/ viernes 15 de marzo de 2019

Iluminaciones. El arte de crear

La Comisión Attali, más charlatana que Atila

Las interminables discusiones de carácter académico y político sobre los modelos educativos y su financiamiento, son recurrentes en las transiciones de gobierno. Indudablemente porque son el basamento del horizonte de las nuevas generaciones y de los países.

Thomas Pikkety, el célebre economista francés, aborda la problemática anterior criticando a la Comisión Attali cuando se refiere a cómo hará Francia para pasar de 800 euros anuales invertidos por estudiante a los 20 mil euros de Europa del Norte, lo cual es un misterio, ya que mucho del presupuesto para educación no promueve la excelencia, en contrario, se canaliza para el pago de mantenimiento, nómina de trabajadores y académicos y en investigación la inversión es casi nula. Y un absurdo gigantismo lastra los recursos para investigación, por ejemplo.

Y señala como ejemplo los dilemas de las universidades norteamericanas y las francesas: Universidad de Harvard 20 mil estudiantes y MIT 10 mil estudiantes, lo que permite canalizar los recursos para investigación e innovación en tanto que la Universidad de París VI cuenta con 30 mil estudiantes y La Universidad de París I con más de 40 mil estudiantes (datos de 2007).

Para Thomas Pikkety en su artículo que aparece en el libro La Crisis del Capitalismo del Siglo XXI, el desafío no es promover el gigantismo, sino ayudar a las universidades y escuelas a transformarse en productores de saberes autónomos e independientes del poder político y económico.

Así, deben buscarse novedosas formas de financiamiento y de becas para fortalecer el sistema educativo autónomo y no sea totalmente dependiente del Estado que determina montos y propósitos de las universidades públicas. Sin que ello vaya en detrimento de las obligaciones del Estado que, en ocasiones, está más preocupado por diseñar normas para devolución de miles de millones de euros a los más poderosos.

Esa es su crítica al informe de Attali, más charlatán que Atila, concluyendo que nunca aparecen los mecanismos para la mejora necesaria en el financiamiento de las universidades, como muchos de los programas de Nicolás Sarkozy, en ese momento Presidente de Francia.

Thomas Pikkety reflexiona sobre la calidad de la educación universitaria, qué distingue a una universidad de excelencia de una mediocre, es la calidad de la investigación y no solamente en las áreas tradicionales sino en las que serán la palanca del siglo XXI que estimulen la innovación, investigación y capacitación. Y concluye “La reorientación productiva del país no se logrará con universidades en quiebra”.

En muchos países de América Latina y en México, las universidades están asediadas cotidianamente por la miseria para operar el día a día, hablar de recursos para la investigación y la innovación es un panorama más terrorífico que los ataques inmisericordes de las hordas salvajes de Atila.

La Comisión Attali, más charlatana que Atila

Las interminables discusiones de carácter académico y político sobre los modelos educativos y su financiamiento, son recurrentes en las transiciones de gobierno. Indudablemente porque son el basamento del horizonte de las nuevas generaciones y de los países.

Thomas Pikkety, el célebre economista francés, aborda la problemática anterior criticando a la Comisión Attali cuando se refiere a cómo hará Francia para pasar de 800 euros anuales invertidos por estudiante a los 20 mil euros de Europa del Norte, lo cual es un misterio, ya que mucho del presupuesto para educación no promueve la excelencia, en contrario, se canaliza para el pago de mantenimiento, nómina de trabajadores y académicos y en investigación la inversión es casi nula. Y un absurdo gigantismo lastra los recursos para investigación, por ejemplo.

Y señala como ejemplo los dilemas de las universidades norteamericanas y las francesas: Universidad de Harvard 20 mil estudiantes y MIT 10 mil estudiantes, lo que permite canalizar los recursos para investigación e innovación en tanto que la Universidad de París VI cuenta con 30 mil estudiantes y La Universidad de París I con más de 40 mil estudiantes (datos de 2007).

Para Thomas Pikkety en su artículo que aparece en el libro La Crisis del Capitalismo del Siglo XXI, el desafío no es promover el gigantismo, sino ayudar a las universidades y escuelas a transformarse en productores de saberes autónomos e independientes del poder político y económico.

Así, deben buscarse novedosas formas de financiamiento y de becas para fortalecer el sistema educativo autónomo y no sea totalmente dependiente del Estado que determina montos y propósitos de las universidades públicas. Sin que ello vaya en detrimento de las obligaciones del Estado que, en ocasiones, está más preocupado por diseñar normas para devolución de miles de millones de euros a los más poderosos.

Esa es su crítica al informe de Attali, más charlatán que Atila, concluyendo que nunca aparecen los mecanismos para la mejora necesaria en el financiamiento de las universidades, como muchos de los programas de Nicolás Sarkozy, en ese momento Presidente de Francia.

Thomas Pikkety reflexiona sobre la calidad de la educación universitaria, qué distingue a una universidad de excelencia de una mediocre, es la calidad de la investigación y no solamente en las áreas tradicionales sino en las que serán la palanca del siglo XXI que estimulen la innovación, investigación y capacitación. Y concluye “La reorientación productiva del país no se logrará con universidades en quiebra”.

En muchos países de América Latina y en México, las universidades están asediadas cotidianamente por la miseria para operar el día a día, hablar de recursos para la investigación y la innovación es un panorama más terrorífico que los ataques inmisericordes de las hordas salvajes de Atila.