/ lunes 13 de enero de 2020

¡AH, LA MONARQUÍA!

En los prolegómenos (cosa que precede a otra) del siguiente carnaval internacional de Mazatlán 2020, salen a relucir, como de costumbre, infinidad de situaciones que ya se conocían o se habían vivido. Abordando el tema, un reportero escribe que nos encontramos próximos a la admiración de la monarquía carnavalera, de oropel. Las candidatas a reina y a princesa y al rey feo (ahora “de la alegría”). Claro que no se refiere a la “forma de gobierno en que la autoridad suprema es ejercida por una sola persona, generalmente con carácter vitalicio y hereditario”, sino más bien a todas las frivolidades (ligeras, veleidosas, insustanciales) derivadas del arraigo mental de la rancia realeza de la que nos sacudimos con la independencia de España. Alguien ha dicho que en el puerto se da una suerte de reinitis aguda. Al pobre Ferrusquilla, recién llegado aquí, terminaron por enfadarlo invitándolo un día sí y otro también a coronar, todos los años, a cientos de reinitas de jardines de niños, hasta que se negó, inventando cualquier pretexto.


Con o sin carnaval, ¿qué decir de las quinceañeras, que para debutar en sociedad, las hacen actuar como princesas reales, bailando un vals vienés en versión discográfica, cortejadas por un remedo de príncipes con un atuendo para la ocasión, con infaltables guantes blancos? Es simplemente una representación teatral, como las misas, dirán algunos. Para documentar nuestro optimismo, como diría Carlos Monsivais, en la década de los años 70 del siglo pasado, los ricos agricultores de riego de Culiacáncompraban un paquete de 15 años en Austria, que incluíala renta de un palacio real en Viena, donde, con dirección coreográfica contratada y orquesta acústica en vivo interpretando los valses de Johann Strauss, se escenificaba toda la ceremonia de la cumpleañera de las 15 primaveras tratada como princesapor una noche, bailando con jóvenes vieneses con certificación de ser descendientes de auténticas familias de noble abolengo austriaco y, por unos dólares más, contando con algún anciano de la noblezacon todo y atuendo haciendo compañía en la mesa de honor durante la ceremonia. El paquete incluía la entrega de la película filmada en los reales aposentos, misma que, de regreso a Culiacán,se exhibía a las amistades invitadas en una rumbosa piscinadaculichi, en la que se servíachilorio, birria y cerveza fría.


Hablando con objetividad, independientemente a la herencia sicológica de las masas que siguen soñando románticamente en la realeza como creer en dios, ahora que quieren volvernosa tender el petate del muerto contra el laicismo, bueno es recordar de dónde venimos y a dónde apuntaron nuestros héroes que iríamos, cuando los republicanos, en el siglo antepasado, le cerraronpatrióticamente el paso a los monarquistas, no de oropel carnavalero, que trajeron, también de Austria, al esperpento, este sí, de Maximiliano. Por cierto que, de última hora, se sabe del viaje de promoción turística que en estos días emprenderán las autoridades municipales mazatlecas a Madrid, España. Y aunque coincido absolutamente en que nuestras reinas de mentiritas son más hermosas que las reinas de a deveras españolas, ¿a qué exponerlas a que las hagan menos y al menosprecio de las de “sangre real”? ¿Porqué en vez de llevarlas como “reinas”, no las presentan como representantes de la belleza de la mujer sinaloense, así, a secas? ¡Ah, la monarquía!



En los prolegómenos (cosa que precede a otra) del siguiente carnaval internacional de Mazatlán 2020, salen a relucir, como de costumbre, infinidad de situaciones que ya se conocían o se habían vivido. Abordando el tema, un reportero escribe que nos encontramos próximos a la admiración de la monarquía carnavalera, de oropel. Las candidatas a reina y a princesa y al rey feo (ahora “de la alegría”). Claro que no se refiere a la “forma de gobierno en que la autoridad suprema es ejercida por una sola persona, generalmente con carácter vitalicio y hereditario”, sino más bien a todas las frivolidades (ligeras, veleidosas, insustanciales) derivadas del arraigo mental de la rancia realeza de la que nos sacudimos con la independencia de España. Alguien ha dicho que en el puerto se da una suerte de reinitis aguda. Al pobre Ferrusquilla, recién llegado aquí, terminaron por enfadarlo invitándolo un día sí y otro también a coronar, todos los años, a cientos de reinitas de jardines de niños, hasta que se negó, inventando cualquier pretexto.


Con o sin carnaval, ¿qué decir de las quinceañeras, que para debutar en sociedad, las hacen actuar como princesas reales, bailando un vals vienés en versión discográfica, cortejadas por un remedo de príncipes con un atuendo para la ocasión, con infaltables guantes blancos? Es simplemente una representación teatral, como las misas, dirán algunos. Para documentar nuestro optimismo, como diría Carlos Monsivais, en la década de los años 70 del siglo pasado, los ricos agricultores de riego de Culiacáncompraban un paquete de 15 años en Austria, que incluíala renta de un palacio real en Viena, donde, con dirección coreográfica contratada y orquesta acústica en vivo interpretando los valses de Johann Strauss, se escenificaba toda la ceremonia de la cumpleañera de las 15 primaveras tratada como princesapor una noche, bailando con jóvenes vieneses con certificación de ser descendientes de auténticas familias de noble abolengo austriaco y, por unos dólares más, contando con algún anciano de la noblezacon todo y atuendo haciendo compañía en la mesa de honor durante la ceremonia. El paquete incluía la entrega de la película filmada en los reales aposentos, misma que, de regreso a Culiacán,se exhibía a las amistades invitadas en una rumbosa piscinadaculichi, en la que se servíachilorio, birria y cerveza fría.


Hablando con objetividad, independientemente a la herencia sicológica de las masas que siguen soñando románticamente en la realeza como creer en dios, ahora que quieren volvernosa tender el petate del muerto contra el laicismo, bueno es recordar de dónde venimos y a dónde apuntaron nuestros héroes que iríamos, cuando los republicanos, en el siglo antepasado, le cerraronpatrióticamente el paso a los monarquistas, no de oropel carnavalero, que trajeron, también de Austria, al esperpento, este sí, de Maximiliano. Por cierto que, de última hora, se sabe del viaje de promoción turística que en estos días emprenderán las autoridades municipales mazatlecas a Madrid, España. Y aunque coincido absolutamente en que nuestras reinas de mentiritas son más hermosas que las reinas de a deveras españolas, ¿a qué exponerlas a que las hagan menos y al menosprecio de las de “sangre real”? ¿Porqué en vez de llevarlas como “reinas”, no las presentan como representantes de la belleza de la mujer sinaloense, así, a secas? ¡Ah, la monarquía!