/ sábado 2 de marzo de 2019

Áma-te

Sí, es lindo amar a la pareja, amigos del Sol de Mazatlán. Es cierto. Pero, ayer estaba charlando con algunas amigas sobre este tema y la gran diferencia que se observa entre las mujeres que dependen económicamente de sus parejas, y las que no.


Desde que salí de la casa paterna, mi lema fue: “tú puedes, tú debes”. Se terminaba la hija de familia que tenía todo con solo pedirlo. Así fueron mis padres. Aún sin ser ricos, me dieron todo. Yo no tenía ni necesidad ni obligación de trabajar.

Si quería ropa, salidas, aerobic’s, cine… ya sea papá o mis hermanos varones mayores me lo proporcionaban. Pero al salir de casa, era prácticamente un reto valerme por mí misma. Y demostrarme de qué era capaz.

Cuando cobré mi primer sueldo y surtí mi primera despensa, creo que no había mujer más feliz sobre esta tierra que yo. ¡Ah, qué ricos me supieron aquellos frijolitos comprados con mi trabajo! Eso se hizo costumbre y poco a poco desarrollé y descubrí habilidades que había en mí. Un descubrimiento que entre cuatro paredes “confortables”, nunca habría descubierto.


Con el paso de los años (más de 16), pasé de atender una tienda miscelánea en un hotel, a pararme en foros internacionales dando conferencias ante cientos de personas y en foros de televisión ante millones de espectadores. ¡De no creerse la verdad! Y con ello, la recompensa económica.

De pronto un día, al voltear a ver mi entorno, descubro viejas amigas que se casaron y se dedicaron a ser amas de casa. Algunas terminaron una carrera. Otras no. Pero las que tenían en común el haber abandonado la idea de trabajar y ser independientes, tenían en común también otra cosa: Estaban en una relación de pareja donde no eran (y no son de hecho) felices, pero no se separan, no se divorcian, porque no saben de qué van a vivir. No saben cómo pagarían un techo y surtirían su despensa si no les dan el dinero. No sabrían en qué trabajar. Y ni pensar en emprender, eso requiere mucho más valor y empoderamiento.

Entonces, el grupo de amigas que estamos en pareja, pero que trabajamos y seguimos siendo independientes, coincidimos en que nosotras, estamos con nuestras parejas porque así lo hemos decidido. Porque queremos. Porque nos da la gana.

No porque sea nuestra única opción para sobrevivir. Somos mujeres que no tenemos miedo ni a la viudez, ni a la separación, ni a la infidelidad. ¿Por qué? Porque tenemos el poder de valernos por nosotras mismas. Y entonces, me parece, que somos más felices que las otras. Ciertamente, ser independiente y sobre todo si eres emprendedora, requiere de ti un mayor esfuerzo cuando de hacer familia se trata. Y siempre te cuestionarás si lo estás haciendo bien. Pero el resultado, será siempre sin duda cien por ciento gratificante.

Ama, sí… Pero ámate antes lo suficiente como para desarrollar el potencial que hay en ti. Reconoce que la época de las abuelas ya terminó. Y que nada supera a poder pagarte tus propias cosas, e incluso (por qué no), ser tú quien le invite al cine alguna vez. Cuando eres fuerte, amas mejor. Pues tienes menos posibilidades de caer en la dependencia económica. Y para seleccionar a tu pareja, te guiarás por el corazón, no por su cartera y el estilo de vida que podría darte.

Pues valorarás una construcción en conjunto, aportando también tú parte. Elevarás tu autoestima, y ello mejorará tu sexualidad (créeme, el poder fuera de la cama da poder y placer dentro de la cama). La realización personal da felicidad. Y cuando somos felices, somos mejores parejas.

Les mando un fuerte abrazo. Recuerden buscarme en Facebook como: Eugenia Flo

Y para consultas privadas presenciales u online en Mazatlán y el resto del mundo, pueden solicitar cita al correo: eugeniasexologa@gmail.com

Y recuerda que ¡el mayor placer, te lo da el saber!

Sí, es lindo amar a la pareja, amigos del Sol de Mazatlán. Es cierto. Pero, ayer estaba charlando con algunas amigas sobre este tema y la gran diferencia que se observa entre las mujeres que dependen económicamente de sus parejas, y las que no.


Desde que salí de la casa paterna, mi lema fue: “tú puedes, tú debes”. Se terminaba la hija de familia que tenía todo con solo pedirlo. Así fueron mis padres. Aún sin ser ricos, me dieron todo. Yo no tenía ni necesidad ni obligación de trabajar.

Si quería ropa, salidas, aerobic’s, cine… ya sea papá o mis hermanos varones mayores me lo proporcionaban. Pero al salir de casa, era prácticamente un reto valerme por mí misma. Y demostrarme de qué era capaz.

Cuando cobré mi primer sueldo y surtí mi primera despensa, creo que no había mujer más feliz sobre esta tierra que yo. ¡Ah, qué ricos me supieron aquellos frijolitos comprados con mi trabajo! Eso se hizo costumbre y poco a poco desarrollé y descubrí habilidades que había en mí. Un descubrimiento que entre cuatro paredes “confortables”, nunca habría descubierto.


Con el paso de los años (más de 16), pasé de atender una tienda miscelánea en un hotel, a pararme en foros internacionales dando conferencias ante cientos de personas y en foros de televisión ante millones de espectadores. ¡De no creerse la verdad! Y con ello, la recompensa económica.

De pronto un día, al voltear a ver mi entorno, descubro viejas amigas que se casaron y se dedicaron a ser amas de casa. Algunas terminaron una carrera. Otras no. Pero las que tenían en común el haber abandonado la idea de trabajar y ser independientes, tenían en común también otra cosa: Estaban en una relación de pareja donde no eran (y no son de hecho) felices, pero no se separan, no se divorcian, porque no saben de qué van a vivir. No saben cómo pagarían un techo y surtirían su despensa si no les dan el dinero. No sabrían en qué trabajar. Y ni pensar en emprender, eso requiere mucho más valor y empoderamiento.

Entonces, el grupo de amigas que estamos en pareja, pero que trabajamos y seguimos siendo independientes, coincidimos en que nosotras, estamos con nuestras parejas porque así lo hemos decidido. Porque queremos. Porque nos da la gana.

No porque sea nuestra única opción para sobrevivir. Somos mujeres que no tenemos miedo ni a la viudez, ni a la separación, ni a la infidelidad. ¿Por qué? Porque tenemos el poder de valernos por nosotras mismas. Y entonces, me parece, que somos más felices que las otras. Ciertamente, ser independiente y sobre todo si eres emprendedora, requiere de ti un mayor esfuerzo cuando de hacer familia se trata. Y siempre te cuestionarás si lo estás haciendo bien. Pero el resultado, será siempre sin duda cien por ciento gratificante.

Ama, sí… Pero ámate antes lo suficiente como para desarrollar el potencial que hay en ti. Reconoce que la época de las abuelas ya terminó. Y que nada supera a poder pagarte tus propias cosas, e incluso (por qué no), ser tú quien le invite al cine alguna vez. Cuando eres fuerte, amas mejor. Pues tienes menos posibilidades de caer en la dependencia económica. Y para seleccionar a tu pareja, te guiarás por el corazón, no por su cartera y el estilo de vida que podría darte.

Pues valorarás una construcción en conjunto, aportando también tú parte. Elevarás tu autoestima, y ello mejorará tu sexualidad (créeme, el poder fuera de la cama da poder y placer dentro de la cama). La realización personal da felicidad. Y cuando somos felices, somos mejores parejas.

Les mando un fuerte abrazo. Recuerden buscarme en Facebook como: Eugenia Flo

Y para consultas privadas presenciales u online en Mazatlán y el resto del mundo, pueden solicitar cita al correo: eugeniasexologa@gmail.com

Y recuerda que ¡el mayor placer, te lo da el saber!