/ domingo 19 de mayo de 2019

Despierto en la mañana del domingo de ayer siendo lunes

Con mayo pasando de fresco lunar nocturno a cálido solar de día, esperando que al meteorólogo Nordhal no se le haya descompuesto el termostato climatológico, y si la publicidad dice que el calor es vida, pues también es deshidratación y golpes de calor, sobre todo, cuando se pasa de los sesenta años.

Para la dulcedumbre y la amargadumbre de los días calurosos y las noches acondicionadas, cumplir 62 años el 20 de mayo, parece más una necesidad personal de entereza fragmentada que la tan llevada y traída resiliencia en tiempo de los espíritus maltrechos o baldados entre los muertos, los desaparecidos y los desplazados, pasando el día de la madrescon más pena que gloria al caer una niña en una olla con el caldo hirviente de un estofado.

Entonces, cuando los maestros jubilados dinámicos y los pensionados vitalicios mientras la vidaUASeña-PASeña, nos sentimos más deshonrados que honrados por la autonomía universitaria y la ley orgánica a todo modo del rector AutoE(u)logio-Cuén, la burocracia máspolítica partidista que académica ha llegado a 146 años de ser lo que no es: una universidad libre de corrupción e impunidad, transparente y rendidora de cuentas privadas y públicas, en lo que la mayoría del estudiante propio a la partido-academia política o ajeno a la misma le basta con meter la cabeza a la pantalla digital del teléfono celular inteligente para ni siquiera ver a la gente, aunque a su tiempo Cuén y Rocha Mocha tendrán que negociar a la UAS para posible electora-votante para candidatos al gobierno de Sinaloa, sean pasistas o morenistas, a la UAS, la van utilizar para lo que la política, y no, la academia, dicte y mande.

En los pasados años del siglo xx y en los presentes años del siglo xxi que son del pasado y del presente inmediatos y mediáticos, reales, virtuales y digitales, debería sentirme agradecido por tanta información generada por los pensamientos y las palabras, los actos y los hechos humanos, animales y naturales, pero no, porque parte de esos pensamientos y de esas palabras, de esos actos y de esos hechos nos los hemos generado por el capitalismo de lujo, funeral y de vigilancia con la publipropaganda para el consumo y el consumidor que todos nosotros y los otros, los demás y la gente compramos, consumimos y tiramos-tiranamente, vorazmente e impunemente desde arriba del mundo a medio del cielo y abajo en la tierra: todavía así, de la acción disruptiva de la tecnología al delicado sonido del cataclismo terrenal los estamos viendo y escuchando.

Cuando se llega real y existencialmente a una situación familiar de orfandad, la soledad, se transforma en una compañía única y plenipotenciaria capaz de arreglar conflictos íntimos con guerras personales, treguas públicas y tratados de paz con la sombra de uno mismo, sabiendo y sintiendo que después de uno hay una hija; entonces, la soledad, se pasa como heredad en vida para cuidarla en la salud, en el amor y en la educación para lo que se vino y se viene a la vida mientras la vida, considerando que la hija es una mujer en proceso de cuidarse a sí misma en la salud, en el amor y en la educación, porque uno no es por y para siempre, teniendo la responsabilidad de hacer de la soledad y de la heredad comunicadas y compartidas como un derecho y un deber a la vida para la vida mientras la vida, a reserva de que la vida no es para siempre, Andrea Heloisa.

A la máxima heredad a la que estamos consignados los seres humanos es a la soledad (de y para) la condición humana por nuestros pensamientos y nuestras palabras, por nuestros actos y por nuestros hechos humanos-inhumanos, contra-animales y anti-naturales: la belleza que es la naturaleza, y no, la de la mujer y la del hombre, estaba en la sensibilidad de la creatividad-hacedora como en la socio-estética de la cultura, no habiendo ahora más que producción y reproducción desde el mingitorio de Marcel Duchamp a la calavera de Damien Hirst a el algoritmo de la estupidez artística, cultural y humanacon el químico carnavalesco y el puro sinaloa de quirino.

Más hipócritas y cobardes que revolucionarios y liberadores los siglos xx y xxi con todos nosotros y los otros, los demás y la gente, no servimos más que para el servilismo y la obediencia, el cinismo y el egoísmo, la indolencia y la indiferencia en la voraginación y en la invaginación del consumismo con la marcas, códigos de barras, barras cromáticas, recetarios y dietarios para rebajar y engrasar la obesidad hasta reventar en los impuros huesos en lo que las hormonas se tragan y cagan a las neuronas en los basurales de los lotes baldíos en que el ser humano y la condición humana emigran desde la tierra de abajo al cielo de en medio para llegar al mundo de arriba donde los muertos, los desaparecidos y los desplazados son túmulos en la paz sepulcral de no haber sido nada, nadie y alguien, por siempre.

Mi regalo gratis: “Ni libertad, ni grandeza, ni belleza pueden anidar en medio de semejante soledad. Es de ahí, de ese desvalimiento, de donde proceden todas las demás miserias. Desnudo y experimentando el horror vacui, intenta el hombre taparse como sea, taponar con lo que sea el gran vacío en el que atiborra objetos, artilugios, dineros, diversiones, caprichos… que, lejos de colmarlo, no hacen sino ahondar el vacío con sus artificios sin fin”. –Javier R. Portella-.

Con mayo pasando de fresco lunar nocturno a cálido solar de día, esperando que al meteorólogo Nordhal no se le haya descompuesto el termostato climatológico, y si la publicidad dice que el calor es vida, pues también es deshidratación y golpes de calor, sobre todo, cuando se pasa de los sesenta años.

Para la dulcedumbre y la amargadumbre de los días calurosos y las noches acondicionadas, cumplir 62 años el 20 de mayo, parece más una necesidad personal de entereza fragmentada que la tan llevada y traída resiliencia en tiempo de los espíritus maltrechos o baldados entre los muertos, los desaparecidos y los desplazados, pasando el día de la madrescon más pena que gloria al caer una niña en una olla con el caldo hirviente de un estofado.

Entonces, cuando los maestros jubilados dinámicos y los pensionados vitalicios mientras la vidaUASeña-PASeña, nos sentimos más deshonrados que honrados por la autonomía universitaria y la ley orgánica a todo modo del rector AutoE(u)logio-Cuén, la burocracia máspolítica partidista que académica ha llegado a 146 años de ser lo que no es: una universidad libre de corrupción e impunidad, transparente y rendidora de cuentas privadas y públicas, en lo que la mayoría del estudiante propio a la partido-academia política o ajeno a la misma le basta con meter la cabeza a la pantalla digital del teléfono celular inteligente para ni siquiera ver a la gente, aunque a su tiempo Cuén y Rocha Mocha tendrán que negociar a la UAS para posible electora-votante para candidatos al gobierno de Sinaloa, sean pasistas o morenistas, a la UAS, la van utilizar para lo que la política, y no, la academia, dicte y mande.

En los pasados años del siglo xx y en los presentes años del siglo xxi que son del pasado y del presente inmediatos y mediáticos, reales, virtuales y digitales, debería sentirme agradecido por tanta información generada por los pensamientos y las palabras, los actos y los hechos humanos, animales y naturales, pero no, porque parte de esos pensamientos y de esas palabras, de esos actos y de esos hechos nos los hemos generado por el capitalismo de lujo, funeral y de vigilancia con la publipropaganda para el consumo y el consumidor que todos nosotros y los otros, los demás y la gente compramos, consumimos y tiramos-tiranamente, vorazmente e impunemente desde arriba del mundo a medio del cielo y abajo en la tierra: todavía así, de la acción disruptiva de la tecnología al delicado sonido del cataclismo terrenal los estamos viendo y escuchando.

Cuando se llega real y existencialmente a una situación familiar de orfandad, la soledad, se transforma en una compañía única y plenipotenciaria capaz de arreglar conflictos íntimos con guerras personales, treguas públicas y tratados de paz con la sombra de uno mismo, sabiendo y sintiendo que después de uno hay una hija; entonces, la soledad, se pasa como heredad en vida para cuidarla en la salud, en el amor y en la educación para lo que se vino y se viene a la vida mientras la vida, considerando que la hija es una mujer en proceso de cuidarse a sí misma en la salud, en el amor y en la educación, porque uno no es por y para siempre, teniendo la responsabilidad de hacer de la soledad y de la heredad comunicadas y compartidas como un derecho y un deber a la vida para la vida mientras la vida, a reserva de que la vida no es para siempre, Andrea Heloisa.

A la máxima heredad a la que estamos consignados los seres humanos es a la soledad (de y para) la condición humana por nuestros pensamientos y nuestras palabras, por nuestros actos y por nuestros hechos humanos-inhumanos, contra-animales y anti-naturales: la belleza que es la naturaleza, y no, la de la mujer y la del hombre, estaba en la sensibilidad de la creatividad-hacedora como en la socio-estética de la cultura, no habiendo ahora más que producción y reproducción desde el mingitorio de Marcel Duchamp a la calavera de Damien Hirst a el algoritmo de la estupidez artística, cultural y humanacon el químico carnavalesco y el puro sinaloa de quirino.

Más hipócritas y cobardes que revolucionarios y liberadores los siglos xx y xxi con todos nosotros y los otros, los demás y la gente, no servimos más que para el servilismo y la obediencia, el cinismo y el egoísmo, la indolencia y la indiferencia en la voraginación y en la invaginación del consumismo con la marcas, códigos de barras, barras cromáticas, recetarios y dietarios para rebajar y engrasar la obesidad hasta reventar en los impuros huesos en lo que las hormonas se tragan y cagan a las neuronas en los basurales de los lotes baldíos en que el ser humano y la condición humana emigran desde la tierra de abajo al cielo de en medio para llegar al mundo de arriba donde los muertos, los desaparecidos y los desplazados son túmulos en la paz sepulcral de no haber sido nada, nadie y alguien, por siempre.

Mi regalo gratis: “Ni libertad, ni grandeza, ni belleza pueden anidar en medio de semejante soledad. Es de ahí, de ese desvalimiento, de donde proceden todas las demás miserias. Desnudo y experimentando el horror vacui, intenta el hombre taparse como sea, taponar con lo que sea el gran vacío en el que atiborra objetos, artilugios, dineros, diversiones, caprichos… que, lejos de colmarlo, no hacen sino ahondar el vacío con sus artificios sin fin”. –Javier R. Portella-.