/ miércoles 18 de septiembre de 2019

Historias de una infamia

Desde mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, cuando por primera vez tuve empleo en el estado, empecé a escuchar que el compositor culiacanense Enrique Sánchez Alonso, El Negrumo, había compuesto “El Sinaloense”, pero que se lo había vendido a Severiano Briseño, legendario compositor originario de San Luis Potosí, integrante del Trío Tamaulipeco, autor, entre otros éxitos, del corrido de Chihuahua y de estupendas canciones que dejó grabadas la inmortal Lucha Reyes.

Todos los años Briseño, desde la década de los años 30, viajaba con el trío a Sinaloa y trabajaba intensamente durante las zafras de la caña de azúcar en los ingenios de Los Mochis, Navolato, Eldorado y El Roble. Existen muchísimos testimonios de que en una ocasión en que tuvo que permanecer en Mazatlán debido a la emergencia por un ciclón, en la más concurrida cantina del puerto, Severiano, reconocido, a petición de algunos clientes, compuso “El Sinaloense”, mencionando intencionalmente Navolato y El Roble para granjeárselos cuando los visitara en sus giras, grabándolo, desde entonces, con el Trío Tamaulipeco.

Lastimosamente, una de las personas que más propagó la versión infame de que Briseño le había comprado a El Negrumo el son, fue José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”. Pero ninguno, incluido el choixense, aportó jamás prueba alguna de tal hecho. Extrañamente, Ferrusquilla no sólo calumniaba al autor, sino que fomentó en la familia el odio a la canción misma. Teniendo como testigos a los periodistas José Ángel Sánchez y Manuel Medina, en una comida que ofreció Manuel Sánchez Villalpando “El Cuchupetas” en su negocio en Villa Unión, en la que eran atendidos Irma Dorantes y Los Falcón, entre otros, al calor de las canciones del oriundo de Choix, una cocinera irrumpió en el salón al terminar de cantarse La ley del monte, y, emocionada, pidió “¡El Sinaloense! ¡El Sinaloense!” Y, ante la sorpresa de todos, la actriz Angélica Aragón, hija de Ferrusquilla, callando a la cocinera gritó, crispada: “¡Esa es canción de borrachos!”, lo que obligó a Cuchupetas a ordenar a la pobre cocinera que se retirara.

Otra persona con igual actitud, ex secretario de educación pública y cultura del estado, cuando se le hizo ver la deliberada intención de Briseño de mencionar El Roble a más de doscientos kilómetros de distancia de Navolato, inventó (sigue sosteniendo) que a unos cuantos kilómetros de Navolato existió un rancho llamado El Roble y que a éste se refería Severiano, no al de Mazatlán. Poblado que no aparece ni en el libro de las toponimias del profesor Teodoso Navidad, ni cuando el último municipio sinaloense fue parte de Culiacán. Hasta don Ramón López Alvarado, de la Banda La Costeña, sostenía que cuando la letra de El Sinaloense menciona “todos me dicen el negro/, un negro pero con suerte”, probaba que su autor había sido El Negrumo.

Por mi modesta parte, como compositor capto que el rasgueo de la guitarra de El Sinaloense, corresponde a un son huasteco, como el mismo Briseño, muy distinto a como se resuelve el son sinaloense con la Tambora. Y, sobre todo, sostengo que traté personalmente por dos años (1960-1961) en la ciudad de México, a Enrique Sánchez Alonso El Negrumo y jamás, ni por jactancia ni por asomo, me mencionó confidencialmente que él hubiera compuesto El Sinaloense. Sirvan estas líneas para rendirle homenaje a su memoria. Nadie de los calumniadores conoció y trató al gran compositor como yo. Hombre probo de toda probidad.

Desde mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, cuando por primera vez tuve empleo en el estado, empecé a escuchar que el compositor culiacanense Enrique Sánchez Alonso, El Negrumo, había compuesto “El Sinaloense”, pero que se lo había vendido a Severiano Briseño, legendario compositor originario de San Luis Potosí, integrante del Trío Tamaulipeco, autor, entre otros éxitos, del corrido de Chihuahua y de estupendas canciones que dejó grabadas la inmortal Lucha Reyes.

Todos los años Briseño, desde la década de los años 30, viajaba con el trío a Sinaloa y trabajaba intensamente durante las zafras de la caña de azúcar en los ingenios de Los Mochis, Navolato, Eldorado y El Roble. Existen muchísimos testimonios de que en una ocasión en que tuvo que permanecer en Mazatlán debido a la emergencia por un ciclón, en la más concurrida cantina del puerto, Severiano, reconocido, a petición de algunos clientes, compuso “El Sinaloense”, mencionando intencionalmente Navolato y El Roble para granjeárselos cuando los visitara en sus giras, grabándolo, desde entonces, con el Trío Tamaulipeco.

Lastimosamente, una de las personas que más propagó la versión infame de que Briseño le había comprado a El Negrumo el son, fue José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”. Pero ninguno, incluido el choixense, aportó jamás prueba alguna de tal hecho. Extrañamente, Ferrusquilla no sólo calumniaba al autor, sino que fomentó en la familia el odio a la canción misma. Teniendo como testigos a los periodistas José Ángel Sánchez y Manuel Medina, en una comida que ofreció Manuel Sánchez Villalpando “El Cuchupetas” en su negocio en Villa Unión, en la que eran atendidos Irma Dorantes y Los Falcón, entre otros, al calor de las canciones del oriundo de Choix, una cocinera irrumpió en el salón al terminar de cantarse La ley del monte, y, emocionada, pidió “¡El Sinaloense! ¡El Sinaloense!” Y, ante la sorpresa de todos, la actriz Angélica Aragón, hija de Ferrusquilla, callando a la cocinera gritó, crispada: “¡Esa es canción de borrachos!”, lo que obligó a Cuchupetas a ordenar a la pobre cocinera que se retirara.

Otra persona con igual actitud, ex secretario de educación pública y cultura del estado, cuando se le hizo ver la deliberada intención de Briseño de mencionar El Roble a más de doscientos kilómetros de distancia de Navolato, inventó (sigue sosteniendo) que a unos cuantos kilómetros de Navolato existió un rancho llamado El Roble y que a éste se refería Severiano, no al de Mazatlán. Poblado que no aparece ni en el libro de las toponimias del profesor Teodoso Navidad, ni cuando el último municipio sinaloense fue parte de Culiacán. Hasta don Ramón López Alvarado, de la Banda La Costeña, sostenía que cuando la letra de El Sinaloense menciona “todos me dicen el negro/, un negro pero con suerte”, probaba que su autor había sido El Negrumo.

Por mi modesta parte, como compositor capto que el rasgueo de la guitarra de El Sinaloense, corresponde a un son huasteco, como el mismo Briseño, muy distinto a como se resuelve el son sinaloense con la Tambora. Y, sobre todo, sostengo que traté personalmente por dos años (1960-1961) en la ciudad de México, a Enrique Sánchez Alonso El Negrumo y jamás, ni por jactancia ni por asomo, me mencionó confidencialmente que él hubiera compuesto El Sinaloense. Sirvan estas líneas para rendirle homenaje a su memoria. Nadie de los calumniadores conoció y trató al gran compositor como yo. Hombre probo de toda probidad.