven en el quehacer educativo, sin embargo, estamos ahí tras bambalinas, observando e incidiendo en los logros educativos de las escuelas y en el aprendizaje entre pares.