/ jueves 10 de enero de 2019

Leer en tiempo violentos

¿Cuarta transformación sin fomento a la lectura?

Dedicado a todos los mediadores de lectura del país.

“La lectura es un acto solitario; sin embargo, su consecuencia lógica es el impulso de compartirla con otros, de tomar a un amigo por el brazo y llevarlo a ese pasaje que tanto nos conmovió, nos iluminó, nos llenó de azoramiento o felicidad”

Alberto Manguel

Existe una interrogante navegando entre los mediadores de lectura de todo el país, ¿Qué pasará con el Programa Nacional Salas de Lectura? La relevancia de este programa radica en la participación voluntaria de ciudadanos dispuestos a compartir su tiempo para el fomento de la lectura de libros en una diversidad de espacios. Muchas salas de lectura, trabajan con población vulnerable o en situación de reclusión. Algunas están instaladas en orfanatos, albergues, asilos, hospitales, campos agrícolas, centros de rehabilitación, centros penitenciarios, entre otros.

Las salas de lectura han invadido cocheras, patios, parques, iglesias, centros comerciales, museos, centros culturales, asociaciones civiles, escuelas, librerías, bibliotecas públicas y comunitarias; sin importar la geografía podrás encontrarlas en zonas rurales o urbanas. Están por todo el país. Un aspecto muy loable: se realiza sin fines de lucro.

Los talleres de lectura son gratuitos para el tipo de audiencia o lectores que son convocados. Hay salas especializadas en fomentar la lectura en la primera infancia (bebés), otras en niños, algunas trabajan con pequeños que tienen necesidades educativas especiales, también hay para jóvenes, para adultos y tercera edad. Son espacios inclusivos. La vena que mueve a todos los mediadores de lectura de todo el país es el sentimiento de amor hacia la literatura y los libros.

El Programa Nacional Salas de Lectura, en sus inicios dependió del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con la creación de la Secretaría de Cultura en el sexenio pasado, ha estado incorporado a la Dirección General de Publicaciones (DGP), además es un impulsor importante del Programa de Fomento a la Lectura y el Libro. Además, trabaja Salas de Lectura en constante colaboración con todos los institutos y secretarías culturales de los estados de la República y organismos internacionales.

En Sinaloa existe una Coordinación Estatal del Programa Nacional Salas de Lectura a cargo del licenciado Raúl Quiroz Millán y el programa ha tenido un impacto social en sectores desfavorecidos o excluidos. De acuerdo a la reseña presentada por la Secretaría de Cultura en su página electrónica, sobre el Fomento a la Lectura, nos expone que Salas de Lectura es “uno de sus programa más emblemáticos incluye a más de dos mil 500 Salas de Lectura, como parte de una estrategia iniciada hace dos décadas que es reconocida a nivel internacional como una de las más exitosas para la práctica lectora y el acercamiento a los libros”. Un plus que tiene este programa es la profesionalización de sus mediadores por medio de un diplomado que aborda todos los rubros que se deben considerar para tener una mediación lectora exitosa, en la sala de lectura y del cómo integrar al lector al proceso y espacio lector, así como las capacitaciones en cada uno de los seminarios de lectura con transcendencia internacional, los encuentros de lectura y mediadores, los festivales, las ferias de libros, los coloquios, el fomento de la lectura en lenguas indígenas, la dotación de acervos bibliográficos. En cada acervo nuevo siempre vamos a encontrar libros bilingües, pensado en esa maravillosa diversidad lingüística y cultural que posee México.

¿Y saben por qué es exitoso el Programa Nacional Salas de Lectura? Por una simple razón, el mediador es un ciudadano comprometido no sólo con fomentar la lectura de libros, sino mediar la lectura de esos libros. El mediador es un puente, acerca los lectores a la lectura de Julio Cortázar, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Emily Dickinson, Sor Juana Inés de la Cruz, Edgar Allan Poe, Ray Bradbury, Octavio Paz, García Márquez, Julieta Fierro, Natalia Toledo, María Baranda y muchos más; así como a los escritores regionales y a la lectura de la literatura infantil y juvenil en sus diversos formatos y plataformas.

Ser mediador de lectura, es una acción en la que se requiere que cada voluntario de la lectura, ponga en práctica aspectos imprescindibles para el desarrollo y evolución de una sala de lectura. Los elementos básicos son: hospitalidad, apertura, tolerancia y diálogo. Los mediadores están muy conscientes de que la lectura genera relaciones democráticas entre la comunidad lectora y por ende, estas prácticas pretenden repercutir en la formación cívica y ética de una ciudadanía más participativa, se fomenta la libertad de expresión de cada uno de sus lectores, cada cual puede exponer sus ideas sobre la lectura de una novela, un poema, un cuento, una canción, una leyenda y en las salas de lectura se exploran las diversas formas de leer, no sólo leemos alfabeto, leemos con todos los sentidos.

Otro acierto, en la labor del mediador de lectura es el fomento a la cultura escrita. La mayoría de las salas tienen actividades derivadas del proceso lector, porque después de leer y leer, parece que la mano quiere escribir los pensamientos y se siembra una necesidad de plasmar las ideas de aquello que hemos leído, entre las producciones escritas están: poemas, cartas, acrósticos, cuentos, canciones, cómics por citar ejemplos.

Cada sala de lectura debería ser considerada un patrimonio. Es terrible que programas tan exitosos dependan de la política pública en turno, más cuando está comprobada su consolidación ciudadana. La “Cuarta transformación” debe ir acompañada del fomento a la lectura, libros, cultura escrita y oralidad, con una piel envuelta de los colores de la literatura y el arte. Así como sustentar y defender el derecho al acceso a los libros y la cultura escrita. Por eso, es necesario pensar en el apoyo a todas las manifestaciones artísticas, en especial talleres y programas a las comunidades más necesitadas.

No deberían pasar por una criba aquellos programas donde el voluntariado es pieza clave. La movilización ciudadana por medio del fomento a la lectura y la mediación genera un sentido de comunidad, un sentido de participación. He aquí la razón por la que los mediadores de lectura estamos con el alma en vilo, porque no sabemos qué pasará con el Programa.

El alivio que nos queda a la mayoría que formamos parte de esta comunidad de mediadores y de este noble programa, es que seguiremos con nuestras salas de lectura más allá de una política pública federal. Porque cada día pasa y tengo entre mis manos un libro, sólo puedo pensar que la literatura en todos sus géneros es y ha sido un bálsamo en tiempos violentos y será siempre un factor determinante para reconstruir la paz.

¿Cuarta transformación sin fomento a la lectura?

Dedicado a todos los mediadores de lectura del país.

“La lectura es un acto solitario; sin embargo, su consecuencia lógica es el impulso de compartirla con otros, de tomar a un amigo por el brazo y llevarlo a ese pasaje que tanto nos conmovió, nos iluminó, nos llenó de azoramiento o felicidad”

Alberto Manguel

Existe una interrogante navegando entre los mediadores de lectura de todo el país, ¿Qué pasará con el Programa Nacional Salas de Lectura? La relevancia de este programa radica en la participación voluntaria de ciudadanos dispuestos a compartir su tiempo para el fomento de la lectura de libros en una diversidad de espacios. Muchas salas de lectura, trabajan con población vulnerable o en situación de reclusión. Algunas están instaladas en orfanatos, albergues, asilos, hospitales, campos agrícolas, centros de rehabilitación, centros penitenciarios, entre otros.

Las salas de lectura han invadido cocheras, patios, parques, iglesias, centros comerciales, museos, centros culturales, asociaciones civiles, escuelas, librerías, bibliotecas públicas y comunitarias; sin importar la geografía podrás encontrarlas en zonas rurales o urbanas. Están por todo el país. Un aspecto muy loable: se realiza sin fines de lucro.

Los talleres de lectura son gratuitos para el tipo de audiencia o lectores que son convocados. Hay salas especializadas en fomentar la lectura en la primera infancia (bebés), otras en niños, algunas trabajan con pequeños que tienen necesidades educativas especiales, también hay para jóvenes, para adultos y tercera edad. Son espacios inclusivos. La vena que mueve a todos los mediadores de lectura de todo el país es el sentimiento de amor hacia la literatura y los libros.

El Programa Nacional Salas de Lectura, en sus inicios dependió del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con la creación de la Secretaría de Cultura en el sexenio pasado, ha estado incorporado a la Dirección General de Publicaciones (DGP), además es un impulsor importante del Programa de Fomento a la Lectura y el Libro. Además, trabaja Salas de Lectura en constante colaboración con todos los institutos y secretarías culturales de los estados de la República y organismos internacionales.

En Sinaloa existe una Coordinación Estatal del Programa Nacional Salas de Lectura a cargo del licenciado Raúl Quiroz Millán y el programa ha tenido un impacto social en sectores desfavorecidos o excluidos. De acuerdo a la reseña presentada por la Secretaría de Cultura en su página electrónica, sobre el Fomento a la Lectura, nos expone que Salas de Lectura es “uno de sus programa más emblemáticos incluye a más de dos mil 500 Salas de Lectura, como parte de una estrategia iniciada hace dos décadas que es reconocida a nivel internacional como una de las más exitosas para la práctica lectora y el acercamiento a los libros”. Un plus que tiene este programa es la profesionalización de sus mediadores por medio de un diplomado que aborda todos los rubros que se deben considerar para tener una mediación lectora exitosa, en la sala de lectura y del cómo integrar al lector al proceso y espacio lector, así como las capacitaciones en cada uno de los seminarios de lectura con transcendencia internacional, los encuentros de lectura y mediadores, los festivales, las ferias de libros, los coloquios, el fomento de la lectura en lenguas indígenas, la dotación de acervos bibliográficos. En cada acervo nuevo siempre vamos a encontrar libros bilingües, pensado en esa maravillosa diversidad lingüística y cultural que posee México.

¿Y saben por qué es exitoso el Programa Nacional Salas de Lectura? Por una simple razón, el mediador es un ciudadano comprometido no sólo con fomentar la lectura de libros, sino mediar la lectura de esos libros. El mediador es un puente, acerca los lectores a la lectura de Julio Cortázar, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Emily Dickinson, Sor Juana Inés de la Cruz, Edgar Allan Poe, Ray Bradbury, Octavio Paz, García Márquez, Julieta Fierro, Natalia Toledo, María Baranda y muchos más; así como a los escritores regionales y a la lectura de la literatura infantil y juvenil en sus diversos formatos y plataformas.

Ser mediador de lectura, es una acción en la que se requiere que cada voluntario de la lectura, ponga en práctica aspectos imprescindibles para el desarrollo y evolución de una sala de lectura. Los elementos básicos son: hospitalidad, apertura, tolerancia y diálogo. Los mediadores están muy conscientes de que la lectura genera relaciones democráticas entre la comunidad lectora y por ende, estas prácticas pretenden repercutir en la formación cívica y ética de una ciudadanía más participativa, se fomenta la libertad de expresión de cada uno de sus lectores, cada cual puede exponer sus ideas sobre la lectura de una novela, un poema, un cuento, una canción, una leyenda y en las salas de lectura se exploran las diversas formas de leer, no sólo leemos alfabeto, leemos con todos los sentidos.

Otro acierto, en la labor del mediador de lectura es el fomento a la cultura escrita. La mayoría de las salas tienen actividades derivadas del proceso lector, porque después de leer y leer, parece que la mano quiere escribir los pensamientos y se siembra una necesidad de plasmar las ideas de aquello que hemos leído, entre las producciones escritas están: poemas, cartas, acrósticos, cuentos, canciones, cómics por citar ejemplos.

Cada sala de lectura debería ser considerada un patrimonio. Es terrible que programas tan exitosos dependan de la política pública en turno, más cuando está comprobada su consolidación ciudadana. La “Cuarta transformación” debe ir acompañada del fomento a la lectura, libros, cultura escrita y oralidad, con una piel envuelta de los colores de la literatura y el arte. Así como sustentar y defender el derecho al acceso a los libros y la cultura escrita. Por eso, es necesario pensar en el apoyo a todas las manifestaciones artísticas, en especial talleres y programas a las comunidades más necesitadas.

No deberían pasar por una criba aquellos programas donde el voluntariado es pieza clave. La movilización ciudadana por medio del fomento a la lectura y la mediación genera un sentido de comunidad, un sentido de participación. He aquí la razón por la que los mediadores de lectura estamos con el alma en vilo, porque no sabemos qué pasará con el Programa.

El alivio que nos queda a la mayoría que formamos parte de esta comunidad de mediadores y de este noble programa, es que seguiremos con nuestras salas de lectura más allá de una política pública federal. Porque cada día pasa y tengo entre mis manos un libro, sólo puedo pensar que la literatura en todos sus géneros es y ha sido un bálsamo en tiempos violentos y será siempre un factor determinante para reconstruir la paz.