/ miércoles 13 de octubre de 2021

El Semáforo Coronavirus marismeño-mazatleco, en un azul pálido-mortecino

El Químico y El Quirino y los empresarios hoteleros mienten y simulan con el estado de salud pandémico marismeño-mazatleco, a lo que Canaco-Servytur le agrega el plus de los beneficios con el protocolo de los contagios dispersos en los restaurantes playeros con el “buen provecho” de lo servido y el “buen fin” de lo enganchado comercialmente con la voracidad del consumismo y la rentabilidad económica del coronavirus, porque la gente necesita relajarse en el relajo y no habrá gente que le quiten los bailado hasta con banda en los servicios funerarios.

Los políticos y los empresarios que son un grupo de intereses económicos con la clientelar masa amorfa de la gente a través de la publipropaganda turística, más comercial que cultural, no escatima con mentiras y simulaciones con el verde quiero que lo vean y lo sientan verde, a la primavera y al verano les fue como les va ir con el otoño y el invierno: de catálogo, los fines de semana, con el turismo internacional, el gringo-viejo-canadiense, (de y en) casa, porque el de España-Europa hasta que Quirino sea el operador del Ocean Palace en la embajada mexicana.

Los promotores turístico-culturales con los colores de los políticos y los empresarios hoteleros, marismeños-mazatlecos, no son ni se hacen los daltónicos porque el color del dinero es el verde dólar que las chimeneas sin humo acumulan y despojan a lo más selecto de la industria turística, a los turistas, a los empleados y al paisaje, guardando en cajas fuertes los billetes verdes tras las jardineras de los balcones en oficinas con vista al mar, el sol y el rayo verde en el atardecer crepuscular entre El Faro y Las Tres Islas.

De la construcción a la innovación esteticista del embellecimiento se han destruido los ángulos espaciales y naturales para dar paso al encajonamiento al tope de las ampliaciones con calles y avenidas, para lo que El Químico ve otra oportunidad de negocio personal para los marismeños-mazatlecos: un sistema de metrobús urbano porque el transporte público se ha embotellado con los usuarios particulares de automóviles, camionetas y motocicletas desde el centro a la periferia y viceversa con la reversa periférica-céntrica, acabando con aquello “del pueblo bicicletero” que Julio Berdegué no pudo ver en las ciclovías entre el arroyo vial y el espacio peatonal, sin dejar de contar y descontar los accidentes viales y peatonales porque si se baja caminando o trotando por unos escalones a la playa, se puede bajar desnucado, aparte de los borrachazos semaforizados y euforizados por las noches de la alegría nocturna, no sabiéndose, por la perspectiva de género, quienes manejan mejor briag@s, los hombres o las mujeres, l@s cuales son una chulada dechocamientos y atropellamientos en las vías periféricas, y aunque parezca una exageración siempre ha sido una normalización selectiva porque lo quesuceda en la zona turística: allí nadie muere, porque es una zona para la familia que se anda de fiesta en las aurigas.

El sinsentido de existir de Mazatlán tiene un sentido único e histórico: su encajonamiento urbano y su desfondamiento hidráulico, así como un batido de argamasa arquitectónica con lo neoclásico, lo vernáculo, lo californiano y la fachada de tabla roca con las altas torres donde las pongan como divisaderos a una latente catástrofe natural, humana y urbana.

Si los colores de los semáforos viales apenas se respetan, por qué no alterar, a modo, los colores mortales del coronavirus; he aquí, el dilema: to be or no to be, en YouTube, no importando la mentira o la simulación, menos la irresponsabilidad criminal de los políticos y los empresarios, a cuál más, con los ciudadanos, de a pie, por la avenida del mar, más acá y más allá de los Monos Bichis.

El Químico y El Quirino y los empresarios hoteleros mienten y simulan con el estado de salud pandémico marismeño-mazatleco, a lo que Canaco-Servytur le agrega el plus de los beneficios con el protocolo de los contagios dispersos en los restaurantes playeros con el “buen provecho” de lo servido y el “buen fin” de lo enganchado comercialmente con la voracidad del consumismo y la rentabilidad económica del coronavirus, porque la gente necesita relajarse en el relajo y no habrá gente que le quiten los bailado hasta con banda en los servicios funerarios.

Los políticos y los empresarios que son un grupo de intereses económicos con la clientelar masa amorfa de la gente a través de la publipropaganda turística, más comercial que cultural, no escatima con mentiras y simulaciones con el verde quiero que lo vean y lo sientan verde, a la primavera y al verano les fue como les va ir con el otoño y el invierno: de catálogo, los fines de semana, con el turismo internacional, el gringo-viejo-canadiense, (de y en) casa, porque el de España-Europa hasta que Quirino sea el operador del Ocean Palace en la embajada mexicana.

Los promotores turístico-culturales con los colores de los políticos y los empresarios hoteleros, marismeños-mazatlecos, no son ni se hacen los daltónicos porque el color del dinero es el verde dólar que las chimeneas sin humo acumulan y despojan a lo más selecto de la industria turística, a los turistas, a los empleados y al paisaje, guardando en cajas fuertes los billetes verdes tras las jardineras de los balcones en oficinas con vista al mar, el sol y el rayo verde en el atardecer crepuscular entre El Faro y Las Tres Islas.

De la construcción a la innovación esteticista del embellecimiento se han destruido los ángulos espaciales y naturales para dar paso al encajonamiento al tope de las ampliaciones con calles y avenidas, para lo que El Químico ve otra oportunidad de negocio personal para los marismeños-mazatlecos: un sistema de metrobús urbano porque el transporte público se ha embotellado con los usuarios particulares de automóviles, camionetas y motocicletas desde el centro a la periferia y viceversa con la reversa periférica-céntrica, acabando con aquello “del pueblo bicicletero” que Julio Berdegué no pudo ver en las ciclovías entre el arroyo vial y el espacio peatonal, sin dejar de contar y descontar los accidentes viales y peatonales porque si se baja caminando o trotando por unos escalones a la playa, se puede bajar desnucado, aparte de los borrachazos semaforizados y euforizados por las noches de la alegría nocturna, no sabiéndose, por la perspectiva de género, quienes manejan mejor briag@s, los hombres o las mujeres, l@s cuales son una chulada dechocamientos y atropellamientos en las vías periféricas, y aunque parezca una exageración siempre ha sido una normalización selectiva porque lo quesuceda en la zona turística: allí nadie muere, porque es una zona para la familia que se anda de fiesta en las aurigas.

El sinsentido de existir de Mazatlán tiene un sentido único e histórico: su encajonamiento urbano y su desfondamiento hidráulico, así como un batido de argamasa arquitectónica con lo neoclásico, lo vernáculo, lo californiano y la fachada de tabla roca con las altas torres donde las pongan como divisaderos a una latente catástrofe natural, humana y urbana.

Si los colores de los semáforos viales apenas se respetan, por qué no alterar, a modo, los colores mortales del coronavirus; he aquí, el dilema: to be or no to be, en YouTube, no importando la mentira o la simulación, menos la irresponsabilidad criminal de los políticos y los empresarios, a cuál más, con los ciudadanos, de a pie, por la avenida del mar, más acá y más allá de los Monos Bichis.

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