/ lunes 25 de febrero de 2019

Iluminaciones, el arte de crear

Experimentando con un pueblo. La clave Yeltsin

La Revolución Rusa de 1917, fue la primera revolución planeada y dirigida desde una perspectiva científico-comunista, sustentada en una teoría científica desarrollada por Carlos Marx, el hombre podía transformar la sociedad sin dejarla al azar de la historia.

Y más allá de las contingencias históricas en su largo proceso histórico, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), como un proyecto consciente tenía una meta tangible: acabar con el capitalismo, liberar a todos los trabajadores de la opresión y la explotación, llegar a la sociedad igualitaria, marcando el fin de la lucha de clases. Era una utopía, pero científica.

Trágicamente la URSS y su utopía científica colapsaron antes de lograr el fin de la lucha de clases. Y el período siguiente es fuente de investigación del historiador Robert Service en su libro “Rusia, experimento con un pueblo”(Siglo XXI Editores. Buenos Aires, Argentina. 2006), en él explica como el pueblo ruso, antes y ahora, ha sido objeto de experimentos políticos decididos por sus carismáticos dirigentes: Lenin, Joseph Stalin, Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin.

En todos estos momentos históricos el pueblo ruso ha sido sometido a experimentos políticos de monumentales proporciones, así lo ve Robert Service y, en uno de los capítulos más interesantes, presenta la perestroika de Mijail Gorbachov como el inicio de una efímera primavera democrática que fue acotada y desmantelada por Boris Yeltsin al asumir el poder en 1991.

Para entender al Boris Yeltsin que no propuso el estado ruso democrático al modo occidental, puede rastrearse por una parte en su ignorancia de la cultura democrática y económica del occidente contemporáneo, pero por otra en su capacidad de maniobra política, Robert Service escribe: “Yeltsin nunca había viajado al extranjero, ni siquiera había viajado a Europa oriental. Todo lo que conocía era la URSS. La única ideología con la que estaba familiarizado era el comunismo. Por lo que, concebía como la gran mayoría de los ciudadanos rusos, que lo perfectible del sistema político, económico y social, tendría que ser el marco de la antigua Unión Soviética”.

Hay que considerar que el adoctrinamiento comunista de la URSS predisponía al pueblo ruso en contra de una democracia occidental y a una economía de mercado, por su puesto, Yeltsin lo capitalizó a su favor. Un ejemplo, cuando Yeltsin quería hablar de abrir el mercado ruso, citaba los modelos económicos exitosos de México y a Corea del Sur, entre otros, antes que a las naciones europeas y menos aún a Estados Unidos.

Boris Yeltsin para desmarcarse políticamente de M. Gorbachov, para no aparecer como un pedante especialista, empaquetaba toda la historia del comunismo en un solo bloque desde Lenin a Gorbachov, quienes representaban: “el oscurantismo revolucionario”, “un régimen totalitario”, “proyecto cruel de economía inhumana”. Y terminaba con una arenga “Rusia está enferma”.

Robert Service continúa su análisis sobre el modo en que Boris Yeltsin instauró su nuevo modelo de experimentación con el pueblo ruso. “Antes de llegar al poder supremo, Yeltsin ignoraba muchas sensibilidades populares y constitucionales. Los ciudadanos rusos no fueron consultados con antelación sobre la decisión de Yeltsin de desmantelar la URSS a finales de 1991. Y como él mismo reconoce, usó la violencia para derribar el orden constitucional de 1993”.

Robert Service en Rusia, experimento con un pueblo, estudia y nos invita a reflexionar, nos da una lección histórica de cómo la voluntad de algunos políticos los lleva a imponer modelos políticos sin consultar. Y concluyo con las palabras escritas por Pilar Bonet en su introducción a este libro: “… si la idea básica de Gorbachov era la “evolución”, la de Yeltsin era la “ruptura” y la de Putin es la “continuidad”. De aquí que, con éste último, se hayan recuperado los símbolos y el himno del Estado soviético, la educación patriótica escolar… y la obsesión de recentralizar y controlar las riendas del estado”.

Experimentando con un pueblo. La clave Yeltsin

La Revolución Rusa de 1917, fue la primera revolución planeada y dirigida desde una perspectiva científico-comunista, sustentada en una teoría científica desarrollada por Carlos Marx, el hombre podía transformar la sociedad sin dejarla al azar de la historia.

Y más allá de las contingencias históricas en su largo proceso histórico, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), como un proyecto consciente tenía una meta tangible: acabar con el capitalismo, liberar a todos los trabajadores de la opresión y la explotación, llegar a la sociedad igualitaria, marcando el fin de la lucha de clases. Era una utopía, pero científica.

Trágicamente la URSS y su utopía científica colapsaron antes de lograr el fin de la lucha de clases. Y el período siguiente es fuente de investigación del historiador Robert Service en su libro “Rusia, experimento con un pueblo”(Siglo XXI Editores. Buenos Aires, Argentina. 2006), en él explica como el pueblo ruso, antes y ahora, ha sido objeto de experimentos políticos decididos por sus carismáticos dirigentes: Lenin, Joseph Stalin, Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin.

En todos estos momentos históricos el pueblo ruso ha sido sometido a experimentos políticos de monumentales proporciones, así lo ve Robert Service y, en uno de los capítulos más interesantes, presenta la perestroika de Mijail Gorbachov como el inicio de una efímera primavera democrática que fue acotada y desmantelada por Boris Yeltsin al asumir el poder en 1991.

Para entender al Boris Yeltsin que no propuso el estado ruso democrático al modo occidental, puede rastrearse por una parte en su ignorancia de la cultura democrática y económica del occidente contemporáneo, pero por otra en su capacidad de maniobra política, Robert Service escribe: “Yeltsin nunca había viajado al extranjero, ni siquiera había viajado a Europa oriental. Todo lo que conocía era la URSS. La única ideología con la que estaba familiarizado era el comunismo. Por lo que, concebía como la gran mayoría de los ciudadanos rusos, que lo perfectible del sistema político, económico y social, tendría que ser el marco de la antigua Unión Soviética”.

Hay que considerar que el adoctrinamiento comunista de la URSS predisponía al pueblo ruso en contra de una democracia occidental y a una economía de mercado, por su puesto, Yeltsin lo capitalizó a su favor. Un ejemplo, cuando Yeltsin quería hablar de abrir el mercado ruso, citaba los modelos económicos exitosos de México y a Corea del Sur, entre otros, antes que a las naciones europeas y menos aún a Estados Unidos.

Boris Yeltsin para desmarcarse políticamente de M. Gorbachov, para no aparecer como un pedante especialista, empaquetaba toda la historia del comunismo en un solo bloque desde Lenin a Gorbachov, quienes representaban: “el oscurantismo revolucionario”, “un régimen totalitario”, “proyecto cruel de economía inhumana”. Y terminaba con una arenga “Rusia está enferma”.

Robert Service continúa su análisis sobre el modo en que Boris Yeltsin instauró su nuevo modelo de experimentación con el pueblo ruso. “Antes de llegar al poder supremo, Yeltsin ignoraba muchas sensibilidades populares y constitucionales. Los ciudadanos rusos no fueron consultados con antelación sobre la decisión de Yeltsin de desmantelar la URSS a finales de 1991. Y como él mismo reconoce, usó la violencia para derribar el orden constitucional de 1993”.

Robert Service en Rusia, experimento con un pueblo, estudia y nos invita a reflexionar, nos da una lección histórica de cómo la voluntad de algunos políticos los lleva a imponer modelos políticos sin consultar. Y concluyo con las palabras escritas por Pilar Bonet en su introducción a este libro: “… si la idea básica de Gorbachov era la “evolución”, la de Yeltsin era la “ruptura” y la de Putin es la “continuidad”. De aquí que, con éste último, se hayan recuperado los símbolos y el himno del Estado soviético, la educación patriótica escolar… y la obsesión de recentralizar y controlar las riendas del estado”.