/ sábado 9 de febrero de 2019

El Turismo Cultural

(marismeño-mazatleco)

El carnaval como principal atractivo espectacular, Puro Sinaloa, es un producto sucedáneo y adocenado, por no decir, vulgarizado, para que el turismo cultural se haga del arte y la cultura marismeños-mazatlecoscon el reciclado comercial de la apropiación, publipropagandísticamente, artística y cultural, de donde se proyecta una supuesta identidad y pertenencia de lo marismeño-mazatleco, y si no, pues para eso estuvo Raúl Rico, porque antes, durante y después de RR fue, es y será RR para El Centinela de El Malecón, quien dice y escribe: “El carnaval como origen y destino del movimiento cultural” que devino y vino con El Divino Raúl Rico.

¿Desde cuándo el arte y la cultura han tenido que profesionalizarse para serse y hacerse arte y cultura?, a no ser para hacerse en la mercadotecnia de lo comercial con el turismo cultural para, verse y venderse, al mejor postor-turístico-depredador.

El carnaval nunca fue, es y será el origen y destino del movimiento cultural si es que lo hay o lo hubo en Mazatlán, simple y estúpidamente, porque no es atribuible a algo tan simple y vulgarmente como el carnaval, porque el carnaval es diversión, y, el arte y la cultura son creación.

En Puro Sinaloa, principalmente, en Mazatlán, se ha generado una falsa percepción del arte y la cultura sinaloenses, a partir de lo que fue el Tianguis-Sinaloa 2018, poniéndole al turismo cultural las cinco estrellas de la portentosa visualización materializada en un estado que ningún gobernador-empresario le ha podido quitar el estigma-paradigma de una tierra narcotroia, donde para cualquier referente histórico y sociocultural han sido el malverde de los malverdes, el padrino de los padrinos, el jefe de los jefes y el chapo de los chapos con los toledo corro, los ordaz coppel, los berdegué y los leovigildo, porque ni carolingios ni príncipes más que marismeños-mazatlecos los campesinos, los pescadores, los ganaderos y los meser@s.

Hay una proclividad manifiesta y cierta en eso de que el carnaval es el origen y destino de eso que es el movimiento cultural-de-la-cultura marismeña-mazatleca a manera de regodeo y refocilamiento, de voraginización y regurgitación en lo que se proyecta en programas culturales -reciclados- durante el año de enero a diciembre, alzándose los excelentes y los maravillosos resultados por encima de lo que marismeñamente no es arte ni cultura más que a través del arte y la cultura mazatlecos, trazando una distinción y un distingo de la cultura culta y la cultura popular poniendo de por medio la clase media pa’bajo y para arriba: el turismo extranjero de Extranjía y el turismo nacional de las tierras del Sándwich-Oxxo.

Cuando el turismo cultural se apropia del arte y la cultura de un estado como en el Puro Sinaloa, de lo prehispánico a lo colonial, el reciclado es de una visión mercadotécnica, reincorporando lo orgánico, lo original y lo auténtico de lo clásico a lo moderno para un mismo y un diferente público-usuario-turista-consumidor-depredador local, estatal, nacional e internacional, de la gastronomía y la moda, lo provinciano y lo típico, lo chauvinista y lo cosmopolita, lo abigarrado y lo vintage, lo que salta y resalta, lo vernáculo y la tabla roca de lo que es o no un centro histórico con el casco viejo de una ciudad: de los pueblos fantasmas a los pueblos mágicos, la abundancia inventada contra la carencia existente, de las piedras a la minería con los socavones de la miseria histórica, vendida en la bisutería de la plazuela Machado.

En La actualidad innombrable, Roberto Calasso, se lee a la letra: “Cuando los turistas son observados con cierta inconformidad y un gesto de reprobación, es la humanidad la que se mira a sí misma y sospecha haber perdido algo. No sabe bien qué es, pero sabe que no se puede recuperar. Alguien ha dicho que la democracia extiende a todos los ciudadanos el privilegio de acceder a cosas que ya no existen.”

(marismeño-mazatleco)

El carnaval como principal atractivo espectacular, Puro Sinaloa, es un producto sucedáneo y adocenado, por no decir, vulgarizado, para que el turismo cultural se haga del arte y la cultura marismeños-mazatlecoscon el reciclado comercial de la apropiación, publipropagandísticamente, artística y cultural, de donde se proyecta una supuesta identidad y pertenencia de lo marismeño-mazatleco, y si no, pues para eso estuvo Raúl Rico, porque antes, durante y después de RR fue, es y será RR para El Centinela de El Malecón, quien dice y escribe: “El carnaval como origen y destino del movimiento cultural” que devino y vino con El Divino Raúl Rico.

¿Desde cuándo el arte y la cultura han tenido que profesionalizarse para serse y hacerse arte y cultura?, a no ser para hacerse en la mercadotecnia de lo comercial con el turismo cultural para, verse y venderse, al mejor postor-turístico-depredador.

El carnaval nunca fue, es y será el origen y destino del movimiento cultural si es que lo hay o lo hubo en Mazatlán, simple y estúpidamente, porque no es atribuible a algo tan simple y vulgarmente como el carnaval, porque el carnaval es diversión, y, el arte y la cultura son creación.

En Puro Sinaloa, principalmente, en Mazatlán, se ha generado una falsa percepción del arte y la cultura sinaloenses, a partir de lo que fue el Tianguis-Sinaloa 2018, poniéndole al turismo cultural las cinco estrellas de la portentosa visualización materializada en un estado que ningún gobernador-empresario le ha podido quitar el estigma-paradigma de una tierra narcotroia, donde para cualquier referente histórico y sociocultural han sido el malverde de los malverdes, el padrino de los padrinos, el jefe de los jefes y el chapo de los chapos con los toledo corro, los ordaz coppel, los berdegué y los leovigildo, porque ni carolingios ni príncipes más que marismeños-mazatlecos los campesinos, los pescadores, los ganaderos y los meser@s.

Hay una proclividad manifiesta y cierta en eso de que el carnaval es el origen y destino de eso que es el movimiento cultural-de-la-cultura marismeña-mazatleca a manera de regodeo y refocilamiento, de voraginización y regurgitación en lo que se proyecta en programas culturales -reciclados- durante el año de enero a diciembre, alzándose los excelentes y los maravillosos resultados por encima de lo que marismeñamente no es arte ni cultura más que a través del arte y la cultura mazatlecos, trazando una distinción y un distingo de la cultura culta y la cultura popular poniendo de por medio la clase media pa’bajo y para arriba: el turismo extranjero de Extranjía y el turismo nacional de las tierras del Sándwich-Oxxo.

Cuando el turismo cultural se apropia del arte y la cultura de un estado como en el Puro Sinaloa, de lo prehispánico a lo colonial, el reciclado es de una visión mercadotécnica, reincorporando lo orgánico, lo original y lo auténtico de lo clásico a lo moderno para un mismo y un diferente público-usuario-turista-consumidor-depredador local, estatal, nacional e internacional, de la gastronomía y la moda, lo provinciano y lo típico, lo chauvinista y lo cosmopolita, lo abigarrado y lo vintage, lo que salta y resalta, lo vernáculo y la tabla roca de lo que es o no un centro histórico con el casco viejo de una ciudad: de los pueblos fantasmas a los pueblos mágicos, la abundancia inventada contra la carencia existente, de las piedras a la minería con los socavones de la miseria histórica, vendida en la bisutería de la plazuela Machado.

En La actualidad innombrable, Roberto Calasso, se lee a la letra: “Cuando los turistas son observados con cierta inconformidad y un gesto de reprobación, es la humanidad la que se mira a sí misma y sospecha haber perdido algo. No sabe bien qué es, pero sabe que no se puede recuperar. Alguien ha dicho que la democracia extiende a todos los ciudadanos el privilegio de acceder a cosas que ya no existen.”