/ miércoles 5 de junio de 2019

A Nanni Balestrini, el agitador cultural


¿Es posible que Mazatlán pueda ser y hacerse, (transformándose creativamente), en una ciudad donde lo artístico y lo sociocultural sean más que lo carnavalesco y lo turistero cultural, siempre y cuando, no se haga una apropiación comercial de lo intrínsecamente artístico sociocultural y gastronómico de lo marismeño-mazatleco?

Dentro y fuera de las funciones más artístico-comerciales que socioculturales, no creo que Marsol y playa y sí Zoila la que pueda darle una reorientación a la animación artística y sociocultural al instituto, a reserva de que no intervenga El Químico con su fatuidad de El Rey Memo carnavalero.

María Muñiz, la del barrio y el Dr. Arturo Santamaría, el de la Unesco, cuando no andan por allí en la plazuela Machado y en bicicleta en Es-cuina-pá, nuestra Monalisa-Mirla en bicicleta es más auténtica que la María y el Santamaría, que el Dr. Hernández Norzagaray y los Lonchos de los Alonso Enamorado de Guerra con la negación y la aprobación tontejas por las ferias del libro de El Químico, no ganándole en haber-a ver quién las puede con su Yate Club Morena.

Lo que siempre ha jodido a lo artístico sociocultural marismeño-mazatleco, han sido y son los egos-protagónicos de quienes se creen “los apasionados de la cultura”, sean los políticos, los empresarios y los funcionarios culturales en el “descorredor cultural del centro histórico” que es más El Viejo Mazatlán, donde se dan, como en macetas, “los promotores culturales”, andándose los Pedros y las Lolas como en su casa.

Lo que a unos les falta en cooperatividad a otros les sobra en institucionalidad, en una inexistente política cultural, valiéndose de sus capitales curriculares docto-culturales para influenciar pragmáticamente de una manera tara-intelectual conceptual, asumiéndose sin querer comprometerse estética, moral y socioculturalmente porque “una nueva ola de gente comprometida con la ciudad” está llegando a apropiarse y a depredar lo que no existe como ciudad, aunque la gastronomía está a la carta, al dente y al eructo para voraginar, tragar e invaginar para regurgitársela a los que vayan llegando a la joya de la corona porque Mazatlán está moda, pasada y remozada.

Lo distintivamente estético y sociocultural, en la mengambrea marismeña-mazatleca, es que lo popular y lo elitista son un mescolanza en el programa de mano y a la carta con la contundencia de que es lo único en el mundo lo que tiene y ofrece Mazatlán, porque es grandioso e histórico, no hallando qué hacer las palmeras en donde las plantaron porque ni sombra a ellas les toca, secándose al sol con arena y cemento hasta las raíces del desarraigo marino y solar porque dicen que la cultura es cultivar y poner a la vista de todo el mundo lo que está jodido y podrido de raíz cultural y mal cultivar el arte y la cultura marismeña-mazatleca.

Una ciudad creativa como Mazatlán no es más que la gastronomía -apropiada- por los promotores ante la Unesco y para ellos con la certificación de que El Me(n)són de los Laureanos es el ejemplo doctoral de aquello que se cocina, se sirve y se traga y lo que sobra se tira en un recodo del río Quelite o que en los restaurantes marismeños-mazatlecos te dan ceviche de zanahoria no habiendo sierra más que subiendo de la costa por el único puente Baluarte, atirantado y atontado, con tostadas a lo Malova, así como tener que aguantar los del Barrio Corazón -la sentada- en homenaje a Amado Nervo con El Rey Memo como ceviche de todos los moles con salsa de ajo.

El lloriqueo de El Rey Memo por las críticas a su administración municipal es querer hacer pasar por el pañuelo el sudor de su frente, arrogante y fatua, lo que como persona moral y sensible le hace falta, cuando lo que necesita es ponerse el paliacate del pueblo, y no, la nariz roja del payaso carnavalesco.


¿Es posible que Mazatlán pueda ser y hacerse, (transformándose creativamente), en una ciudad donde lo artístico y lo sociocultural sean más que lo carnavalesco y lo turistero cultural, siempre y cuando, no se haga una apropiación comercial de lo intrínsecamente artístico sociocultural y gastronómico de lo marismeño-mazatleco?

Dentro y fuera de las funciones más artístico-comerciales que socioculturales, no creo que Marsol y playa y sí Zoila la que pueda darle una reorientación a la animación artística y sociocultural al instituto, a reserva de que no intervenga El Químico con su fatuidad de El Rey Memo carnavalero.

María Muñiz, la del barrio y el Dr. Arturo Santamaría, el de la Unesco, cuando no andan por allí en la plazuela Machado y en bicicleta en Es-cuina-pá, nuestra Monalisa-Mirla en bicicleta es más auténtica que la María y el Santamaría, que el Dr. Hernández Norzagaray y los Lonchos de los Alonso Enamorado de Guerra con la negación y la aprobación tontejas por las ferias del libro de El Químico, no ganándole en haber-a ver quién las puede con su Yate Club Morena.

Lo que siempre ha jodido a lo artístico sociocultural marismeño-mazatleco, han sido y son los egos-protagónicos de quienes se creen “los apasionados de la cultura”, sean los políticos, los empresarios y los funcionarios culturales en el “descorredor cultural del centro histórico” que es más El Viejo Mazatlán, donde se dan, como en macetas, “los promotores culturales”, andándose los Pedros y las Lolas como en su casa.

Lo que a unos les falta en cooperatividad a otros les sobra en institucionalidad, en una inexistente política cultural, valiéndose de sus capitales curriculares docto-culturales para influenciar pragmáticamente de una manera tara-intelectual conceptual, asumiéndose sin querer comprometerse estética, moral y socioculturalmente porque “una nueva ola de gente comprometida con la ciudad” está llegando a apropiarse y a depredar lo que no existe como ciudad, aunque la gastronomía está a la carta, al dente y al eructo para voraginar, tragar e invaginar para regurgitársela a los que vayan llegando a la joya de la corona porque Mazatlán está moda, pasada y remozada.

Lo distintivamente estético y sociocultural, en la mengambrea marismeña-mazatleca, es que lo popular y lo elitista son un mescolanza en el programa de mano y a la carta con la contundencia de que es lo único en el mundo lo que tiene y ofrece Mazatlán, porque es grandioso e histórico, no hallando qué hacer las palmeras en donde las plantaron porque ni sombra a ellas les toca, secándose al sol con arena y cemento hasta las raíces del desarraigo marino y solar porque dicen que la cultura es cultivar y poner a la vista de todo el mundo lo que está jodido y podrido de raíz cultural y mal cultivar el arte y la cultura marismeña-mazatleca.

Una ciudad creativa como Mazatlán no es más que la gastronomía -apropiada- por los promotores ante la Unesco y para ellos con la certificación de que El Me(n)són de los Laureanos es el ejemplo doctoral de aquello que se cocina, se sirve y se traga y lo que sobra se tira en un recodo del río Quelite o que en los restaurantes marismeños-mazatlecos te dan ceviche de zanahoria no habiendo sierra más que subiendo de la costa por el único puente Baluarte, atirantado y atontado, con tostadas a lo Malova, así como tener que aguantar los del Barrio Corazón -la sentada- en homenaje a Amado Nervo con El Rey Memo como ceviche de todos los moles con salsa de ajo.

El lloriqueo de El Rey Memo por las críticas a su administración municipal es querer hacer pasar por el pañuelo el sudor de su frente, arrogante y fatua, lo que como persona moral y sensible le hace falta, cuando lo que necesita es ponerse el paliacate del pueblo, y no, la nariz roja del payaso carnavalesco.